JUAN JOSÉ TAMAYO EL LIBRO LA OPINIÓN DE LOS EXPERTOS SERAFÍN FANJUL GUSTAVO DE ARÍSTEGUI FRANCISCO DÍEZ DE VELASCO

«El primero que se ríe de sí mismo es Dios» La teoría de Huntington «El islam es una religión muy dura e intolerante» «El de Huntington es libro de cabecera de Bin Laden» «El problema son las identidades fuertes»

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León

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|||| El director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones «Ignacio Ellacuría» de la Universidad Carlos III de Madrid considera que «presentar a Mahoma como un terrorista y una persona obsesionada por el sexo es una provocación a los musulmanes». Pero añade que «el primero que se ríe de sí mismo es Dios, comprende mucho mejor a los humoristas que lo caricaturizan que a los teólogos que hablan de él solemnemente». Para este teólogo cristiano disidente, coordinador del Diccionario de las religiones (Trotta), «nunca ha habido choques entre civilizaciones, sino entre imperios, entre poderosos». Tamayo considera falso que el islam o cualquier otra religión sea incompatible con la democracia. «En el Corán existen principios que respetan y reconocen los derechos humanos, la igualdad entre las personas y propuestas organizativas basadas en la umma, en toda la comunidad», afirma. Y recuerda que el Corán dice que la respuesta a un acción mala debe ser una acción buena y sólo justifica la violencia defensiva. En su opinión, es «megalomaníaco, arrogante y soberbio, propio del nuevo colonialismo puro y duro» considerar «la cultura occidental como hegemónica y nuestro modelo político y económico de democracia occidental como el más perfecto y el único, cuando está lastrado por el neoliberalismo y hace que los derechos humanos sean en la práctica los de los propietarios». Por ello, es un gravísimo error imponerlo sin más a los países musulmanes, sólo debe ser un referente más, porque ellos deben encontrar su propia vía. |||| En 1993 el profesor estadounidense Samuel P. Huntington (1927) publicó un célebre artículo en la revista Foreign Affairs en el que patentó la fórmula del «choque de civilizaciones». El profesor de Ciencias Políticas de Harvard y ex miembro del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca mantenía la tesis de que en el mundo posterior a la derrota del comunismo «la fuente fundamental de conflictos no será primariamente ideológica o económica», sino cultural, entre «naciones y grupos de diferentes civilizaciones». Y vaticinaba: «El choque de civilizaciones dominará la política mundial». Dos de las que necesariamente estaban destinadas a volver a enfrentarse eran la islámica y la occidental, en conflicto desde hace 1.300 años, incluso, advertía, de forma «más virulenta». Sin embargo, el primero que acuñó el concepto fue el británico Bernard Lewis, quien ya en un libro de 1964 escribía que «la crisis de Oriente Próximo no surge de una querella entre Estados, sino de un choque de civilizaciones». Autor de libros como ¿Qué ha fallado? (Siglo XXI) o La crisis del islam (Ediciones B), Lewis se trasladó en 1974 a vivir a EE.UU. y es uno de los autores de cabecera de los neoconservadores de la Administración Bush. Veintiséis años después, en 1990, retomó ese concepto que había pasado inadvertido en un artículo en The Atlantic Monthly titulado Las raíces de la cólera musulmana , en que decía que el islam odia a la civilización occidental «no sólo por lo que hace, sino por lo que es y por los principios y valores que practica y profesa». Los atentados del 11-S hicieron que muchos recurrieran al «choque de civilizaciones» teorizado por Huntington para explicar lo inexplicable. En el libro en el que amplió sus ideas, El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (Paidós, 1997) aseguraba: «El problema subyacente para Occidente no es el fundamentalismo islámico. Es el islam, una civilización diferente cuya gente está convencida de la superioridad de su cultura y está obsesionada con la inferioridad de su poder». Y añadía: «El problema para el islam no es la CIA o el Departamento de Estado. Es Occidente, una civilización diferente cuya gente está convencida de la universalidad de su cultura y cree que su poder superior, aunque en decadencia, les impone la obligación de extender esta cultura por todo el mundo. Estos son los ingredientes básicos que alimentan el conflicto entre el islam y Occidente». |||| Catedrático de Literatura Árabe en la Universidad Autónoma de Madrid, Serafín Fanjul asegura que se habla mucho del respeto que deben tener los países occidentales a las creencias de los musulmanes, pero no existe reciprocidad. «En la sociedad musulmana hay una avalancha de obras contra el cristianismo y Occidente, ya sea en canciones infantiles, en poesías de poetas conocidos o en otros libros». A ese respecto, afirma que en la última feria del libro de El Cairo, en enero, «se vendían libros como La iglesia y la perversión sexual dirigidos a desprestigiar y atacar a los católicos». Más aún, «hay ataques continuos en los medios de comunicación, en la sociedad, en las mezquitas, agresiones físicas, asesinatos de cristianos, de lo que se habla muy poco». Es, afirma, «una confrontación que viene de muy atrás». Para Fanjul, «echarle la culpa al imperialismo americano de que lapiden a una nigeriana por mantener relaciones extramatrimoniales o de las ablaciones me parece sencillamente distraer la atención y no querer ver la verdad del problema, que es que el islam es una religión muy dura, muy intolerante y muy cruda con el ser humano». Fanjul considera que el islam tiene unos fundamentos que «hacen difícil compaginarlo con la democracia», y constata que ésta «tiene graves dificultades de desarrollo en los países islámicos». La clave es que «no pueden poner en pie de igualdad la revelación de Dios, que está por encima de todo, con las decisiones de los hombres, y por eso no hay manera de entenderse; y dicen que la libertad de expresión no vale frente a la palabra de Dios». |||| «Estoy convencido de que el segundo libro de cabecera de Bin Laden es El choque de civilizaciones de Huntington», asegura Gustavo de Arístegui, diputado del PP y autor de La yihad en España (La Esfera). En su opinión, «no estamos abocados al choque de civilizaciones, pero es el máximo deseo de los radicales islamistas, que están echando toda la gasolina al fuego que pueden». Este experto rechaza que pretendan culpar a todo Occidente por «la irresponsabilidad y los errores de unos caricaturistas» y, por ello, considera que «lo que no puede hacer Occidente es pedir perdón por ser occidental». Y añade: «Yo no generalizo y digo que Bin Laden son todos los musulmanes». Para Arístegui, el islam no es incompatible con la democracia y pone como ejemplo a Turquía. El escritor y político manifiesta una enorme preocupación porque «el islamismo radical crece de manera exponencial en algunos lugares del mundo y, en muchas ocasiones, porque la corrupción político-religiosa le ha permitido un inmenso margen de maniobra para ganar adeptos». Para ello, los radicales utilizan «un discurso victimista, nostálgico y manipulador, con el que se presentan como las víctimas propiciatorias de un Occidente cuya única pretensión es humillar y aplastar al islam». Arístegui considera que se exige a Occidente un «respeto escrupuloso a las sensibilidades culturales y religiosas del islam, que también tendrían que tener ellos hacia nosotros». En ese sentido, recuerda que hay muchos libros de texto en países musulmanes que predican el odio a Occidente y al cristianismo». |||| Catedrático de la Universidad de La Laguna, doctor en Historia y licenciado en Antropología, Francisco Díez de Velasco descarta que haya un «choque de civilizaciones». En su opinión, lo que existe son «episodios geopolíticos en los que se utilizan los vehículos identitarios más potentes, como la religión». No cree que los musulmanes y los occidentales estén abocados a enfrentarse. «El problema es que utilicemos todos identidades fuertes», explica el autor de La historia de las religiones (Akal), que acaba de publicar. En este libro explica que «si las identidades principales son de carácter ancestral o muy etnocéntricas, muy propias de cada civilización, sí surge el enfrentamiento, pero si vamos, como yo creo, a la construcción global universal esto es un mero episodio». Díez de Velasco considera, sin embargo, que mientras los grupos islamistas «sepan manipular esos juegos de identidades va a haber conflicto». Aunque añade que por la otra parte también existe esa tendencia y, en ese sentido, «el libro de Huntington es una manipulación». «Los radicales violentos musulmanes apuestan claramente por lo que podríamos llamar doctrina del caos. Y, por el otro lado, ciertas minorías tienen ese punto de vista, pero en la democracia es difícil imponer esa opinión», estima. Afirma con rotundidad que islam y democracia no son antagónicos, «sino casi todo lo contrario, porque la legitimidad de la acción política se basa en el consenso de la comunidad de los creyentes», que «analizado con los ojos modernos es lo más parecido a un modelo democrático».

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