Citroën C6, la sucesión...

Noviembre de 1955, Citroën lanza el «Tiburón». Noviembre de 2005, el C6 recoge el testigo. Cincuenta años nos contemplan... con los ojos de la modernidad y a un precio nada escandaloso. A partir de 44.800 euros puede usted entrar en la leyenda

Publicado por
Javier Fernández
León

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Sólo faltan las ruedas traseras parcialmente carenadas. Todo lo demás, trufado de tecnología XXI, podemos encontrarlo en la filosofía productiva de un coche con el que Citroën vuelve a la senda de las grandes berlinas, confortables, seguras y cuajadas de las prácticas tecnologías de última hornada, que hacen del C6 uno de los coches más apetecibles en el actual panorama europeo de las lujosas realizaciones altas de gama. Nada falta en la cuidada puesta en escena, en la interpretación en clave de chevron : desde el detalle golfo del alerón retráctil al guiño de los faros direccionales, de la pantalla virtual reflejada en el parabrisas a la alerta de cambio de carril, de los nueve airbag... a los butacones traseros regulables. ¿El chofer? Sería -es- prescindible... salvo que se retorne de -pongamos- Reims, cómodamente apoltronados y, eso también, envueltos en la magia del efluvio «cautivador»... tras la inevitable visita a la cave . El C6, nuevo buque insignia del fabricante galo que comenzará a desembarcar en el mercado español durante el primer trimestre de éste próximo 2006, se convierte, no sólo en la mayor y más lujosa berlina que haya construido Citroën, también en todo un escaparate; aviso para navegantes... germanos. Original en lo estético e impecable en lo dinámico, el C6, al decir de muchos observadores, se convierte en el heredero natural del CX o del XM, permítaseme... del DS «Tiburón», sobre todo. Volvemos a encontrar aquí -en clave de modernidad- todos los ingredientes que hicieron célebre, medio siglo atrás, aquel perfilado morro del DS, con -ahora- un frontal tan alargado que ni siquiera precisa -como entonces- de calandra alguna; solamente los dos perfilados chevrones , capaces de alargar sus trazos hasta entroncar con unos atípicos proyectores, que tampoco tienen pudor en invadir parte de las aletas delanteras, dan apoyo a un capó que esconde un ingenioso mecanismo que deviene en un avanzado sistema de seguridad para los peatones en caso de atropello: el capó se eleva en el impacto, reduciendo así las lesiones para el peatón. La fluidez de líneas, junto con el tendido parabrisas, enmarca un techo en arco, tipo coupé, descendente hacia la zaga y que acaba por integrarse con el portón trasero. Un elemento tan práctico como inusual en las grandes berlinas, hay que ser valientes con la estanqueidad... y Citroën lo ha sido, como también en la adopción de unas preciosistas ventanillas sin marco -tampoco nada habituales en un coche de cinco metros- que se ajustan como un guante a una carrocería desprovista de ornamento alguno en sus flancos y donde sólo faltan -concédaseme la insistencia- un carenado parcial de las ruedas posteriores. Eso sí, para que nada falte en la magia de los gadgets un elemento aerodinámico se desplegará -parcialmente a partir de 65 por hora y totalmente una vez rebasados los 125- de la tapa del maletero. Alfombra mágica... ¿Y la suspensión hidroneumática inteligente? Nos hará flotar sobre el asfalto. Ya se sabe, desde los tiempos del DS, y posteriores CX y XM, ha sido esa una de las señas de identidad del fabricante. En el C6, la tal seña, en progresión geométrica, se eleva a la máxima potencia y alcanza unos insuperables niveles de prestacionalidad rutera. ¿La clave? Un par de esferas suplementarias en la suspensión trasera (recuérdese que el sistema hidroneumático sustituye los tradicionales amortiguadores por esferas de gas) y la adopción de dos programas activos: «Skyhook» y «Roadhook», el primero para sujetar las fuerzas verticales de balanceo de la carrocería y absorber las irregularidades del asfalto (los pasajeros sólo notan horizontalidad en el interior del habitáculo) y el segundo, de comportamiento más deportivo y una suerte de efecto suelo , entra en acción al aumentar la velocidad de crucero, adaptando los reglajes de la suspensión a los parámetros de conducción (ángulos del volante, presión de acelerador, freno...). En ambos casos este avanzado sistema de suspensión inteligente, que no precisa mantenimiento hasta los 200.000 kilómetros, rebaja en 10 milímetros la altura de la carrocería cuando el coche supera los 110 Km/h. La consecuencia es una calidad rutera que para sí quisieran muchos de los llamados deportivos y bastantes otras de las berlinas que, como el C6, sitúan su cota de longitud en torno a los cinco metros y su romana jugueteando con el par de toneladas. Eso, y una comodidad interior cuya guinda (1.400 euros suplementarios del Pack Premium) viene dada por los butacones traseros individuales y con reglaje eléctrico, no sólo para ellos... también para el asiento delantero del acompañante, que puede moverse a voluntad con una tecla situada en el reposabrazos central para dar todavía mayor cabida a las piernas del pasajero trasero derecho. Dos mecánicas, culto al diesel Dos motores V6 comportan la gama del C6: un gasolina de 3.0 litros (215 CV) y un HDI biturbo de 2.7 litros y 208 caballos que se consagra definitivamente como la joya de PSA unido, como el gasolina, a una caja automática secuencial de 6 velocidades que, una vez más, demuestra su impecable funcionamiento. Tres acabados, uno de los cuales recupera la histórica denominación «Palas», proponen todos los adelantos de última generación. En el primer escalón de gama (C6 «a secas») ya se ofrecen los 9 airbag -incluido el de rodillas para el conductor-, ABS y ESP, la suspensión neumática, el climatizador bizonal, los faros bixenón, radio con CD y MP3, regulador de velocidad, freno de mano eléctrico y los sensores de lluvia y luces. En el escalón intermedio Palas se añade la tapicería alcántara, los faros direccionales (ya saben... la genética en la evolución), los sensores de aparcamiento con pantalla virtual y, por fin, en el techo de la gama, la terminación Executive se vende con tapicería de cuero, alertad de cambio de carril, asientos delanteros eléctricos y calefactados con memoria de posiciones, conexión «Bluetooth» para el teléfono portátil y cristales insonorizados (por si era «escasa» la insonorización general del C6). En fin, que Citroën apunta bien alto con su nuevo buque insignia. Así las cosas, sólo un par de interrogantes... ¿Por qué no se han carenado las ruedas traseras?. Por preservar -¿quizá?- la impronta de las llantas de 17 pulgadas. Por -¿quizá también?- no recurrir a «truco genético» alguno. Por -¿puede ser?- no jugar con el pasado y -en fin- no desvirtuar el espíritu de los ancestros. Todo es posible... nada es descartable. ¡Vive la joie! .

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