Otros usos, otros habitantes

En una reciente investigación se han analizado los cambios ecológicos producidos en las aves y especies vegetales de los agrosistemas tradicionales de secano como consecuencia del abandono de las labores agrarias

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S. SEOANE | texto
León

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Los cambios que han tenido lugar durante las últimas décadas en los patrones de usos de las tierras son el resultado de complejas interacciones físicas, biológicas y sociales que han afectado a numerosos procesos ecológicos. Las políticas agrícolas y las regulaciones de los mercados son algunos de los factores causantes de la dinámica de los paisajes agrícolas europeos, afectados por dos tendencias opuestas: la intensificación y el abandono de las tierras de cultivo, que han provocado profundas transformaciones en los paisajes y cuyas consecuencias ecológicas deben evaluarse a diferentes escalas. En las provincias de nuestra comunidad los usos del suelo han variado siguiendo estas tendencias. Para determinar la incidencia del abandono de las tierras de cultivo, se analizaron los cambios producidos en la estructura del paisaje a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y en la biodiversidad que en él se desarrolla en el municipio leonés de Chozas de Abajo. Para ello, se realizó un análisis diacrónico de la evolución de los tipos de ocupación del suelo a partir una serie temporal de fotografías aéreas, definiéndose un gradiente sucesional en las tierras abandonadas con el objeto de conocer las consecuencias de los cambios causados en la vegetación a diferentes escalas temporales (sucesional y estacional) sobre la avifauna. De las herbáceas al matorral En la investigación, realizada por Susana Suárez, del Área de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad de León, se observó una fuerte dependencia de los patrones paisajísticos de la escala temporal. Al comienzo del período de estudio, en los años 50, el paisaje estaba dominado por explotaciones agrícolas tradicionales de secano (viñas y cereales en parcelas muy pequeñas, dispersas y de rentabilidad muy baja) y de regadío por pozos. Durante los años 70, tuvo lugar una intensificación de la producción asociada a la concentración parcelaria y una puesta en regadío por canales, lo que provocó un declive del secano tradicional. La densidad de población aumentó un poco, para volver a disminuir en los años 80-90, coincidiendo con un abandono de tierras potenciado por la PAC, que favorece a las explotaciones más rentables frente a las más pequeñas y marginales. El abandono de un porcentaje de tierras de cultivo puede tener efectos ambientales positivos si se controlan los negativos como el riesgo de incendio y erosión. Las investigaciones realizadas permiten afirmar que ese abandono favorece a ciertos grupos de especies, especialmente en los estadios más tempranos de la sucesión. En estas primeras etapas se observó un mayor número de especies vegetales que en los medios cultivados, riqueza que disminuyó hacia las etapas forestales. La sucesión temprana se caracteriza por una explosión de especies ruderales, seguidas por otras plantas anuales y perennes de corta duración. El establecimiento de herbáceas perennes coincide con la extinción de las ruderales, aunque durante un tiempo pueden coexistir, generando una diversidad muy alta. Con el paso del tiempo aumentan las herbáceas perennes y las leñosas comenzando a desarrollarse estas últimas cuatro o cinco años después del abandono de las labores agrícolas. Las primeras leñosas que aparecen son tomillo y lavanda. A partir de los 20 años, en que ya hay una comunidad de matorral bien asentada, disminuye la variedad de flora.

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