PERFIL DEL NUEVO PACIENTE
El descanso también estresa Exigente y puntilloso
|||| ¿Qué pueden tener en común situaciones tan dispares como el divorcio, la menopausia y el encarcelamiento? Estos tres fenómenos comparten el dudoso honor de figurar en la segunda plaza de las principales causas de estrés en la sociedad occidental, sólo por detrás de la razón más contundente: la muerte de la pareja. En la escala de estrés de Holmes (ver tabla) se otorga al fallecimiento de la pareja 100 puntos, mientras que la separación, la menopausia, el ingreso en prisión y la muerte de un pariente cercano alcanzan los 60. Si una persona suma a lo largo de un año más de 250 puntos por diferentes causas, lo más recomendable es acudir al médico porque está en una situación de sobreestrés y necesita tratamiento. Víctor Torrado, psicólogo clínico del Complejo Hospitalario Universitario Juan Canalejo de A Coruña, explica que el estrés es «un esfuerzo de adaptación del organismo ante una situación que genera un desequilibrio». «La fuente básica del estrés -apunta Torrado- es nuestro entorno inmediato: situaciones negativas, como una enfermedad, la muerte de un ser querido o problemas económicos; pero también puede surgir por situaciones positivas, como nuestro propio éxito o el hecho de ser padre». De hecho, como subraya este especialista, los orígenes del estrés poco tienen que ver con el ritmo de vida contemporánea: «Evolutivamente, a través de la selección natural, ante situaciones estresantes la reacción es de lucha o huida y el cuerpo se prepara para dar esa respuesta. Por eso se incrementa la tensión arterial, suben los ritmos respiratorio y cardíaco, la pupila se dilata y se agudiza el oído. El problema es el estrés en sí mismo, porque hoy en día no necesitamos esa reacción física, ya que no nos enfrentamos a animales salvajes que nos quieran atacar o a luchas tribales. Nuestros problemas son otros, como llegar a fin de mes», añade el doctor Torrado. Si esa situación se prolonga en el tiempo hay un estrés crónico que puede provocar dolores de cabeza, úlcera de estómago, artritis, asma, hipertensión arterial, problemas sexuales y, por supuesto, importantes perjuicios a la salud mental, como ansiedad, depresión y abuso de alcohol y drogas. Trabajo y vacaciones Este experto destaca el «notable» incremento en el número de pacientes que llegan a las consultas del Hospital Juan Canalejo a causa del llamado estrés laboral. «El desgaste profesional y los problemas con horarios muy rígidos y prolongados -indica- provocan muchos casos de cansancio crónico y absentismo». En la Unidad de Salud Mental del Canalejo, comenta este psicólogo, se atienden regularmente cuadros de ansiedad y depresión, trastornos psicóticos y trastornos por abuso de drogas en los que siempre tiene alguna incidencia el estrés (aunque no sea su causa principal y directa). Entre los problemas derivados del trabajo sobresalen dos términos ingleses cada vez más frecuentes: mobbing (acoso laboral) y burn out (síndrome del quemado). Paradójicamente, la cara opuesta del trabajo, las vacaciones, también se ha convertido en un importante factor de tensión. «Si estás esperando todo el año la llegada del verano, es prácticamente seguro que las vacaciones van a resultar insatisfactorias. No hay vacaciones lo suficientemente maravillosas como para que compensen once meses de trabajo en una situación de estrés laboral», aclara Víctor Torrado. Los embotellamientos de tráfico durante las operaciones salida y el desmedido afán por conseguir que todo resulte perfecto son dos ejemplos de lo estresante que puede resultar el descanso veraniego. Si ni siquiera el ocio puede pulverizar los efectos de la tensión laboral, ¿cómo se previene entonces el estrés? «No hay vacaciones que compensen once meses de vida que no ha sido vida, hay que repartir el ocio a lo largo del año. También es bueno ver a los amigos dos veces por semana, practicar algún deporte y tratar de tener un horario de trabajo racional», recalca el doctor Torrado. Según este psicólogo clínico, la clave está en la flexibilidad: «Lo hemos comprobado en los pacientes que acuden a la consulta. Simplemente con conseguir que el trabajador fiche media hora más tarde (con la compensación lógica de salir media hora más tarde) ya se obtiene un alivio muy importante en su estrés. Hay que huir de los horarios rígidos y lograr una mayor flexibilidad en la cultura de organización de las empresas». Otra recomendación rotunda de Víctor Torrado para conseguir una mayor calidad de vida se refiere al uso del teléfono. «Hay que saber apagar el móvil. Hay que aprender a finalizar la jornada de trabajo (salvo profesiones muy concretas, por supuesto), porque el estar pendiente del teléfono supone una sobrecarga muy importante», concluye. |||| El nuevo perfil muestra enfermos con una mayor formación, menos sosegados, exigentes con la reducción del tiempo de espera. Piden, sobre todo, que las explicaciones del médico sean comprensibles y que se les trate con respeto. Se ha mejorado la calidad técnica y se busca que no sea necesario desplazar al enfermo del lugar donde vive, pero no es suficiente. En los grandes hospitales existen los Comités de Ética Asistencial, constituidos oficialmente hace cinco años a través de un decreto de la Consellería de Sanidade, aunque en algunos ya funcionaban de forma transitoria. Su cometido es asesorar en aquellas situaciones en las que se planteen problemas éticos, como intentar mejorar la calidad asistencial.