Un siglo se celebra con música

Amancio Prada (cantautor) | El más personal de nuestros cantores, dueño de un estilo único, asegura que uno «no se baña dos veces en la misma canción» y promete un concierto «que va a gustar»

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León

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Desde sus inicios, Amancio Prada ha logrado crear un estilo propio que se reconoce nada más escucharlo y que nada tiene que ver con el resto de colegas de oficio por su peculiar concepción de lo que él entiende por el alma de la música y el sentir del verso. Bien sólo o acompañado por otros instrumentos, su enorme poder de convocatoria le otorga ese don ineluctable para transmitir sensaciones a públicos de la más diversa condición, edad y cultura. La vena creadora encuentra en su cristalina voz el mejor vehículo de inspiración para quienes deseen encontrarse sin artificios con la verdadera poesía, esa que parte desnuda del corazón y se incrusta en el de aquellos que saben entender el mensaje, porque como dijo el Conde Arnaldos: «Sólo digo mi canción a quien conmigo va». -¿Qué opinión le merece el hecho de que en una celebración tan especial como es la conmemoración de los cien años de la aparición de un periódico, Diario de León, esté presente su música y en concreto su persona? -Cumplir cien años en estos tiempos que corren, de tanta mudanza,  es para celebrarlo, desde luego. Yo lo celebro también. Celebro que nuestro Diario cumpla un siglo con tan buena salud y le felicito por su constante servicio de información y estímulo. Que cuenten conmigo es algo que me honra y que os agradezco. La verdad es que el Diario de León ha sido siempre muy atento conmigo desde aquellos primeros años. Muchas gracias. -Lleva más de treinta años subido a un escenario. Eso le ha dado seguridad, pero ¿todavía espera algo al salir ante el público? ¿Sigue teniendo sentido el cantar? -El cantar tiene sentido, entendimiento y razón. Para mí cantar es como respirar. No concibo otra forma de vivir. No sé si he ganado seguridad, como tú dices, porque el caso es que me pongo igual de nervioso, o incluso más, que al principio. Antes era más inconsciente. Ahora sé que cada concierto es único, distinto, irrepetible. Cada concierto es un nuevo paso en este andar. -¿Qué echa de menos de aquellos primeros años? -Nada. Los llevo conmigo. -Su homenaje a Chicho, ¿es también una mirada nostálgica a aquel París de finales de los años 60, de George Brassens, y sus encuentros con Carmen Martín Gaite, con García Calvo...? -Yo no lo siento como nostalgia. La vida, como los ríos, fluye. No se baña uno dos veces en la misma canción. Estamos amasados con tiempo y la memoria es la levadura que fermenta lo vivido. Aquellos años y los amigos han ido enriqueciendo mi vida. Chicho, muy especialmente. Ha sido el cantor con más gracia y más talento que he tenido la suerte de conocer. -La vida es un ir y venir a las raíces en cierto modo, ¿usted cree que uno puede ser feliz lejos de todo eso? -Uno es feliz a veces. Espinas y rosas, de todo hay. Las raíces son muy importantes, están ahí, pero cuanto más profundas, mejor; y cuanto menos se remuevan, mejor. Son el origen. Nuestro destino es crecer, extender la copa y los frutos¿ para compartirlos hasta volver a la tierra, claro, para sumarnos al humus de nuestros antepasados. -Sus discos parecen una búsqueda continua de la secreta canción de la vida, ¿la ha encontrado? -Uno sueña con aprender aquella canción que iba cantando el marinero del Romance del Conde Arnaldos, una canción mágica, encantadora , que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar ¿ La canción como bálsamo, como un fervuro de vino con miel caliente que cure los catarros del alma. Seguimos buscando, por si suena la flauta por casualidad. -Cuando otros cantautores luchaban por la libertad y la forma de expresión en su propia lengua, usted cantaba a Rosalía en gallego, ¿es esta también la lengua con la que habla en su interior? -Cuando era niño, en mi pueblo hablábamos lo mismo en gallego que en castellano. Supongo que igual de mal. Es lo que pasa en las comarcas fronterizas. Después he ido aprendiendo más el gallego con la lectura de Rosalía, Celso Emilio Ferreiro, Álvaro Cunqueiro¿ Pero sí, esa condición fronteriza es algo que me ha marcado y, afortunadamente, me ha permitido sentir y cantar con la misma naturalidad, digamos, a Rosalía que a San Juan de la Cruz. -¿Cree en las «mafias» dentro de la música? ¿Hasta qué punto han afectado a su carrera artística? -Hombre, «mafia» es una palabra demasiado fuerte. Existen grupos de presión, clanes, ¿ Pero bueno, yo voy por libre, a mi aire. Así he sido siempre. Siento un rechazo visceral hacia ese tipo de grupúsculos y alianzas. -¿A qué cree que se debe el hecho de que Amancio Prada no sea un rostro televisivo como lo han sido otros cantautores con incluso menos talla o menos importancia? O quizás habría que decir, ¿qué tiene la televisión contra ciertos cantantes? -Bueno, pues ahí es donde hacen presión las compañías discográficas, las productoras, los clanes, todo eso¿ Y esa presión y esa comunidad de intereses surte su efecto, claro. Pero la canción de autor nunca ha sido bien tratada por la televisión. Ni por la pública ni por las privadas. Y ahora, si me apuras, la situación es peor que nunca. Cuantas más cadenas hay, peor son todas. Es curioso, la televisión se jacta de plasmar la realidad, pero en el fondo le da la espalda, no se entera en muchos casos. Así es la realidad virtual. Si no sales en la tele es como si no existieras, por muchos conciertos que des o muchos libros que escribas. -Tiene un público muy especial que abarca edades diferentes y también estratos sociales contrapuestos. Debe ser un orgullo para ti. ¿Esto le supone algún problema? -No, no, ningún problema. Todo lo contrario. -Del 2005 sabemos que ha sido un año lleno de trabajo, con largos viajes a diferentes países. ¿Qué público es el que acude a escuchar a un cantautor en lugares como Japón, por ejemplo? -En esos países lejanos siempre hay gente interesada por España y su cultura. Y también estudiantes de español. En principio, ese es el público que acude a un concierto como el mío en el que están presentes algunos de nuestros mejores poetas¿ En América latina la comunicación es más espontánea, claro. Este año pasado he tenido encuentros inolvidables en Chile, Brasil y Colombia. -Cuando uno tiene fragmentos de vida dispersos por tantos rincones, ¿sigue siendo necesario el respaldo y el cariño de sus «paisanos», o por el contrario son éstos como en la canción de Chicho muy dados a la enojosa manía de apropiarse de uno? -Formamos todos un cuerpo místico, como se decía antes. El cariño de tus paisanos es lo primero, el más necesario. Yo tampoco me pertenezco. Formo parte de un paisaje emocional, supongo. -En su homenaje a Chicho ha hecho curiosas incursiones en ritmos y acompañamientos casi étnicos. Desde guitarras sonando por fandangos a ritmos venezolanos o caribeños, esto le da un aire fresco y nuevo a su carrera musical, ¿desea romper así con el mito que hay sobre usted de que es el cantante de los místicos y de la poesía melancólica? -Cada trabajo tiene una factura distinta, requiere su tratamiento, su presentación. En el caso del disco dedicado a Ferlosio he intentado captar y plasmar su amplitud de recursos y registros. El cantar tiene sentido , que es el recital basado en ese disco, está también en un tono distinto, alternando canciones estremecedoras con otras más irónicas, con sentido del humor, y con momentos también para la confidencia coloquial. Ya verás. Yo creo que os va a gustar. -¿Cree que el problema que está surgiendo sobre las nacionalidades en España va a perjudicar de alguna manera a los cantantes? -Me temo que sí. Se corre el peligro de encerrarse cada vez más en lo de uno, empeñados en mostrar y cultivar esas «señas de identidad»¿ Qué manía. -¿Qué le sigue sorprendiendo para bien y para mal de esta profesión suya de cantor? -Lo que me sigue sorprendiendo y alborozando es el nacimiento de cada nueva canción. Que siga sonando la flauta. Es un pequeño milagro. También me sorprende, negativamente, que sea más frecuente oír cantar por la radio o en la tele en inglés más que en español. Hay también una actitud de negligencia y olvido hacia nuestros clásicos, cuando tenemos una riqueza inmensa. Dime, ¿cuándo escuchas una canción de Imperio Argentina, de Machín, de Yupanqui, de Violeta Parra, de Paco Ibáñez, de Joaquín Díaz, de¿ tantos y tantos otros?. -¿Qué valora más en su público? ¿y en la gente en general? -Su actitud afectuosa y exigente a la vez. Decía don Antonio Machado que la elocuencia está tanto en el que habla como en el que escucha. Así en el arte. Y en todo lo demás. El que se esfuerza en hacer algo bien es quien más aprecia las cosas bien hechas. -Y en sus compañeros de profesión? -El mantenerse a flote y seguir remando, con el tiempo que hace. -Defínanos lo que es para usted un verdadero profesional. -Un buen profesional es el que no pierde la afición nunca. -¿Cómo era Chicho? -Chicho era un puro aficionado. Todo lo hacía por y para divertirse. Ojo, y para poner el dedo en la llaga muchas veces. Vivió siempre de espaldas a los escaparates, la fama y todas esas cosas. -¿Con que se quedas de él y de su peculiar forma de ver e interpretar la vida? -Era una persona muy inteligente, muy lúcida. Alerta siempre. Tenía gran curiosidad por todo, todo le interesaba y sobre cualquier asunto tenía un punto de vista distinto, original. Luego, por muy crítico que fuera con todos y con todo, era, al mismo tiempo, una persona muy delicada, sin pizca de acritud. Decía que las personas eran más importantes que la ideología, porque las personas sufren y las ideas no. -Vivir para cantar, cantar para vivir... ¿en que grado y orden van en usted ambas cosas? -Conjúgalo como quieras, pero el cantar que no falte. Amen.

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