Liturgia de funerales en el sepulcro de Martín Rodríguez

NORBERTO
La escultura funeraria de la Catedral de León ha sido acreedora de numerosos estudios, entre ellos los llevados a cabo por la que esto suscribe. Ya desde los lejanos años sesenta, recién finalizada la licenciatura me he sentido atraída por el arte funerario leonés (1971). En el doctorado amplié las investigaciones a la escultura monumental gótica, que tan gratificantes me han resultado. La feliz circunstancia de haberse agotado el volumen Escultura gótica en León (León, 1976), supuso un reto para mí, al retomar la obra con la exigencia ante mí misma de revisar sustancialmente lo publicado más de veinte años atrás. Ello dio como resultado la edición por parte del instituto leonés de Cultura del volumen titulado Escultura gótica en León y provincia 1230-1530 (León, 1998). Abordado de nuevo el denso capítulo de los monumentos sepulcrales de varios prelados en el ámbito del panteón episcopal, no quedaron resueltos todos los interrogantes al respecto. Rocío Sánchez Ameijeiras ha dedicado al tema, entre otros estudios, el titulado «Monumenta and Memoria. The XIIIth Century Episcopal Pantheon of Leon Catedral», Memory of the Medieval Tomb (Cambridge, 2000, pp. 269-300). Un nuevo trabajo de mi buen amigo César García Álvarez, El laberinto del alma. Una interpretación de las enjutas de las capillas absidales de la Catedral de León (León, 2003) se ha sumado aunque la escultura funeraria se aborda en relación con la temática planteada. Menciono este extremo por lo que voy a comentar referente al sepulcro de D. Martín Rodríguez (+ 1242), ubicado en el muro izquierdo del extremo norte del crucero. Dejando aparte las enjutas y su profunda significación, sabiamente analizada por el autor reseñado, deseo llamar la atención sobre algunos aspectos referentes a los ángeles, que no quedaron esclarecidos. Los ángeles desempeñan funciones de servicio, por así decirlo, en el tránsito de las almas desde el óbito del personaje hasta el día del Juicio Final. Sostienen candelabros, leen libros y conducen el alma del difunto al paraíso, todo lo cual se precisa en el sepulcro del prelado en cinco ángeles diseminados en el arco del lucillo. La clave está ocupada por un serafín -seis alas-, el de mayor dignidad en la jerarquía de los nueve Coros Angélicos del Pseudo Dionisio, portador del liber vitae, del que lee las páginas de la vida del difunto. A su lado se sitúa otro ángel lector, pero lector de un libro litúrgico utilizado en las exequias. Convierto en aseveración la que C. García estima posibilidad. Baso mi aserto en la ampolla que porta el siguiente ángel, objeto contemplado en el Liber Ordinum Episcopal, de cuyo códice del Monasterio de Silos (Cod. Silos, Arch. Monástico, 4, Abadía de Silos, 1991, fols. 102-104v, pp. 141-3) entresaco la referencia concreta, que se inscribe en el proceso de amortajamiento del prelado difunto, titulado Ordo obseruandus in functione episcopi . Después de lavado el cuerpo, es vestido con la túnica, medias [ femoralia ] y polainas [ pedules ], el capelo [ capello ] y el sudario. A continuación es revestido de los ornamentos de su jerarquía, alba y el pañuelo [orarium] por la cerviz y ante el pecho, de acuerdo como se suele vestir para la celebración de la misa. Se le coloca una ampolla en la mano: In manu quoque ei ampulla ponitur , y finalmente la casulla, y se le sujetan los pies con un cordón. El Ordo identifica el objeto prismático que sostiene el siguiente ángel con el evangelio: Deinde lebatur corpus eius a diaconibus cum illo euangelio supra eius pectore posito. No se trata, pues, de una piedra, que ha sido puesta en relación con el texto paulino de la Epístola a los Efesios (2, 19-229, alusiva al obispo como piedra fundamental de la Iglesia. A continuación es conducido al sepulcro, con cirios, entre cantos y rezo de antífonas y responsos. Sigue la celebración de la misa y la incensación del sepulcro. Finalmente, «se le quita el evangelio del pecho y los diáconos colocan el cadáver en el sepulcro mientras cantan la antífona: En el seno de tu amigo Abraham» [ Tollitur euangelium de pectore eius et deponitur corpus a diaconibus in sepulcrum cantantibus antiphonam hanc: In sinu abrae amici tui ]. A continuación es incensado el cadáver, y abriéndole la boca, se le coloca el crisma, diciendo: «Este sacramento de piedad te haga partícipe de todos los santos» [ Hoc pietatis sacramentum sit tibi in participatione omnium beatorum ]. La ceremonia finaliza con la bendición del difunto e intercesión por su eterno descanso. Así pues, los objetos relacionados con la celebración de las exequias trascienden la liturgia de la Iglesia para penetrar en la definitiva morada celeste, razón por la cual se ponen en manos de ángeles. El sepulcro de D. Martín Rodríguez, el Zamorano , es un precioso monumento, cuya originalidad iconográfica, litúrgica y conforman la más singular manifestación de la fe del prelado en piedra.