¿Choque de civilizaciones?

La llamada crisis de las caricaturas plantea de nuevo sobre la cuestión de si estamos abocados o no a un enfrentamiento entre los países musulmanes y Occidente. Destacados especialistas reflexionan en este reportaje sobre una de las cuestiones

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ENRIQUE CLEMENTE | texto
León

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¿Es la crisis de las caricaturas un episodio más del choque ineluctable del islam y Occidente que predijo hace 13 años Samuel P. Huntington? ¿Podría decirse incluso que estamos inmersos ya, desde el 11-S con claridad, pero incluso con anterioridad, en una auténtica guerra de civilizaciones? ¿Son los atentados de Nueva York, Madrid, Londres y otros muchos, por un lado; y las invasiones de Afganistán e Irak y la negación de un Estado para Palestina las manifestaciones más extremas de un fenómeno más amplio? Juan José Tamayo es rotundo: «La teoría de Huntington es una construcción ideológica del imperio para seguir dominando el mundo». Para este teólogo cristiano que fue amonestado por el Vaticano, «tanto las fuerzas del imperio occidental, con sus provocaciones, como los sectores musulmanes integristas violentos son los que pretenden hacer buena la teoría con una estrategia calculada, diciendo que lo que está sucediendo la confirma». Neocolonialismo El prestigioso arabista Pedro Martínez Montávez considera que el episodio de las caricaturas es «turbio» y que quienes lo han provocado habrían actuado con la intención de avivar el enfrentamiento entre el islam y Occidente. Descalifica la teoría del «choque de civilizaciones» como «infundamentada» y la considera una justificación de la política neocolonialista norteamericana, «que quiere reconfigurar el mapa de Oriente Próximo y Medio» y asegurarse el control de los recursos energéticos. Y recuerda que Huntington es un politólogo ligado a la Administración norteamericana. El especialista en historia comparada de las religiones Francisco Díez de Velasco descarta también que exista un «choque de civilizaciones», un concepto que considera «demasiado generalizador, confuso, erróneo y no sólo académico, sino cargado de contenido político». Para el diputado del PP y gran conocedor de la materia Gustavo de Arístegui, sólo hay un bando empeñado en avivar el fuego del enfrentamiento, los islamistas radicales. «Los que han pescado con eficacia y provecho en estas revueltas aguas de las protestas masivas y de la violencia, la ira y el odio que se han desatado en las calles de no pocos países islámicos (India, Indonesia, Pakistán, Turquía, Afganistán, Siria y otros), son justamente los islamistas radicales», señala. Más contundente es Serafín Fanjul, que considera que el de las caricaturas es un episodio más del «choque de civilizaciones», que los radicales islamistas han recuperado como pretexto -ya que se publicaron en septiembre- para «armar bronca». «Es un jalón más dentro de una cadena de grandes y pequeños conflictos que ha habido con anterioridad, de algunos de los cuales no se habla», mantiene. En opinión de este arabista a contracorriente, lo más destacable de lo que está sucediendo es «la utilización que han hecho los gobiernos de Siria e Irán» para amenazar a Occidente y advertirle de lo que le puede pasar si ataca a un país musulmán. Es la misma certeza que ha expresado la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice. Martínez Montávez es pesimista sobre el futuro. En su opinión, «estamos asistiendo a dos fenómenos paralelos y que se interrelacionan, el terrorismo islamista y el neocolonialismo de la Administración Bush». Para el profesor emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, mientras no se resuelva la cuestión palestina y se acabe la ocupación de Irak no cesará la violencia islamista y es posible que se incremente. Fanjul se irrita cuando se le pregunta si los problemas entre Occidente y el mundo musulmán se acabarían si se solucionasen esos dos conflictos «En absoluto. Eso es una falacia. Quienes dicen eso o son muy ignorantes o lo afirman a sabiendas de que es falso. Es una parte del problema, pero si se acabasen esos conflictos surgirían otros automáticamente. De hecho, ya están presentes, por ejemplo que reclamen media España, como ha hecho Bin Laden y hacen casi todos los musulmanes que hay en España». «Incluso dicen que los españoles también tenemos la culpa de lo que pasa, como occidentales, lo que es inadmisible», afirma. «No nos pueden hacer claudicar en absoluto de nuestros valores fundamentales, sobre los que se construyen el Estado de derecho y la democracia», asegura Arístegui. ¿La cuestión de fondo es que el islam es una religión intransigente e intolerante, incompatible con la democracia y la libertad de expresión? No lo creen así los especialistas consultados por La Voz, aunque Díez de Velasco y Fanjul constatan que muy pocos países musulmanes son democracias. El primero no considera que sea por la religión, ya que recuerda que el Corán recomienda que se gobierne con el consenso de la comunidad de los creyentes. Y carga con parte de la responsabilidad a las potencias occidentales, que han preferido desde siempre tratar con dictadores que con gobernantes respaldados por sus pueblos. Fanjul sí estima que el islam tiene unos fundamentos que hacen difícil, no imposible, compaginarlo con la democracia. Alianza de civilizaciones ¿La alianza de civilizaciones que auspicia Zapatero es una vía para solucionar el conflicto? Arístegui y Fanjul están en completo desacuerdo. Según Tamayo, en cambio, «todo lo que sea diálogo y encuentro no sólo es positivo, sino necesario; bienvenida sea la utopía si sirve para poner las bases de una sociedad intercultural». Fanjul opina que lo que debe hacer Occidente es permanecer firme y no mostrar debilidad. Tamayo recuerda un chiste que apareció cuando comenzó la invasión de Irak, en el que aparecía el Dios cristiano con el triángulo y la barba blanca y decía: «He decidido darme de baja de todas las religiones». Y lo cuenta con regocijo y aprobación un cristiano que piensa que «Dios no puede compartir el comportamiento autoritario, dogmático y poco comunicativo que tienen siempre las religiones».

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