Cuando Burgos y Soria tenían clima tropical
La proliferación de yacimientos de huellas de dinosaurios en torno a la Cuenca de Cameros demuestra que la zona fue, hace 140 millones de años, un hábitat ideal para los dinosaurios, con una temperatura media de 25 grados

RUBÉN CACHO
Aunque parezca increíble, hubo una época en la que la actual comarca de Tierras Altas de Soria y la de Salas de los Infantes de Burgos gozaban de una temperatura de 25 grados durante todo el año, se encontraban al nivel del mar y se nutrían de una vegetación tropical rodeada de abundante agua. No existía la Sierra de Urbión ni ninguna de las montañas que rodean la zona, por lo que, en torno a la llamada Cuenca de Cameros, una gran llanura fluvial de 8.000 kilómetros cuadrados entre Castilla y León y La Rioja, habitaron durante algunos millones de años los dinosaurios. Este paraíso tiene una antigüedad de entre 114 y 140 millones de años en la vertiente castellana y leonesa, pero es algo más moderno en la parte riojana. Salpicados por toda esta extensión, fueron apareciendo, desde principios del siglo XX, multitud de yacimientos de icnitas o huellas que demuestran la existencia de diversas especies de dinosaurios, algunas de las cuales sirven hoy de reclamo para el turista a través de réplicas ubicadas en las cercanías de los yacimientos. El director del Museo Arqueológico Paleontológico de Salas de los Infantes (Burgos), Fidel Torcida, señala que en esta Cuenca de Cameros «afloran sedimentos de la Era Mesozoica, en la que vivieron los dinosaurios y dejaron las marcas de sus pisadas. La erosión hizo posible que aparezcan en la superficie las rocas que contienen, fosilizados, los rastros de su paso o los restos de sus osamentas. De hecho, Burgos es más rico en huesos fosilizados que en huellas de dinosaurios», explica. La razón de que esta zona sea tan rica en icnitas se debe a la existencia de un contexto sedimentario adecuado formado por un sustrato que tiene una capa de materiales de grano fino y de gran plasticidad para registrar nítidamente la impresión de la huella, junto a la imprescindible humedad. Junto a esto, es indispensable que el material que se deposite sobre ella sea de diferente naturaleza, lo que provoca icnitas cóncavas (molde) y convexas. Todos estos indicios permiten adivinar el tipo de dinosaurios que vivieron en Castilla y León, su tamaño, su velocidad y también cómo se alimentaban. Para Sergio Rasal, uno de los geólogos de la empresa Paleoymás, responsable de la conservación de los yacimientos de Soria, la paleontología es «como un puzzle donde van apareciendo algunas piezas y las vas sumando, pero nunca las tienes todas y los huecos que faltan los tienes que rellenar con imaginación». Necesaria protección El principal problema de los yacimientos de icnitas es su fragilidad en dos sentidos. Por una parte, porque pueden ser objeto de vandalismo y robos, y por otra, «porque durante millones de años estuvieron cubiertos y al excavarlos y dejarlos a la intemperie sufren de golpe toda la erosión y las incidencias de la climatología», explica Sergio Rasal. Por eso, el representante de esta empresa de conservación, que se encarga desde el año pasado de los yacimientos sorianos, pide más presupuesto para proteger la comarca de Tierras Altas. La conservación de las huellas se realiza, fundamentalmente, cubriendo las grietas en la roca con una resina especial, que impide que el hielo y la nieve -los principales enemigos de los yacimientos- destruya las icnitas. Pero esto, en muchos casos, no es suficiente, por lo que sería conveniente, según el geólogo, cubrir los yacimientos con una mampara que actualmente sólo tiene el de Salgar de Sillas, en el municipio de Los Campos. En total, en Soria existen unos 60 yacimientos dados de alta, de los que sólo 14 están adecuados. En Burgos, las zonas donde han aparecido huellas o huesos de dinosaurios son muchas más, alrededor de 600, según cálculos del Museo Arqueológico de Salas de los Infantes. Uno de los más valiosos, el de Costalomo, ubicado en este municipio burgalés, se encuentra tapado para evitar expolios o destrucción por parte de agentes naturales. Junto al de Costalomo, otros ocho yacimientos (dos más en Burgos y seis en Soria) forman parte de la candidatura a Patrimonio de la Humanidad junto a otros 26 emplazamientos de La Rioja, Asturias, Aragón, Cataluña y Comunidad Valenciana. Presentada ante la Unesco el pasado mes de enero, los trámites burocráticos se extenderán hasta el primer trimestre de 2006, momento en que se hará pública la decisión de este organismo. «Algo que tenemos en contra es que España, junto con Italia, es el país que más declaraciones de Patrimonio de la Humanidad posee», lo que puede dificultar, según Sergio Rasal, que la lista aumente.