Borobia, una ventana al cielo de la comunidad
En esta localidad soriana, a los pies del Moncayo, un entusiasta grupo de jóvenes aficionados regenta un Observatorio Astronómico
«El cielo nos enseña que, siempre que lo miramos, vemos el pasado». Con esta efectista y contundente frase finaliza Alberto Jiménez la sesión astronómica que ha dirigido en el Observatorio Astronómico de Castilla y León El Castillo , en Borobia (Soria), donde ha comprobado por enésima vez lo difícil de hacer comprender a los profanos, «que las estrellas están a tantos años luz de distancia que, cuando llega su resplandor, algunas ya se han apagado». Han transcurrido más de dos horas desde que este licenciado en Historia, metido a educador del universo, iniciara las explicaciones. En este tiempo, ninguno de los asistentes ha mostrado cansancio, a pesar de que el reloj ha sobrepasado con creces la medianoche. «El cielo tiene que ver con la vida, cuando hablamos de él nos damos cuenta de que nuestra existencia en la Tierra es una mota de polvo en el espacio y en el tiempo», asegura el monitor con la pasión de quien ha convertido su afición en un modo de vida. A través de un potente telescopio de 420 milímetros de de diámetro, bautizado como El Coyote , los integrantes de este grupo nocturno han podido observar planetas como Saturno. «¡Se ve el anillo que lo rodea, con toda nitidez!», exclama uno de los visitantes, después de preguntar: ¿realmente es tan ligero que flotaría en el agua? Es noche de Luna de tres cuartos, Alberto va indicando dónde se encuentra en la cara visible del satélite el Mar de la Tranquilidad y el de las Lluvias. Los asistentes a esta concurrida reunión han observado otro planeta, Júpiter, «con sus bandas naranjas», y, de postre, han navegado por una de las grandes nebulosas, Orión. La música suave y sugerente de Pink Floyd, las explicaciones de Alberto, salpicadas de innumerables anécdotas, y presenciar la apertura de una ventana en la cúpula por donde se asoma el telescopio para escrutar el infinito y que gira sobre sí mismo hasta que encuentra la posición deseada potencian entre los presentes la sensación de que asiste a «un ritual casi sagrado». Cómo es el enclave Jon Tous, uno de los pocos periodistas científicos españoles especializado en astrofotografía, asegura que «Borobia es un sitio especial con dos grandes cualidades para admirar el cielo, está a 1.200 metros de altitud y no se encuentra rodeado de muchos montes. Aquí el cielo se muestra muy negro y eso es excelente para una buena observación». Este donostiarra de 38 años se encuentra grabando imágenes para un documental sobre el Universo y, entre las pausas de su trabajo, cuenta que aún continúa emocionándose cuando contempla Saturno, «es espectacular». «Nunca me caso de mirar a la Luna para repasar dónde alunizaron las naves Apolo, de contemplar esas montañas de 4.000 metros de altura y los muros de un cráter de otros 3.000 metros.» Con la experiencia de quien desde los 13 años ha pasado miles de horas prestando atención al cielo, defiende la existencia de este tipo de observatorios, «porque una cosa es pegar el ojo tres segundos al visor del telescopio y otra observar con fundamento, que es lo que aquí se hace». «Se trata de disfrutar aprendiendo». Blas Sierra, alcalde de esta pequeña localidad soriana a los pies del Moncayo remacha, «estos cielos tan limpios, sin contaminación lumínica son el mejor reclamo para los sucesores de Ptolomeo, Copérnico y Galileo». El regidor también trabaja en este centro de divulgación científica y remata el comentario con otra sentencia positiva, «algo bueno tenía que tener el vivir en una zona despoblada». La afición de «El Castillo» El Observatorio Astronómico El Castillo se abrió al público el día de San Juan de 2002, «coincidiendo con el solsticio de verano, una fecha emblemática». Es el único de estas características en la comunidad y el primero que comenzó a funcionar en España. La iniciativa surgió «del propio pueblo», narra el alcalde de este municipio de 350 habitantes, que aún cuenta con escuela, y mantiene una alta actividad ganadera con la presencia de diez pastores que, en conjunto, suman una cabaña de unas 8.000 ovejas. «Aquí siempre ha existido afición a la astrología, los pastores poseían amplios conocimientos de las estrellas para orientarse», comenta Blas, sociólogo de profesión, y ahora socio de la empresa Cuarto creciente, que gestiona el Observatorio. Al alcalde, el gusanillo por recorrer el bosque de estrellas que forma el firmamento le vino de la mano de un familiar que le enseñó a mirar a través del telescopio. «Comencé a emocionarme con lo que veía más cerca y me puse a leer sobre estos asuntos. Aún continúo intentando conocer más de ese mundo que tenemos fuera y sobre el que nunca pensamos». Blas, como otros jóvenes, participó en un movimiento migratorio que supuso el regreso de muchos de ellos a Borobia. «Apostamos por quedarnos, presentamos un proyecto empresarial para crear este centro y recibimos una ayuda de los fondos europeos para construir un inmueble y comprar el material necesario». No afinaron bien, «el presupuesto se quedó corto y la inversión sobrepasó con creces los 50 millones de pesetas estimados y fueron necesarios otros 30 millones más». Sin embargo, continúa detallando Alberto, vieron que la idea era viable económicamente. «Constituimos una sociedad con 25 vecinos para gestionar el Observatorio». En estos cuatro años, no han recibido ninguna ayuda ni de la Junta ni de la Diputación de Soria y continúan pensando que es un buen camino para asentar población en el pueblo, sobre todo, como empresa de desarrollo sostenible. A pesar de este «olvido» institucional, mantienen un alto volumen de visitas, a diario con grupos escolares y los fines de semanas con aficionados. Una auténtica pasión El observatorio cuenta con salas de exposición, audiovisuales, sala de control y una cúpula de cuatro metros que corona la construcción y donde se encuentra El Coyote . El nombre del telescopio es un «guiño» a las costumbres del pueblo porque una ranchera mexicana con ese título se ha convertido, con los años, en el himno que se canta en cualquier acto social donde participan una gran cantidad de vecinos de la localidad. Jon Tous ofrece otro de los atractivos del observatorio borobiano, «desde el castillo las puestas de sol son únicas, sobre todo cuando hay cierta humedad en el ambiente y se enrojece el horizonte». Pero hay más, también se puede observar el «esquivo rayo verde». Esta visión es sólo para los más avezados, «hay que esperar un día de cielo claro y despejado, preferentemente en el otoño o invierno, en el que el Sol no aparezca demasiado enrojecido en su caída hacia el horizonte». «Si tenemos suerte, entonces, veremos un destello verde durante apenas unas fracciones de segundo, el tiempo que el Sol tarda en desaparecer por completo». Con el entusiasmo de quien disfruta de su trabajo, cuenta que se inició en este mundo gracias a un vecino que tenía un telescopio que le invitó a usar. «Aluciné con el anillo de Saturno». Insiste que el conocimiento es un instrumento eficaz para valorar mucho más las cosas, «no es lo mismo quedarse sólo con que el Sol está bajando y se oculta, que saber que tú estás quieto y que el sol está girando de oeste hacia el este y que ese giro hace que el astro se meta. Con ese saber, obtienes mayor placer y te preguntas más cosas». Experiencia Juan Manuel Yagüe, de 64 años, y con un rebaño de 1.500 ovejas, señala que aún no ha subido a visitar el Observatorio. Cuenta que «antaño sí que se orientaban bien con las estrellas, porque entonces se dormía al raso todo el verano junto a los rebaños», narra mientras explica que aún se sorprende viendo «esas noches estrelladas»; contemplando «El Carrico» y «eso blanco que se pone a las cinco de la mañana como un ralla en el cielo», es la Vía Láctea. Casi todos a estas visiones apenas le dan importancia. Su preocupación es otra, la instalación de una mina de magnesita que destruirá los acuíferos del río Manubles, aunque, como señala, «será el proyecto de un lunático».