A Pilar, que está de excursión en Babia
Pilar se ha ido antes de tiempo, mucho antes del tiempo que le habría tocado, aunque su vitalidad le permitió hacer todo lo que siempre quiso

RAMIRO
Pilar acababa de iniciar su pulso contra la muerte. Hace ahora casi seis años de eso. Fue de repente. Ese día, Marili se desvaneció y al despertar, después de luchar durante horas, supo que tendría que dedicarse durante un tiempo a volver a ser la misma de antes, a rehacer el interior que la plaga le había carcomido. Con ella se hace más real que con nadie esa frase médica tan cierta -no hay enfermedades, hay enfermos-. Pilar nunca fue una enferma. Después de un año dedicada a fulminar el cáncer que le minaba el cuerpo volvió a la redacción -como tantas veces haría después- y su alma estaba más presente que nunca en su semblante. Estaba más delgada, mucho más, tanto que creímos que ya no sería posible que su cuerpo se hiciera más breve. Al tiempo que su vida se iba estrechando, su afán por devorarla crecía. Su voluntad era demasiado grande como para que algo tan mediocre como el miedo o el dolor pudieran detener el empuje con el que emprendía cada día su vida. Porque para Pilar, esa vida estaba hecha de los grandes retos que iba superando y, sobre todo, de los pequeños -aunque sublimes- placeres con los que aliviaba su tormento. Era una gran erudita. Sabía mucho y lo demostraba poco. Era una gran persona. Se enfadaba mucho y, después, lo sentía tanto... tenía siempre el corazón preparado. Sabía que con éste pasaba como con la información -no lo pierdes cuando lo das-. Se había comprado un vestido nuevo para celebrar la Navidad con sus amigos, un vestido que, seguro, se mostraría tímido ante la luz con la que sus ojos solían inflamar todas las conversaciones. Tanta pasión, tanto entusiasmo, tanta vida... los hombre mueren a pesar suyo, a pesar de sus decorados. Se les dice... Cuando estés sano... y mueren... No sé, puede que Pilar nos sorprenda una vez más y vuelva a la redacción. De momento, quiero pensar que está en Babia, esa tierra mítica pero real desde la que escribía su aldabonazos. Tal vez con el deshielo.