Una historia de fidelidad
Chasis de un excedente de vehículo militar y carrocería de aluminio. Así nació, en 1948, el Land Rover; hoy convertido en leyenda viva del 4x4 en estado puro... y duro. El ingeniero Maurice Wilks plasmaba así la idea de un vehículo para el trabajo de granja, pequeño y manejable y con cuatro ruedas motrices. Las restricciones bélicas en la cuota de acero, llevaban a Wilks a la utilización del aluminio parea la construcción de la carrocería del primer Land Rover, que vería la luz (abril de 1948) en Salón de Ámsterdam. Tres años después (1951) se ampliaba la distancia entre ejes de 80 a 86 pulgadas y hasta 88 en 1.957 (109 pulgadas en su primera versión alargada), a la vez que se montaba el primer motor diesel. Un año más tarde se conocían las primeras versiones «especiales», con carrocerías adaptadas a usos específicos, filosofía que Land Rover mantiene desde entonces en sus catálogos. A mediados de los años setenta la marca firmaba diversos contratos con fuerzas armadas de diversos países, lo que permitiría ampliar significativamente la producción de Land Rover. En 1979 se introduciría el motor V8 gasolina de 3.5 litros y en 1982 se produciría la primera versión «pick-up». La denominación Defender aparecería en 1990, para distinguirlo del entonces recién llegado Duscovery, un modelo más lujoso y «civilizado», cuyo lanzamiento coincidía también con el motor 200 TDi (inyección directa) de 2.5 litros y 112 CV, cuyo posterior desarrollo se declinaría en la versión 300 TDi y que, en 1998 llevaría a un cambio radical: el TD5 de cinco cilindros y, por primera vez, a la adopción de ABS y control electrónico de tracción.