Lugares con tradición de respeto: una sabia y fructífera decisión
DL/ARCHIVO
Antes eran pueblos como muchos otros, pero, desde que decidieron -bien comunalmente, bien como fruto de muchas voluntades individuales- convertir sus hogares y rincones en verdaderos exponentes de una forma de vida concreta y determinada, con una trayectoria histórica y cultural bien definida, los resultados de esa decisión han sido, en cualquier balance que se haga, obviamente satisfactorios. En localidades del Páramo, Payuelos, Tierras de León, Riberas, etc., entre otras comarcas, se argumenta que ese esfuerzo ha de ser tan sólo propio de emplazamientos con posibilidades «turísticas», no de paisajes agrarios o industriales; pero, ¿qué es «lo turístico», a priori? La respuesta es ciertamente amplia. Dignos de visitarse son todos aquellos lugares que sepan ofrecer algo propio, original, suyo, sin copias, auténtico. Y así, tan interesantes pueden resultar los pueblos de tapia y bardal de nuestras comarcas llanas como las anchas y frondosas orillas de nuestras riberas, tan atractivos turísticos son las calderadas de sopas de trucha del Órbigo y Presa Cerrajera como las posibilidades de combinación pesca-turismo rural (aún escasamente explotada) en Tierras de León, espacio lleno de peculiaridades etnográficas como la lucha leonesa, por ejemplo. Pero ni aún la montaña ni zonas más occidentales, con sus casas de piedra y sólida identidad, en principio más favorables a repetar los presupuestos del respeto en virtud de un mayor crecimiento turístico, han sabido llevarlo a cabo. ¡Cuántos pueblos montañeses o bercianos, sólo con no haberse cometido barbaridades arquitectónicas en su seno, serían puntos de referencia turística, visitables por sí mismos! Pero también ahí aparece el fibrocemento, el manojo de cables y el chalé desmedido. En León, sólo una comarca, Maragatos, ha visto esto con claridad. Y el resultado está a la vista. Su cocido y sus casonas se conocen en toda España, muy especialmente en Madrid. Y aquel esfuerzo, que partió únicamente del pueblo, de hacer de Castrillo de los Polvazares una «joya leonesa», está a la vista de todos, y en todas las guías turísticas. Si hay que ponerle un pero, quizá sea el abandono de otras actividades agrarias y ganaderas tradicionales en favor de la única actividad del turismo y la gastronomía, no como en otros puntos del Norte donde eso se ha sabido compaginar excelentemente. Expertos en desarrollo sostenible y arquitectos comprometidos creen que la solución pasa por una toma de conciencia por parte de administraciones, ayuntamientos, y, claro está, de ciudadanos responsables.