Cuando los conflictos de hoy se olvidan
Una década después de haber convertido el combate sierraleonés en suyo propio, el ex presidente liberiano y principal acusado, Charles Taylor, consigue aplazar hasta el 2008 su enjuicimiento por parte de Naciones Unidas
Falta de diplomacia internacional, peso de las guerrillas locales, ausencia de interés por parte de las naciones occidentales o quizás situación constante de limbo jurídico. Sierra Leona, el país reconocido por muchos como «el de los niños soldado» vive una vez más la misma película de terror. Una guerra que aún guarda secuelas, no sólo en la mente de los familiares de los 50.000 sierraleoneses asesinados y de los dos millones de refugiados, sino por las sillas vacías de los juzgados, donde apenas se han sentado algunos oficiales de segundo rango. El conflicto civil se remonta a 1991, fecha en que los combatientes del Frente Revolucionario Unido (FRU) sierraleonés iniciaron una guerra desde la parte este del país, cerca de la frontera con Liberia, para derrocar al gobierno democrático de Ahmed Kabbah. Durante seis años, la guerrilla se apoderó del país reclutando a niños soldados de la propia Sierra Leona para luchar contra los milicianos del bando opuesto y contra las primeras misiones de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En un país de diamantes, Charles Taylor fue su piedra angular, aquella que les suministró el poder, en forma de armamento, dinero y respaldo político entre 1997 y 2003. Él, a cambio, obtenía grandes sumas de beneficios por el negocio de los diamantes. Estos motivos bastaron al Tribunal Especial para Sierra Leona, creado por la ONU y por autoridades jurídicas nacionales, para acusarle hace ya cuatro largos años de tener «máxima responsabilidad» -decía la Carta de la ONU- en crímenes de guerra y de lesa humanidad. Estos delitos comprendían el homicidio, la mutilación, la violación, la esclavitud sexual, el reclutamiento de menores en las fuerzas armadas, el secuestro y los trabajos forzados. Cuando la ONU se dispuso a detener a Taylor, éste huyó a Nigeria, donde ha permanecido refugiado al amparo de su presidente, Olusengun Obasanjo, hasta que éste último, presionado por las organizaciones de derechos humanos internacionales cedió y le retiró el asilo el 27 de marzo del 2006. Eficacia del orden internacional El 29 de marzo del 2007 se cumplió un año de la detención de Taylor, y nada de lo que ha hecho el derecho internacional y sus distintas organizaciones ha servido para encarcelar al ex presidente liberiano. Un año más se repiten las miserias para el pueblo sierraleonés, pero el 2007 está doliendo y hace sangre por la aparente indestructibilidad del criminal confeso. La ONU se ha visto «obligada» a trasladarlo desde Sierra Leona hasta la penitenciaría de Scheveningen, en La Haya, a la espera de ser juzgado por el Tribunal de Sierra Leona. La organización ha alegado motivos de seguridad. No obstante, Charles Taylor, actualmente de 59 años de edad, ya ha interrumpido en varias ocasiones la labor internacional. Los últimos movimientos le han dado nuevamente la «victoria», y en un intento logrado de boicot del proceso judicial, el abogado de Taylor presentó una carta de protesta en la que el ex presidente aseguraba que su procesamiento era una «farsa injusta» por el hecho de tener sólo un abogado frente a los nueve de la Fiscalía. La ONU, ante esta queja, decidió aplazar el juicio hasta el 2008. Sierra Leona, hoy Ha celebrado el mes pasado sus primeras elecciones tras la retirada de las tropas de la ONU. Su marcha, en diciembre del 2005, ha sido como un jarro de agua fría para la población por su importante papel para el reestablecimiento de la seguridad y de la infraestructura del país. Es una democracia en transición, sí, pero donde 7 de cada 10 habitantes viven en la pobreza más absoluta y la esperanza de vida apenas llega a los 41 años. El legado del presidente de Sierra Leona durante estos diez años, el retornado Kabbah, ha estado lleno de muchas penas y algunas glorias. Ha conseguido consolidar algunas instituciones y dotar a la nación de más modernidad, sobre todo en la capital del país, Freetown -«ciudad libre», en su traducción al castellano-, pero según los datos de Naciones Unidas, posee unas de las más desesperanzadoras tasas de mortalidad infantil y analfabetismo. No existen oportunidades laborales y la población vive eclipsada por unos diamantes, que lejos de brillar en sus sucias manos, mueven un mercado nacional de 400 millones de dólares anuales, según la ONG Peace Diamond Alliance. Y como en todos los países con un fuerte recurso natural, la plaga de las desigualdades. Apenas hay una pequeña élite de adinerados mientras la masa sobrevive a duras penas. Su nivel de desarrollo así parece atestiguarlo, ya que, según el Índice de Desarrollo de Naciones Unidas se coloca en el penúltimo lugar, el número 176., sólo superando al también maltrecho Níger. Condena de la reclutación infantil La lentitud en la actuación de la ONU contrasta con su preocupación extrema por los más pequeños. La creación a su cargo del Tribunal Especial para Sierra Leona es la primera iniciativa penal que intenta iniciar enjuiciamientos por el uso de niños soldado y también la primera en la que se inician expresamente enjuiciamientos por el delito de esclavitud sexual. Varias decenas de sospechosos de pertenencia a las milicias y miembros del FRU han visto iniciados sus procedimientos judiciales, se han denegado peticiones de apelación y absolución y se han producido encarcelaciones temporales al hilo de la investigación. Sin embargo, el verdadero «monstruo» sigue ahí, y se esconde, agazapado entre los muros, reales o imaginarios, no de una cárcel, sino de una lujosa mansión llamada impunidad.