Valderas se convierte en «capital» del sindicalismo

La Fundación 27 de marzo, creada por la Unión General de Trabajadores de Castilla y León, rehabilita la Casa del Pueblo de Valderas para convertirla en un centro de memoria histórica y un foco cultural para dinamizar la villa

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ANA GAITERO | texto
León

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La Casa del Pueblo de Valderas fue construida en hacendera por los obreros de la villa entre 1932 y 1933 en el Paseo Nuevo. Casi 75 años después la UGT la transforma en sede de la Fundación 27 de marzo, creada por el sindicato de Castilla y León para «recoger toda la documentación dispersa, todos los datos y toda la historia de la UGT», subraya Fermín Carnero, secretario del sindicato en la comunidad y presidente del patronato. «Su función va más allá de ser un mero receptor de documentación y archivo, también tiene una parte de fundación cultural de debate con una gran amplitud de miras. No se pretende que sea una cosa cerrada hacia dentro con un criterio ideológico muy cerrado, sino todo lo contrario», precisa. Las obras de rehabilitación del edificio, que suponen una inversión de casi 400.000 euros, concluyen en junio, por lo que la inauguración y apertura de la fundación se realizará a lo largo del verano. Para Valderas la ubicación de este centro cultural y de documentación «va a ser un revulsivo, una forma de dinamizar una comarca que en su día tuvo una gran importancia sindical, entre los obreros del campo», añade Carnero. La elección de la Casa del Pueblo de Valderas para instalar físicamente la fundación -inició su actividad con la celebración del 25 aniversario de la Constitución- tiene una explicación muy sencilla: «En Valderas hay un gran edificio sindical que es patrimonio histórico de la UGT. El edificio es uno de los mejor conservados y estaba sobredimensionado», explica su presidente. El edificio, antes de ser reintegrado a la UGT como parte del patrimonio histórico que fue incautado tras la Guerra Civil, había sido objeto de una restauración en los años 80 restaurado por el Ministerio de Trabajo cuando estaba de subsecretario el leonés Secundino Crespo. «Quedó un edificio muy presentable pero que tenía una infrautilización clara», aclara. El sindicato mantenía varias salas para reuniones de los afiliados y un despacho del abogado laboralista que visita quincenalmente la villa. «Cuando nos planteamos crear la fundación empezamos a mirar posibilidades y entendimos que la más económica -antes que restaurar otro edificio o meternos en alquileres costosos puesto que necesitábamos bastante superficie- era darle contenido a este patrimonio histórico», subraya Fermín Carnero. Valderas proporciona, además, un entorno tranquilo, propicio para la serenidad que requiere un edificio de estudio y de consulta de documentación. «Es un lugar atractivo, el entorno favorece la reflexión que se debe tener a la hora de afrontar estudios e investigaciones». agrega. La fundación cumplirá, según su presidente, otra función añadida y es que crear «un centro al que acudan intelectuales y estudiosos, hacer jornadas, y toda la actividad que conlleba una fundación va a dinamizar culturalmente aquella zona y creo que eso es importante». El alcalde de Valderas, el socialista Donato Caño, tiene confianza en que la fundación ugestista abra una brecha en la actividad cultural de la villa, que actualmente tiene 2.248 habitantes. «Aplaudimos la iniciativa por lo que representa de futuro para Valderas», señala el primer edil. A pesar de que el trauma de la Guerra Civil y la represión posterior «borró» gran parte de la memoria histórica del movimiento obrero en Valderas, los vecinos más mayores recuerdan que la Casa del Pueblo fue levantada por los trabajadores de Valderas en el primer tercio del siglo XX (entonces estaban constituidos en el pueblo la UGT y la CNT, además del Círculo Obrero Católico). Pero la Casa del Pueblo es más conocida como la Sindical, pecisamente porque en el año 1941 fue inscrita en el registro de la Propiedad de Valencia de Don Juan a favor de la Delegación Nacional de Sindicatos. El cine de la Sindical Finalizada la Guerra Civil la Casa del Pueblo fue usada por la hermandad de Labradores, la corresponsalía sindical y las juventudes del Carmelo pues en aquella época los PP. Carmelitas tenían colegio en la villa. La Organización Sindical arrendó el gran salón, con capacidad para más de medio millar de personas, para ser usado como sala cinematográfica. Y como Cine Moderno ha sido conocida esta casa por los jóvenes de varias generaciones hasta finales del siglo XX. Donato Caño aún recuerda que, siendo niño, cuando salía del seminario a las ocho de la tarde «iba corriendo al cine, que lo ponían tres días a la semana y a esa hora ya había empezado». Entre las anécdotas que vivió durante las proyecciones que ofrecía Quinito no puede olvidar los sustos que le daban las ranas saltando debajo del entaramiado del escenario, pues el edificio se construyó sobre una antigua laguna. Según un artículo de Antonio Cué, publicado en 1979 en el rotativo progresista Ceranda, la historia de la Casa del Pueblo de Valderas comienza en el mes de febrero de 1932 cuando el Ayuntamiento concede a la Federación de Trabajadores un solar en el lugar denominado «El Barrial» para la construcción de un edificio. El 15 de noviembre del mismo fue inscrita en el registro y el 7 de noviembre del 1933 se inscribe una hipoteca por un dinero solicitado para terminar el edificio, a pesar de que algunos materiales como la madera fueron aportados por los trabajadores. Pero los que iban a ser vencedores de la Guerra Civil se apresuraron a su rápida incautación a los seis meses del levantamiento contra el gobierno de la República. El 12 de diciembre de 1936 aparece una nueva inscripción registral a favor del Estado por «incautación». Aquel año los trabajadores tampoco pudieron recoger la cosecha de la finca comunal que habían sembrado para poder pagar la hipoteca que habían solicitado a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. «La cosecha de cebada la recogieron los vencedores, pero no para pagar la hipoteca», señala Cué. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca, Manuel Reguero, subraya que precisamente durante la II República es cuando se produce el proceso de mayor expansión del sindicato UGT en España y especialmente en Castilla y León, donde tuvo unos comienzos muy difíciles. «La UGT tuvo un papel muy destacado en la concertación social en los primeros momentos y se radicaliza mucho en la segunda parte», subraya. Reguero es el director del equipo de historiadores que firman la primera historia de UGT en Castilla y León, un libro de 400 páginas que la Fundación 27 de marzo presenta en Salamanca, con la presencia del presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, el 3 de mayo. La historia de UGT en la provincia comienza con la adhesión del sindicato de la Madera poco después del congreso fundacional de la organización obrera, que tuvo lugar en Barcelona en 1888. Tuvo su primera sede en un caserón de la calle Vizconde donde compartía espacio con la CNT. En 1901 se contabilizaban 372 efectivos de la UGT en la provincia leonesa y 800 dos años después, pero las cifras de afiliación más alta las alcanzaría durante la II República (1931-1936) cuando llegó a tener más de 5.000 trabajadores en sus filas. En la actualidad, León se mantiene como la provincia de más militancia de la UGT en Castilla y León a pesar de las prejubilaciones registradas en los sectores de más implantación como la minería, las telecomunicaciones, la industria química y la banca. León se presenta al IV Congreso de UGT en la comunidad con 12.376 afiliados de media en los últimos cuatro años (la realidad actual supera los 13.000), por delante de Valladolid que tiene reconocida una media de 12.369 militantes en este cuatrienio. La vinculación del sindicalismo al mundo agrario y por tanto a provincias como la leonesa no fue fácil; en este punto la historia de UGT va indisolublemente unida a la del Partido Socialista que en junio de 1904 tenía 27 sociedades agrícolas en sus filas, de ellas cuatro en León, según Santiago Castillo. Hay que destacar que entre febrero y julio de 1904, cuando Pablo Iglesias visita Tierra de Campos, se registran en 30 municipios de León, Valladolid, Zamora, Ávila y Toledo una serie de movilizaciones para reclamar mejoras en las condiciones de trabajo de los jornaleros. El bullicio de los años 20 Valderas era uno de los lugares de la provincia que contaba con más obreros del campo debido a la abundancia de viñedos en la zona, así como de tierras cerealistas. Tenía Valderas en aquellos inicios del siglo XX cerca de 3.500 habitantes y el bullicio de sus calles se hizo oir con más fuerza a raíz de la llegada del ferrocarril de vía estrecha. Una noticia publicada en Diario de León en 1919 ilustra las condiciones de vida de los más desfavorecidos en aquellos tiempos: «A causa de haberse negado un almacenista a vender trigo, varias mujeres y niños bajaron a la estación de ferrocarril para impedir que salieran dos vagones que iban cargados. Los niños se pusieron en la vía impidiendo que el tren arrancara, mientras las mujeres rajaron con navajas varios sacos de trigo». Que en 1932 los obreros se pusieran manos a la obra a construir la flamante Casa del Pueblo que levantaron a las afueras de la villa, luego Paseo Nuevo, no fue visto con buenos ojos por todo el mundo, ni mucho menos. La revancha de los vencedores de la contienda civil quedó escrita en un artículo que publicó El Prisma , un periódico de Valderas de aquellos tiempos: «Desde la caída de la Dictadura poseían los marxistas una modesta vivienda que no estaba a tono -dice el articulista- con las ambiciones y exigencias de los que se consideraban fieles intérpretes del pensamiento de Lenin. La doctrina comunista era demasiado elevada para ser enseñada en tan angosto cuchitril». A los promotores de la nueva Casa del Pueblo -«obra de gigantes que causó admiración a extraños y a los de la Casa»- les tilda de «negreros comunistas», mientras a los falangistas que la ocuparon les tranquiliza y alienta: «Una de las formas legítimas de posesión y propiedad es el derecho indiscutible de conquista» por lo que «esta casa os pertenece por entero por haber sido conquistada por la fuerza de vuestras armas», concluye el firmante Jesús Toral. Corrían malos tiempos para la tolerancia. Un espíritu bien distinto al que anima ahora su recuperación para Valderas y para la historia de UGT en Castilla y León. Los fines que declara la Fundación 27 de marzo en sus estatutos fundacionales son bien claros. En primer lugar, la custodia del archivo histórico, bibliográfico y documental de la Unión General de Trabajadores de Castilla y León; pero también está entre sus objetivos fomentar, promocionar y apoyar la difusión de la cultura y el pensamiento sindical a través de la investigación y el diseño, desarrollo y ejecución de proyectos y actividades relacionados con temas de interés social. Entre estos destaca las relaciones laborales, la economía social, el autoempleo, la sociología sindical, la acción social hacia los colectivos desfavorecidos, la salud laboral o el medio ambiente. También se crea con el espíritu de que la Casa del Pueblo sea «un lugar de encuentro y foro de debate», con la colaboración del mundo académico y la cooperación internacional. Con esta iniciativa, Valderas abrirá una pequeña ventana al mundo para airearse y dar a conocer su monumentalidad, la hermosura de la vega del Cea desde el cerro del castillo y, cómo no, su sabroso bacalao.

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