Los servicios prestados por una ciudad de retaguardia

León fue una de las bases principales de la Legión Cóndor, el decisivo apoyo aéreo para la victoria franquista durante la guerra civil, y a su base llegó desde Vigo gran parte del material que Alemania enviaba en barco para su provisión

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ANA GAITERO | texto
León

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«A esa ciudad fue Franco a despedir a la Legión Cóndor, a inaugurar una central eléctrica y a pescar la trucha más grande y mejor cebada, pero nadie podría contar el secreto de ese invierno que la sepulta sin que la conciencia de los habitantes encuentre sosiego» (Fantasmas de invierno. Luis Mateo Díez) . Días después de que Franco firmara en Burgos, el 1 de abril de 1939, la célebre frase que puso fin a la guerra civil española -«cautivo y desarmado el ejército rojo...»-, el nuevo jefe del Estado asistió en León a la despedida de la Legión Cóndor. Fue el 22 de mayo de 1939. Además de una larga lista de generales y de los cinco mil hombres de la legión que desfilaron en el aeródromo y por las calles de la ciudad, se dieron cita todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la provincia. En la capital, se multiplicaron los fastos y se cambió el nombre de una calle -Varillas- para homenajear a los alemanes. Franco pronunció uno de los discursos fundacionales del régimen desde el balcón de la Diputación provincial, cuyo presidente no dudó en solicitarle «una serie de necesidades perentorias para el progreso de León y su provincia, entre las más importantes, la instalación de un ministerio y la construcción de un aeropuerto civil en La Virgen del Camino». El 30 de enero el régimen nazi de Hitler reveló oficialmente que en España luchaban unidades alemanas a favor del bando rebelde, pero lo cierto es que los efectivos aéreos entraron en España en agosto de 1936, es decir en los inicios de la contienda, primero por el puerto de Cádiz y luego por el de Vigo. El 3 de noviembre de ese año se asentó en el aeródromo de La Virgen del Camino uno de los tres staffel -unidad operativa más pequeña de la recién creada Luftwaffe- con que la Legión Cóndor, que aún no había sido bautizada como tal, inició su despliegue en España. Bajo las órdenes del capitán Werner Palm y con diez pilotos adscritos, el staffel no permaneció definitivamente en León, «sino que dado el ajetreo de finales de noviembre y principios de diciembre de 1936 se desplazaba de un lugar a otro para actuar sobre el mayor número de frentes lo mejor posible, teniendo como preferencia el frente de Madrid», precisa el historiador Manuel González. Pero no sólo mandos y pilotos fueron desplazados a España, sino cerca de 4.500 hombres -casi el equivalente a un legión romana- que realizaban labores de apoyo en tierra. El primer contingente de la Legión Cóndor salió de los puertos de Stettin y Swinemünde el 7 de noviembre de 1936 a bordo del caguero «Furda». Al final de la contienda habrían pasado por el país 15.990 efectivos, según «datos alemanes conservados en Friburgo, basados fundamentalmente en el recuento de legionarios que se embarcaron para España en los 163 barcos que la Legión Cóndor utilizó para trasladar su personal». En lo que toca a León, será sobre todo a partir de 1937 cuando se visibilice más la presencia de la Legión Cóndor, a partir de la caída del frente norte, con el capítulo todavía hoy polémico de la destrucción de Guernica en el primer ataque aéreo sobre una población civil. González aclara que los aviones que participaron en el bombardeo de Guernica no salieron de León, sino de Burgos y Vitoria. «Guernica quedó grabada a fuego en la conciencia de Europa como el gran crimen de Franco», ha escrito el historiador Paul Preston, aunque el leonés sostiene que la orden directa del bombardeo de Guernica no partió de Franco, sino de Richthofen el general alemán al mando aéreo alemán. «El jefe me deja mandar», escribió Richthofen en su diario. Aunque considera que el ataque no tuvo condicionante antinacionalistas, reconoce que la acción pudo tener como objetivo «minar la moral del pueblo vasco, en particular, y en general de los defensores de la República». El 1 de noviembre se produce el relevo en el mando alemán en el aeródromo leonés. El general Hugo Sperrle, conocido en España con el seudónimo de Sander, dejó su puesto al también general Helmuth Volkmann. «Una vez liquidado el frente asturiano -señala González en este punto- todo el grupo de caza de la Legión Cóndor se reunió en la maestranza leonesa para descansar y poner en forma los aviones, hecho que se aprovechó para la creación del nuevo staffel », que llevaría como emblema el as de pik hasta su desactivación y que luego la Luftwaffe utilizaría en la II Guerra Mundial y fue distinguido en casi todos los frentes en los que estuvo presente, sobre todo en el este de Europa. «Por sus filas pasaron pilotos excelentes y que también estuvieron en los cielos españoles enrolados en la Legión Cóndor», señala el historiador. Que la experiencia acumulada en España fue aprovechada por el régimen nazi para la II Guerra Mundial no es ninguna novedad, aunque Manuel González defiende que el «ensayo» alemán en la guerra española no se empieza a producir, al menos de forma programada, hasta 1938. Tal vez por ello, ni siquiera Franco tuvo conocimiento de la llegada de ciertos aviones a España. Así en enero de 1938 llegan al «aeródromo de León, procedentes de Vigo, vía Quintana de Raneros, en una serie de cajas marcadas con el marchamo de «alto secreto» tres aparatos Junkers Ju-874-I. Una vez montados se numeraron como 29-2, 29-3 y 29-4, pero «solamente los técnicos y pilotos alemanes tuvieron acceso a los aviones». Herman Haas estaba al mando de esta patrulla cuando el 6 de febrero salieron de León con rumbo al aeródromo de Calamocha, desde donde empezaron a operar de inmediato. «El secreto sobre las operaciones de los Stukas se siguió manteniendo allí», hasta el punto de que -apostilla González- «Herbert Léonard asegura que en la visita que Franco realizó al aerodrómo de Calamocha durante el transcurso de la batalla de Teruel no se le informó de la presencia allí de estos aparatos». Los stuka , también conocidos con el sobrenombre de «trompetas de Jericó», por el ruído que producían, ensayaron en el frente de aragón la guerra relámpago, que constitía en envolver al enemigo con tanques y atacar con la aviación. Al tratarse de un avión que operaba «en picado» era fácil su acción devastadora. Pero no era ningún secreto para la población leonesa la presencia de la Legión Cóndor. Por entonces, se hizo popular el dicho «León de los alemanes, Valladolid de los italianos», y aunque también hubo militares de la Legione en la capital leonesa la presencia alemana se arraigó más en el imaginario colectivo: «Mocita leonesa leonesa, te han visto del brazo con un nazi por la Condesa». En esta ciudad de retaguardia el golpe militar del 18 de julio de 1936 acabó con la vida de su alcalde, Miguel Castaño, del presidente de la Diputación, Ramiro Armesto, el gobernador civil, Emilio Grande Francés, y los capitanes Juan Rodríguez Lozano (abuelo paterno del actual presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero) y Timoteo Bernardo, entre una larga lista de más de un millar de personas que cayeron hasta el año 1943. Eran más misteriosas las ejecuciones en Puente Castro, sobre el paredón natural horadado por el río Torío en La Candamia, que la presencia alemana en la ciudad que se convirtió en el «reposo del piloto», en palabras de Manuel González. La caída del frente norte «supuso una merecida y ganada calma temporal para hombres y máquinas», señala su tesis. El Jagdgruppe/88 que participó en dicho frente se concentra en La Virgen del Camino, en el mes de noviembre de 1937. Los pilotos que vivían en la base bajaban a León en su tiempo de ocio, pero como no había sitio para todos en las instalaciones militares fueron muchos los que convivieron con familias leonesas o en alojamientos muy solicitados en la época como el hotel Regina. El perfil del legionario alemán que llegó España era un hombre joven, de entre 25 y 30 años, soltero, proveniente de una clase social media alta y con una preparación militar «considerable». Manuel González afirma que una gran parte de ellos eran originarios de la región nordeste alemana, es decir, de Prusia que se había constituido en el bastión de la nación surgida en 1870 con la unificación de Bismark y también apunta en su libro que «muchos de estos jóvenes burgueses» estuvieron influenciados por el movimiento Wandervögel (Pájaros errantes) que despreciaron la vida parlamentaria y exaltaron el nacionalismo, el antimaterialismo y el antisemitismo. No consta que en León hicieran proselitismo de sus ideas, aunque la población percibía su poderío, sobre todo económico. En la capital, «la internacionalización de la guerra hizo de hoteles y pensiones una verdadera Babel, debido a que en ellos confluían españoles, alemanes, italianos, portugueses, etc. que para muchos de los habitantes de la ciudad leonesa supusieron una inyección económica necesaria para poder comer todos los días», explica el historiador. Esta sería la razón, según González, de que «aceptaran sin ningún reparo» la llegada de esta «marabunta extranjera». Vicente Díaz, Regueral, Francos Encinas, Rogelio Juan, Antonio Pablos y otros pilotos leoneses hacían de cicicerones de sus colegadas extranjeros. Con ellos frecuentaban, primero, la calle Ordoño II «siempre con gran ambiente a pesar de los tiempos que corrían, donde mucha gente sin razón aparente caída desmayada o moría debido naturalmente al hambre imperante, o al miedo a los posibles bombardeos». Al caer la noche, los bares y mesones atraían a este público. El bar Azul era cita obligada para todos los que estaban relacionados con la aviación, y, entre los mesones, La Gitana, El Burro y el Besugo eran los más frecuentados. «A mi encantar saborg aceite español...» se oía decir a los legionarios alemanes. El bar Hollywood y los cafés cantantes Iris, Lión D'Or y La Paloma también albergaba el ocio del contingente aéreo. En ellos eran vistos los oficiales en compañía de mujeres. Tenían dinero y ganas de gastarlo pues, los «caballeros del aire» se jugaban la vida en cada operación. «La vida de un piloto era tan vertiginosa como la velocidad de su máquina», comenta el historiador. La aviación nacional fue la encargada de llevar a cabo bombardeos en el norte de la provincia de León, donde el frente astur leonés resistió hasta 1937, mientras a los alemanes de la Legión Cóndor se les encomiendan «operaciones de más envergadura» dentro del frente norte, como los bombardeos sobre Guernica, Gijón, Santander y Bilbao, el llamado cinturón de hierro. El sistema de transporte del material aéreo, por barco hasta Vigo y luego por ferrocarril hasta León, puede parecer ahora poco lógico, pero en aquel entonces los aviones gozaban de poca autonomía y traerlos en vuelos hubiera sido una operación mucho más compleja y arriesgada. El hecho de que La Virgen del Camino fuera «la gran base receptora de material de la Legión Cóndor en la península desde 1937» motivó sin duda que en ella se entregaran los aparatos y sus equipos para ser verificados y probados antes de la marcha alemana y el hecho de que la despedida oficial de Legión Cóndor en España se realizara en la capital leonesa. «Los técnicos alemanes apreciaban mucho a los operarios e instalaciones de la maestranza leonesa por el buen hacer», indica el historiador citando un testigo presencial. De modo que en los meses previos a que Franco firmara el último parte de guerra en Burgos, «en el aeródromo de León tenía lugar una ferviente actividad encaminada a la puesta a punto y el mantenimiento de los aviones de la Aviación Nacional y de la Legión Cóndor que actuaban en los frentes del centro y este de la Península» y se entrenaba a las tripulaciones de los grupos de bombardeo formados en la base en el año anterior. Además, en la segunda semana de enero del 39 se inició otra actividad de interés en el aeródromo como fue «la preparación de una serie de informes para conocer la cantidad de repuestos disponibles en la base para el entretenimiento de los aviones de procedencia alemana, pero que operaban ya dentro del organigrama de la Aviación Nacional». El Gobierno de Burgos había decidido quedarse con una parte de los aviones alemanes «para engrosar así las futuras unidades aéreas una vez acabada la guerra, y contar de esa manera con una fuerza aérea de primera magnitud», precisa González. En concreto, la Legión Cóndor entregó en León 13 aviones Heinkel He-III.E, cinco Dornier Do-17.P, 36 Messeschmitt Bf-109.E (se convierte en el caza estándar de la naciente Fuerza Aérea Española), cinco Henschel Hs-126, 10 Junker Ju-52/3m, dos W34 (Junker monomotor), 12 Henschel Hs-123, tres Messeschmitt Bf 108, cuatro Fiesseler Fi-156, un KI-32. Muchos utensilios y materiales estaban clasificados como secretos debido a que sólo se habían utilizado en los cielos españoles y sería revisado en León antes de ser distribuido por las unidades de la Aviación Española.

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