Diario de León

Los monjes contra las armas

Los birmanos han salido a la calle para protestar contra el terrible régimen militar que desde hace 45 años gobierna en esta antigua colonia británica, hoy rebautizada como Myanmar

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NANI ARENAS | texto
León

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Cuando el escritor y viajero Rudyard Kipling llegó a Rangún en 1898 un amigo le dijo: «Estás en Birmania, un país diferente a todos los que conoces». Cien años después, esta frase sigue siendo cierta, Birmania es un país peculiar. Pero si Kipling resucitase, se encontraría un panorama bien distinto. Para empezar, el país ha cambiado el nombre de Birmania por Myanmar. Y la capital ya no es Rangún, sino una aislada ciudad del norte llamada Pyinmana. Birmania tampoco es ya una colonia británica. El país se independizó de Gran Bretaña en 1948. Poco después, en 1962, el general Ne Win dio un golpe de Estado. Fue el comienzo de una de las dictaduras comunistas más largas. Y más terribles. Desde entonces, este país vive anclado en el pasado y a espaldas del mundo, dominado por la despótica mano de hierro de una sanguinaria junta militar que lleva por nombre Slorc (Comité para la Restauración del Estado y el Orden Público) y que tomó el relevo a Ne Win en 1988. Su líder es Than Shwe, un general de aspecto duro y cuya imagen frecuenta las portadas de los diarios locales. Sin embargo, la corrupta situación política que se vive en Birmania, ha pasado desapercibida ante los ojos de Occidente. Hasta la pasada semana, poca gente en el mundo había oído pronunciar nunca el nombre de Than Shwe. Ni sabía situar en un mapa este pequeño país, escondido al occidente de la península de Indochina. Ni tan siquiera los poquísimos turistas que gotean por allí, eran consientes de la trágica situación que se se vive. Aunque la junta controla todas las áreas de la vida pública, en las calles birmanas no se veían militares, ni policías. El viajero no se sentía vigilado, ni asediado. Por las ciudades y aldeas sólo se veía gente tranquila, circulando en bicicleta o caminando envuelta en su longhi , tubo de tela a modo de falda con el que visten hombres y mujeres. Sonrisa fácil Son gente amable, de sonrisa fácil, hospitalaria y agradecida. Eso sí, si el viajero pregunta sobre política a un birmano, suponiendo que encuentre alguno que hable inglés, no obtendría respuesta. Porque no les gusta nada hablar sobre temas conflictivos como su régimen militar, su sistema judicial o sobre la oposición política liderada desde la clandestinidad por la que fue premio Nobel de la paz en 1991, Aung San Suu Kyi, y que actualmente vive bajo arresto domiciliario en Rangún. Sus movimientos están siempre vigilados por la policía militar, pero todos saben que Suu Kyi tiene muchos seguidores ocultos en todo el país. Combustible Todo cambió el pasado agosto, cuando la junta militar decidió elevar el precio del combustible ¡un 500%!, acción que irritó sobremanera al pacífico pero muy pobre pueblo birmano, acostumbrado a callar por miedo a la represión. Empezaron los monjes, miles de monjes. Y tras ellos, los civiles, dirigidos desde la clandestinidad por Suu Kyi, según se afirma en distintos blogs birmanos publicados en Internet.

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