Patrimonio leonés, por los suelos
Decenas de monumentos de toda la provincia están amenazados de muerte si no reciben ayuda urgente. A pesar de que la Junta destinó el año pasado 6,4 millones de euros para el patrimonio leonés, la cifra sigue siendo insuficiente
RAMIRO
glesias, ermitas, monasterios, palacios, yacimientos arqueológicos y paleontológicos y un amplio abanico de edificaciones de la llamada arquitectura tradicional y, por lo tanto, exclusiva de la provincia. Los Ancares y La Cabrera son dos buenos ejemplos. Los antiguos palomares redondos con techumbre de pizarra, las casas con corredores y originales chimeneas, los pajares con la indiscutible impronta astur, las iglesias de singulares espadañas, las pallozas, las balconadas, los hórreos, los hornos... en muchos pueblos ya sólo quedan escombros; testigos incómodos que recuerdan lo que hemos perdido. También la ausencia de directrices que exigieran la conservación de esa arquitectura que constituye las señas de identidad de la provincia ha favorecido el surgimiento de construcciones que atentaban contra todas las leyes; y, en primer lugar, las del buen gusto. Modernizar ha sido sinónimo, en muchos casos, de aniquilamiento. La pizarra, material básico de muchas comarcas, se sustituyó por la uralita; y la piedra, por el azulejo o el cemento. Economizar ha sido la excusa, así como la escasez de artesanos capaces de, por ejemplo, teitar al modo tradicional. La Diputación acaba de anunciar la puesta en marcha de un plan contra el feísmo arquitectónico de toda la provincia. La ida es redactar unas normas básicas sobre la arquitectura popular e imponer unas pautas en las nuevas edificaciones y a la hora de llevar a cabo restauraciones en las antiguas. Hasta la fecha, la mayoría de las iniciativas en pro del patrimonio tanto tradicional como monumental ha recaído en un «puñado» de ciudadanos anónimos, convertidos, por la fuerza de los acontecimientos, en los nuevos mecenas. Prueba de ello es que sin el tesón de la historiadora Concha Casado Lobato la destrucción de muchas localidades de La Cabrera habría sido irreversible. Ella ha sido una de las principales impulsoras de la asociación para la protección de La Cabrera. Los socios pagan una cuota que destinan a salvar la herencia cultural de la zona. Al menos otras tres asociaciones, Promonumenta, Salvemos la Catedral y Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio de la Ciudad de León, luchan por preservar un rico legado que, sin su intervención, habría corrido un penoso destino. Manos a la obra Además de sus campañas de denuncia y de la labor de vigilancia que llevan a cabo sobre el Patrimonio más amenazado, han tenido que ponerse manos a la obra. Promonumenta es, sin duda, la más activa. Mensualmente moviliza a sus socios en trabajos que van desde la limpieza de monumentos a pequeñas intervenciones. Promonumenta comenzaba su andadura limpiando el monasterio de Sandoval, un edificio del siglo XII sobre el que se había cernido el olvido y la maleza. Cuentan entre sus miembros con expertos en arquitectura y arqueología y actúan siguiendo un plan de trabajo y previa autorización de la Consejería de Cultura y de los eventuales propietarios. Con seguridad, el monasterio de Sandoval hoy sería sólo una imagen de archivo o un montón de escombros sin su oportuna intervención. Sacrificando los domingos y algunos veranos, el trabajo de los socios de Promonumenta ha sido providencial en las ruinas de los monasterios benedictinos de San Pedro de Montes de Valdueza y en Santa Olaja de Eslonza, en el entorno de las murallas medievales de Mansilla de las Mulas, en el Puente de Cobrana (Congosto), en el palacio de Grajal de Campos, en el castillo de Alija del Infantado, en la plaza romana de Astorga y sus termas... La lista es larguísima. A pico y pala Los socios de Promonumenta también tuvieron que armarse de pico y pala, con los preceptivos permisos, para liberar de maleza las piedras milenarias de la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera, única en el mundo. Declarada monumento nacional en 1979, Bien de Interés Cultural (BIC) en el 2000 y zona arqueológica, no ha contado con inversiones que evitaran su paulatina degradación. A excepción de una valla protectora que rodea el recinto, nada más se ha hecho por un monumento de excepcional valor. A Agustín Suárez, presidente de Promonumenta, le parece «sangrante» que la iglesia de San Pablo de Valladolid reciba de la Junta una subvención de cuatro millones de euros «porque la increíble fachada de Simón de Colonia tiene goteras». «¿Y qué pasa en la Catedral de León cuando llueve?, se pregunta». El templo gótico leonés ha estado épocas sin percibir un solo euro y, finalmente, ha conseguido 300.000 euros para dos años; básicamente para la restauración de vidrieras. Teniendo en cuenta el «olvido» que padece la Pulchra, a pesar de que varios de los expertos que participaron hace dos años en el Congreso Internacional sobre la Catedral de León reclamaron intervenciones urgentes, especialmente en la denominada silla de la Limona, no es de extrañar que decenas de iglesias en todo el territorio provincial se desmoronen. Tras cinco días escrutando la historia de la Catedral, los citados congresistas quisieron hacer un pronunciamiento sobre el estado del templo y sus deficiencias. Fueron claros y contundentes. Suscribieron un manifiesto exigiendo a las autoridades mayor atención para la Catedral, una intervención en la zona norte -la que corre mayor peligro-, así como un aumento en las aportaciones destinadas a las vidrieras. Además, pidieron la creación, con carácter permanente, de un Centro de Estudios Góticos en León. Según un estudio de la Fundación Caja Madrid, que maneja datos del año 2001, Castilla y León es la tercera comunidad que más destinó a Patrimonio -tras Andalucía y Valencia-. Sin embargo, pese a este esfuerzo inversor ninguna otra comunidad es comparable en número de edificios históricos. Sin una intervención, en muchos casos de urgencia, León podría perder definitivamente los monumentos que dan fe de su rico pasado.