Ha comenzado, con perdón, el tiempo de matar judíos
De la Semana Santa leonesa sorprende especialmente a los visitantes la elevación al altar de la carretera de los Cubos del insigne pellejero Genarín, y el rito de matar judíos , dicho sea con todas las disculpas que los tiempos que corren imponen. La ceremonia gastronómica del milagroso borrachuzo es escueta: pan, naranjas y aguardiente de orujo. La de matar judíos tiene mucho de alquimia, de saber mezclar muchos ingredientes para que el hechizo pueda producirse. Frutas, licores, azúcares, especias¿ y vino, buen vino, tienen que tener la medida exacta para que la cosa funcione. A la poción debe concedérsele su tiempo justo de reposo y hay que servirla en el momento exacto de su maceración y a la temperatura adecuada. Si el rito no se hace con sumo cuidado, lo único que produce es dolor de cabeza. Los hosteleros leoneses se han puesto las pilas y celebran en los días previos de la semana de Pasión un concurso de limonada, ni más¿ ni menos. Representantes del mundo de la hostelería, el periodismo y las instituciones leonesas, enólogos, bodegueros y destacadas personalidades de diversas asociaciones de sumilleres formaron el jurado del tercer Concurso de Limonada Leonesa que fue ganado por el Bar La Vinatera, de Villablino. La cita tuvo en el restaurante Formela, del Hotel Quindós, y contó con la colaboración de Televisión de León y Punto Radio. Veintidós expertos cataron las treinta limonadas que se presentaron este año al concurso y en las que se demostró -como aseguraba el Presidente de la Asociación Leonesa de Hostelería, Esteban Díez- que es imposible encontrar dos iguales. La procedencia de las limonadas participantes fue de lo más variado, llegaron preparados de todos los rincones de la región leonesa, aunque la mayor afluencia, lógicamente, fue de los establecimientos del Barrio Húmero. La limonada ganadora del primer premio logró el galardón por el estupendo equilibrio logrado entre un vino de calidad, la correcta maceración de las frutas y unos acertados toques de especias. El segundo puesto del certamen lo logró la del Museo del Barro, de La Bañeza. Y el tercero de los premios concedidos por el numeroso jurado, fue para la Ruta Jacobea. Y que quede claro: la limonada no es sangría.