Diario de León

Citroën C4, vanguardista capricho tecnológico

Innovación tecnológica, estética vanguardista y excelente comportamiento dinámico. Citroën lanza un órdago con el sustituto del Xsara. El C4 se convierte en una de las propuestas más atractivas de los últimos años. Su contenida tarifa arranca e

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JAVIER FERNÁNDEZ | texto
León

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Tal parece que el cehvron haya querido volver a sus orígenes, si por tal se entiende la búsqueda -se diría obsesiva - de unos comportamientos ruteros y una calidad productivo-tecnológica pocas veces vista en el segmento de los polivalentes. Un escalón en el que, no es ningún secreto, se vienen librando las más enconadas batallas comerciales, donde nadie regala nada y donde, cada día más, los coches se acercan a sus congéneres de escalonen inmediatamente superiores. Con estos planteamientos y la tampoco nada fácil tarea de sustituir a un superventas como el Xsara (medio millón de unidades vendidas en España de los 2,5 millones totales) el C4 irrumpe en el panorama automovilístico con sobrados argumentos, su amplísima gama entre otros, como para ponerles las cosas nada fáciles a sus enemigos naturales (Opel Astra, VW Golf, Renault Mégane... incluso su primo-hermano Peugeot 307 del que, por cierto, toma la plataforma) y no sólo por su contenida tarifa de precios. Lo primero que convendría puntar es que, a diferencia de sus rivales más directos, el C4 da un giro copernicano en cuanto a imagen: nada que ver con las formas del Xsara. El C4 inaugura nuevos trazos en los planteamientos estéticos de su fabricante. No sólo adquiere un innegable aire de familia con las más reciente realizaciones de Citroën por, entre otras cosas, el chevron enseñoreándose, y hasta desplegándose, en una perfilado frontal cuyos faros se adentran «descaradamente» hacia la zona alta e las aletas delanteras, sino por o perfilado de la línea general del coche, sobre todo en la versión de tres puertas (Citroën la llama Coupé), tan drástica como cañera ... sin estridencias, eso también, tal como ya se pusiera de manifiesto -salvando todas las distancias que se quiera- con el C2. Incluso la carrocería de cinco puertas, un poco más conservadora, ofrece también la imagen de un coche «mayor», con una zaga en la que, como en el Coupé, los grupos ópticos son los protagonistas de un diseño en el que prima la estética; también la efectividad aerodinámica (Cx de 0,28 para el Coupé y 0,29 para el 5 puertas) y, desde luego, la capacidad y confortabilidad de un habitáculo en el que la disposición de los mandos y la calidad de los materiales nos hablan, bien a las claras, de «otra era en Citroën». El volante es el gran protagonista de la realización interior en el C4: aro «insolidario» con el núcleo central del conjunto. Ahí está la clave. El aro, de agradable tacto y buen grosor, se mueve «solo», mientras alrededor de la (casi) media circunferencia del núcleo fijo se alojan la mayoría de funciones a disposición del conductor. Cuatro bloques multifuncionales para el equipo de sonido, el programador/limitador de velocidad, los mandos vocales y de recirculación de aire; bloques que se manejan con cuatro teclas y una ruedecilla, un sistema tan práctico como fácil de utilizar. Sólo una pequeña semicircunferencia inferior bajo el airbag, destinada al claxon, puede parecer la menos accesible... hasta que el conductor toma un mínimo contacto con su nuevo coche. Será entonces, sólo unos kilómetros de adaptación, cuando se aperciba de que es perfectamente posible actuar sobre todos los mandos, claxon incluido, sin -prácticamente- soltar las manos del aro del volante. Es, en definitiva, el volante multifunción llevado a una de sus máximas expresiones en un modelo de gran serie que, además, no carga las tintas en el desembolso económico. Eso sí, a la izquierda del salpicadero, se conservan algunas teclas convencionales: control de estabilidad ESP, sensores de aparcamiento y alerta de cambio involuntario de carril. Es verdad que se ha perdido algo de capacidad de maletero con respecto a la que ofrecía su antecesor Xsara, sólo una decena de litros, nada determinantes si se tienen en cuentan los demás avances, incluido un completo equipamiento de serie -no digamos ya los opcionales- en todas las versiones de la gama C4. El apartado dinámico es otra de las grandes bazas de nuestro protagonista. El C4 se beneficia de las sinergias del Grupo PSA en la adopción de la plataforma del Peugeot 307, solución ya bien contrastada en el primo-hermano y que confiere al nuevo chevron unas excelentes condiciones ruteras. El C4 resulta ser un coche homogéneo y fácil de conducir, aplomado en curva (mucho más que el Xsara) e incapaz de poner en aprietos a su conductor. Por mucho que uno intente confundirle con frenadas en curva o cambios bruscos de presión sobre el pedal del acelerador, el C4 mantendrá las trayectorias en su sitio y con total autoridad. En el capítulo mecánico, Citroën no se ha parado en barras. La gama del C4 enfatiza sobre la potencia y se estructura en torno a cuatro propuestas de gasolina y tres gasóleos, todos tetracilíndricas y todas multiválvulas, unidas a cajas para todos los gustos: 5 y 6 manuales y 5 automática. El escalonamiento de gasolina comienza con un pequeño 1.4i (92 CV), continúa con el 1.6i (110 CV), sigue con el 2.0i (138 CV) y se corona con un auténtico «bombazo»: el 2.0i de 180 caballos que, curiosa e incomprensiblemente y por «razones meramente comerciales» aducen los técnicos de la marca, no monta la caja manual de 6 velocidades y se «conforma» -que remedio- con una de cinco marchas (¿). Como cabe suponer en cualesquiera de los productos firmados por PSA, los gasóleos están especialmente cuidados: 1.6HDI de 110 caballos y 2.0HDI de 138, este sí, al que cabe el honor de montar la caja de 6 marchas; un 1.6HDI de 92 caballos redondea un conjunto diesel cuyas alternativas, se supone, serán las que se lleven el gato al agua (80%) en cuanto a preferencias de los compradores. Ese mismo 80% será también el porcentaje de preferencia en cuanto a la carrocería de 5 puertas frente al Coupé. En suma, un evidente salto generacional respecto al Xsara, perfectamente constatable en un C4 que sitúa a Citroën bastantes enteros por encima de lo que la marca haya podido ofrecer en épocas pretéritas: por estética y calidad general de la realización. ¿Será un aviso de lo que nos espera con el próximo C6? ¿Un ensayo general para el que ya se postula cómo el « Tiburón del siglo XXI»? Es probable, incluso posible... y hasta seguro.

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