Torneo en el Casino de Madrid: pintura vs cocina
El cocinero Paco Roncero rompió lanzas con las pinturas de Ramón Villa, bajo la atenta mirada de Isabel Mijares y Rafael Ansón.
|||| Los jóvenes cocineros españoles están a punto de dejar atrás su inmersión en la técnica, su búsqueda de nuevos caminos a través de fórmulas e instrumentos que están más acordes con la labor de los científicos, que con la de estos hombres de gorro blanco y amplia sonrisa (un buen cocinero tiene que disfrutar de excelente humor para poder llevar a buen puerto sus creaciones) que se encargan de colmar de felicidad nuestros sentidos. Ahí queríamos llegar, a la satisfacción de los sentidos a través de un arte total como es la gastronomía. ¡Que experiencia maravillosa la de sentarse ante una mesa y recibir el sutil aroma de un plato recién hecho! Y no menos espectacular es sentir las distintas sensaciones táctiles y auditivas que nos producen sus texturas. Viene después la emoción de degustar su sabor, el más intenso de los placeres gastronómicos. Y hemos dejado para el final, aunque en realidad bien podría ser este el principio, cuanto deleite estético emana de la contemplación de un plato bien construido, con una conjunción perfecta de colores y formas. Este es sin duda un arte total¿ o el arte total por excelencia y, desde luego, el que más posibilidades de disfrute tiene. Entre los grandes maestros culinarios españoles figura un joven cocinero que aprendió muchos de los secretos de un gran maestro como es Ferrán Adriá. Se llama Paco Roncero y ya hemos hablado de él en esta página al comentar algunas de sus publicaciones. Pero hoy lo haremos por algo distinto, el gran cocinero ha mantenido hace solamente unos días un interesante encuentro, más podríamos decir, un disputado un interesante torneo, en el que ha tratado de demostrar que el arte culinario está por encima del pictórico. Los árbitros En el encuentro servían de árbitros una mujer de raigambre leonesa, Isabel Mijares que es, posiblemente, la mujer más experta en vinos de este país. Y, por otro lado, el insigne Presidente de la Academia Española de Gastronomía, Rafael Ansón. En el terreno de liza las pinturas de otro leonés, Ramón Villa, ilustrador de un sin número de tratados gastronómicos, se enfrentaron a las deliciosas tapas creadas para la ocasión por Paco Roncero. El resultado fue una increíble fiesta para todos los sentidos y, sentimos decirlo, el desafío terminó con una aplastante victoria del cocinero, sin que esto supusiera pena o dolor alguno para el artista de los pinceles, que consoló su desgracia disfrutando del Pulpo con puré de patatas, los Pétalos de rosa en témpera, la caballa en papillote de verdura, el Bogavante natural con sopa de aceite de arbequina y pomelo rosa... y con la tapa dulce que con la que culminó el evento, Tierra de chocolate, que curiosamente en su terminación el cocinero empleó los mismos tonos verdes que el cuadro al que debía dar respuesta. Las maravillosas tapas que presentara Paco Roncero hicieron que los asistentes, casi se olvidaran de los espléndidos cuadros de Villa. Todas ellas estuvieron estupendamente acompañados por dos delicados champagnes franceses, un aromático Albariño y un estupendo y recio vino tinto de la D. O. de Madrid, seleccionados y presentados por Isabel Mijares. El escenario también fue espectacular, la terraza del Casino de Madrid , de donde es jefe de cocina el estupendo cocinero. De la cocina en miniatura de Roncero ha dicho Rafael Ansón: «Más allá de lo visto en este singular competición entre la pintura de Ramón Villa y las tapas de Paco Roncero, podríamos decir que las tapas que el cocinero del Casino de Madrid, van de lo aparentemente sencillo a lo más sofisticado. Hay todo un mundo entre la Miniburguer con huevos de codorniz y patatas fritas o un pequeño Bocadillo de calamares con queso Brie y aceitunas negras, a otras creaciones tan aristocráticas como su Cremoso de foie con mangostán, rúcula y Pedro Ximénez o la Terrina de hígado de pato con empanadillas de mango y vinagreta de arándanos. Una magistral lección culinaria que, como los buenos perfumes, Roncero presenta en frascos pequeños. ¡A quién no le gusta disfrutar de estas delicias en pequeñas porciones, sin comer en exceso y sin que se resientan ni nuestro paladar y nuestro bolsillo!». Laterraza del Casino de Madrid , tardó mucho en quedar vacía. En ella, como fantasmas teñidos de mil colores, quedaron en silencio los cuadros de Ramón Villa y los candelabros de acero que diseñó para la ocasión. Las armas del otro combatiente, de Paco Roncero, desaparecieron como por ensalmo, nada quedó en la arena de la panoplia del aguerrido cocinero, no sabemos si el Mago Merlín las hizo desaparecer con un ensalmo mágico, o si realmente los asistentes, dispuestos a disfrutar hasta el final de su arte excelso, se las llevaron puestas.