Aslemosaintegraa LandRover y Rover en Automoción Leonés
El histórico concesionario leonés de MG Rover, Aslemosa, ha iniciado una nueva andadura comercial de la mano del grupo Automoción Leonés Talleres La Serna, en cuya estructura se encuadra un amplio abanico de marcas, además de MG Rover: Porsche,
Desde 1982 lleva instalado Aslemosa en la provincia leonesa. Más de dos décadas vendiendo los productos de la británica Rover (MG y Land Rover) que han traído como consecuencia que Aslemosa resulte ser una de las concesiones con mayor enjundia en nuestra capital y provincia. Ahora, orbitando en el importante grupo de concesionarios que mantiene «La Serna» en León, Asturias y Madrid, es fácil suponer la potenciación de Rover y MG en un mercado cada día en alza. Una de las más significativas novedades de esta temporada se centra en las renovadas propuestas de MG, la variante deportiva de Rover, que cumple este año su ochenta aniversario, y cuya gama se declina en modelos diesel de última generación: ZR, ZS, ZT y ZT-T. Vehículos de clara inspiración deportiva, tanto en lo visual como en lo técnico (los aditamentos aerodinámicos y los generosos equipos de rodaje son algunas de sus claves) y cuyo escalón de acceso, el ZR, fue el modelo de la marca más vendido en 2004, superando por primera vez en ventas a cualquier modelo Rover desde que en 2001 se iniciara la expansión de la marca británica en nuestro país. Un pequeño deportivo a precio razonable. Sin estridencias pero con una marcada personalidad, el ZR (carrocería tres puertas) ha recibido ligeros retoques estéticos, al más puro estilo racing , que le vienen de maravilla al pequeño de la saga: agresivo paragolpes frontal, alerón trasero rematando la luneta y asientos baquet en un interior presidido por un cuadro con relojes de fondo blanco y sugestivo volante de tres radios, capaz de guiar una dirección por debajo de las tres vueltas entre topes. Para que nada falte en la puesta en escena, el tetracilíndrico turbodiesel de rampa común (115 CV) supera ligeramente la decena de segundo en aceleración de cero a cien y lleva su punta hasta los 187 por hora. Lo mejor, una rumorosidad -se diría musicalidad - digna de todo un deportivo de raza. Ya saben, no sólo hay que serlo... también parecerlo. El atractivo ZS El ZS, con carrocería de cuatro huecos y el mismo turbodiesel de dos litros rebajado en un par de caballos, se convierte en una apuesta de berlina familiar deportiva; clásica en los catálogos de MG y que, dicho sea de paso, supera con autoridad estética el paso del tiempo. Además de la puramente prestacional, su mejor baza hay que buscarla en un maletero «panorámico»: 470 litros, que pueden llegar hasta los 930 si se abaten los respaldos de los asientos traseros. Con un comportamiento rutero más aplomado, menos drástico, que su hermano pequeño ZR, el ZS mantiene muchas de las premisas técnicas de aquel (dirección rápida, paso por curva...) y su equipamiento de serie ofrece elementos como el doble airbag frontal (conductor y pasajero), climatizador (el ZR lleva aire acondicionado), frenos con ABS y distribuidor electrónico de la frenada y un interiorismo con acabados de mayor calidad. Eso sí, el accionamiento de los elevalunas se convierte en todo un ejercicio de contorsionismo (uno en la ventanilla del conductor y los tres restantes junto a la palanca del freno de mano). El sugestivo ZT Dos banderas, la tricolor de la Union Jack y una sugestiva ajedrezada, ponen en antecedentes... 131 «gasóleos» para la versión turbodiesel más deportiva en los catálogos de MG. Los quince caballos suplementarios con los que ahora se cuenta en multiválvulas turbodiesel common rail (de 116 a 131) se ponen claramente de manifiesto en una «caja» cuya romana supera con mucho la tonelada y media (1.620 kilos) y su longitud alcanza los 4,75 metros. Sobre la base estructural del Rover 75, el MG ZT se presenta «vestido de carreras» y acaba por convertirse en expresión filosófica «competición-cliente» (muy al gusto brittish ) con evidentes toques de lujosa confortabilidad: asientos tipo baquet tapizados en combinación piel/textil, diseño en el conjunto de elevalunas (ahora sí, bien accesibles en la puerta), salpicadero y consola de redondeadas formas ergonómicas y el «imprescindible» volante de tres radios en cuero, regulable en altura y profundidad y con los mandos de audio y control automático de velocidad. Un «potente» escudo MG preside su núcleo central. Para que nada falte, climatizador bizonal y mandos para la cortinilla trasera y desactivación del control de tracción y velocidad de crucero. Lástima que el fabricante no se haya decidido por una caja de seis marchas en lugar de la manual de cinco. El polivalente ZT-T Tourer (de ahí la T) es la denominación que MG reserva para sus carrocerías familiares (break, ya saben) que, en el caso que nos ocupa, mide sólo 50 milímetros más que su homólogo ZT, aunque la capacidad de carga en la zona del maletero sube hasta los 1.222 litros... con los respaldos traseros abatidos. La superficie de carga, totalmente plana, esconde en su fondo la -siempre controvertida- rueda de repuesto de emergencia, lo mismo que sucede en toda la gama MG. Como en buena parte de las realizaciones familiares de última hornada, el portón del ZT-T puede abrirse por partes: sólo la luneta o todo el conjunto (eléctricamente), lo que propicia una evidente practicidad a la hora de estibar objetos de la más variadas medidas. Una bandeja retráctil, en material textil, permite guardar de la vista la zona de maletero. Los mismos 131 caballos e idénticas relaciones de cambio, permiten al Tourer, aún con sus 50 kilos suplementarios, mantener las prestaciones de la berlina; así como el comportamiento dinámico de una carrocería que prácticamente no acusa, en sus «maneras», el incremento de voladizo trasero.