Ya se han degradado el 60% de los ecosistemas

1.300 expertos han elaborado la primera Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, en la que se destaca que las reservas de agua y pesca están por debajo de las demandas presentes y futuras

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Y. C. ÁLVAREZ | texto
León

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El 60% de los servicios que los ecosistemas prestan a los seres humanos (agua dulce, pesca, purificación del aire y del agua o regulación del clima) se están degradando o se usan de manera insostenible. Desde 1950 se ha producido la modificación más rápida e intensa de la historia de la humanidad, en la mayor parte de los casos por las actuaciones para aumentar el suministro de otros servicios como alimentos, agua corriente, fibra y combustible. Esta es una de las alarmantes conclusiones de la primera Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, elaborada para la ONU por más de 1.350 expertos de 95 países. Según se recoge en el documento, las modificaciones sufridas por 15 de los 24 ecosistemas analizados están aumentando la probabilidad de cambios no lineales en los mismos, con consecuencias para el bienestar humano como aparición de enfermedades, alteraciones de la calidad del agua, creación de «zonas muertas» en las aguas costeras, colapso de las pesquerías y cambios en los climas regionales. Se advierte también que la degradación contribuye a aumentar las desigualdades entre los seres humanos siendo en ocasiones el principal factor causante de la pobreza y del conflicto social. Esto no significa que los cambios en los ecosistemas, como el aumento de la producción de alimentos, no hayan ayudado a que muchas personas salgan de la pobreza o del hambre, también han perjudicado a otras, cuya apremiante situación se ha pasado por alto muchas veces. En todas las regiones, y particularmente en el África Subsahariana, la situación y la gestión de los servicios de los ecosistemas es un factor decisivo en las perspectivas de reducción de la pobreza. Pérdida de la biodiversidad En el periodo 1960-2000, la demanda de servicios creció considerablemente, ya que la población se duplicó, llegando a 6.000 millones de personas, y la economía mundial aumentó más de seis veces. La producción de alimentos se multiplicó por dos y medio, el uso de de agua y la capacidad de las instalaciones hidráulicas se duplicaron, la tala de bosques para obtener papel se triplicó y la producción de madera aumentó en más de la mitad. Además, se duplicaron los flujos de nitrógeno reactivo y triplicado los de fósforo y, desde 1750, la concentración de CO2 se incrementó un 32% (el 60% desde 1959), debido a la utilización de combustibles fósiles y a los cambios en el uso del suelo. Se ha producido también una pérdida importante de la biodiversidad, en gran medida irreversible. En los últimos siglos los seres humanos han aumentado la tasa de extinción de especies hasta 1.000 veces por encima de la media. Entre el 10 y el 30% de las de mamíferos, aves y anfibios están amenazadas de extinción y, en general, los hábitats de agua dulce tienen la proporción más alta de especies en peligro crítico. También se ha reducido la diversidad genética, en especial entre las especies cultivadas. Los científicos creen, además, que la degradación podría empeorar durante la primera mitad del presente siglo y ser un obstáculo para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio adoptados por la ONU. Se calcula que durante los próximos 50 años la demanda de alimentos provenientes de los cultivos aumentará entre el 70 y el 85%, y la demanda de agua entre el 30 y el 85%. Además, la pérdida de hábitat y otros cambios en los ecosistemas llevará en ese horizonte a una merma de la diversidad local de especies nativas. A pesar de las alarmantes conclusiones, los autores del informe afirman que se trata de una señal de aviso y que, en la mayoría de los casos la situación es reversible siempre que se pongan en marcha cambios radicales y se estreche la cooperación entre gobiernos, empresas y sociedad civil.

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