«La literatura no me preocupa, no me considero escritor, no sé escribir»
Juan José Benítez | Escritor | acaba de publicar el séptimo tomo de su «Caballo de Troya». Tras vender cuatro millones de libros, anuncia, desde su refugio en Zahara de los Atunes (Cádiz), que escribirá dos tomos más para cerrar una serie que,
Nueve. Ese es el número de tomos que compondrá finalmente la serie Caballo de Troya , de Juan José Benítez (Pamplona, 1946). El escritor lleva varios años recluído en Zahara de los Atunes (Cádiz), un pueblo de mil habitantes que en verano multiplica su población por veinte y del que son vecinos Imanol Arias, Pastora Vega, Paloma San Basilio, Marcelino Oreja o un algunos jugadores de fútbol del Athletic de Bilbao, entre otras celebridades. Benítez, y su editorial, Planeta, resumen en datos la vida literaria del escritor: los siete volúmenes suman 3.794 páginas sobre la vida de Jesús de Nazaret, «las fuentes consultadas ascienden a 14.000 y el número de notas a pie de página es de 1.007», indica este licenciado en Periodismo que inició hace 21 años la serie de los caballos. En Caballo de Troya 7. Nahum (Planeta), volumen presentado en Zahara de los Atunes, el relato se centra en Juan Bautista, eso sí, con la siempre peculiar visión de Benítez. -Siendo periodista, no le gusta el contacto con los medios. -Los últimos libros no se han presentado, no ha habido ruedas de prensa; hace mucho tiempo, cuatro o cinco años que no salgo en los medios de comunicación. Creo que es un problema de timidez que no he logrado vencer. -Por eso estamos en Zahara. -Os lo agradezco mucho. -¿Vive aquí habitualmente? -Sí, aquí cerca, a cinco kilómetros. A lo mejor dentro de unos años cambio pero de momento estoy encerrado; ha llegado un momento en mi vida en el que sólo quiero pensar en cosas importantes, que me afectan a mí personalmente... -¿Cosas que tienen que ver con la literatura? -No, con la vida. La literatura no me preocupa demasiado, no me considero escritor, no sé escribir, porque escribo a trancas y barrancas. Lo que me gusta es pintar. Leo libros técnicos, no pertenezco a cenáculos literarios de ningún tipo. No tengo ningún premio, afortunadamente, ¡ninguno!, salvo uno de asistencia y puntualidad en el colegio [risas] y rezo todos los días al buen dios para que no me den premios, que no me hagan críticas, por favor, porque como no me las han hecho al principio ahora no las necesito. -Me han dicho que sigue usando una Olivetti para escribir. -Sí, tengo tres. Es un problema de fidelidad, o de romanticismo, me gusta escucharla... -En «Caballo de Troya 7» hay problemas actuales, como violaciones o la homosexualidad... -Eso está escrito antes de que ocurriera todo lo que hemos visto con las leyes actuales y la manifestación de la Iglesia sobre el particular. Yo siempre he creído que la homosexualidad, masculina o femenina, es un problema hereditario, aunque la medicina no lo acepta así; creo que los que son auténticamente homosexuales lo son al margen de ellos mismos y entonces no se los puede acusar de nada, no es lo mismo ser un vicioso, un pederasta, porque tu lo has buscado, que llevarlo en los genes; de hecho, no me parece justo que se les margine. -En una de las notas a pie de página de su libro dice: «La mayor parte de los médicos considera la homosexualidad como una enfermedad psiquiátrica». -Yo lo que apunto es que al ser un problema básicamente hereditario, de cromosomas, ellos no son responsables al cien por cien, y es más, creo que tienen su papel, su por qué en la vida; no hay que marginarlos, ni echarlos a un lado, serán incomprensibles para una mente como la nuestra, pero ellos tienen su lugar. Lo que yo planteo en el libro es que eso no es un error de Dios porque Dios no comete errores, los que cometen errores son otros. -¿Cuáles son sus fuentes para escribir «Caballo de Troya»? -Uso unas 14.000 fuentes. Todo está rigurosa y minuciosamente contrastado hasta donde he podido, con nociones de física cuántica, de medicina, de botánica (cómo eran los árboles que crecían al borde del Jordán). Todas son fuentes conocidas, menos tres no publicadas y una, la más importante, que no puedo desvelar, ni desvelaré nunca. Tengo cien cuadernos de campo con notas y podría estar en mi casa escribiendo libros hasta que me muera. -Con dos tomos más, ¿completará la serie? -Tengo toda la información, está toda a la vista, preparada y espero que en dos años, o tal vez tres, los pueda terminar. -¿Por qué este séptimo tomo tardó seis años en salir? -Porque los caballos tienen vida propia y no se escriben cuando quiero, sino cuando es el momento. Una de las razones por las que han pasado seis años es que para transmitir algo con fuerza tienes que pensarlo primero y estar convencido, sino, no puedes transmitirlo o lo transmites mal. He sufrido un cambio importante en estos años en mi forma de pensar, ahora es el momento y ya van seguidos. - Ha logrado un estatus de escritor envidiable: medio retirado, escribe lo que quiere... -Sí, desde ese punto de vista es envidiable. Escribo lo que me parece oportuno; no me mezclo con nada ni con nadie; conservo cierta libertad; no necesito escribir para vivir, que es importante, porque durante años luché para que llegara ese momento en el que pudiera reunir suficiente dinero para no preocuparme de si mis libros no se venden o ya no quiero escribir más... Seguiré escribiendo en este refugio, un aislamiento cada vez más grande o más grave, según se mire: para mi mujer más grave. -¿Por qué? -Porque me estoy convirtiendo en un ser, no voy a decir antisocial, pero sí que mira a la gente de una forma rara... -Pero le hace poesías a los marineros de Barbate. -Sí, todavía hago poemas; no los he contado, pero hay varios cientos que no he publicado y espero no volver a caer en la tentación de publicarlos. -¿Y eso? -La auténtica poesía es abrir el corazón a la gente y eso es muy íntimo, entonces yo lo hago, la escribo y si algún día ven que merece la pena que se publique pues ya lo dirán. -¿Se siente aislado? -Yo evito a la gente, quizá porque me he dado cuenta de que la vida es otra cosa, que lo más importante ahora soy yo y lo que me quede de vida; tengo que recapacitar muy en serio qué es lo que me aguarda porque lo único que tengo seguro es la muerte y quiero estar preparado para eso. -¿Qué le dicen los lectores? -Me llegan cartas, muchas comunicaciones, críticas, gente que no entiende o que aplaude... Leo todas las cartas, no contesto a todas. Hay gente que quiere saber las cosas más peregrinas y muchos que me escriben diciéndome que el Jesús de Nazaret que se apunta en el libro es un Jesús que los ha convencido, que los ha ayudado, que les ha hecho pensar, que ahora son más optimistas, que ven las cosas desde otro punto de vista, y eso es muy agradable.