Una historia más, entre tantas en Guinea Bissau
El quinto país más pobre del mundo no puede, ni le dejan, ofrecer un futuro a su millón y medio de habitantes. Conscientes de ello, la ONG Amic trabaja allí por y para los niños, para que algún día, no muy lejano, lleven adelante el país
DL
el quinto país más pobre del mundo es el país olvidado y de los olvidados. Limitando con Senegal al norte, Guinea al sureste, el Atlántico al oeste, y a penas un millón y medio de habitantes, la antigua colonia portuguesa queda alejado de los programas internacionales de cooperación, y tan sólo unas pocas oenegés apuestan por su futuro. Es el caso de la Asociación Médica por la Infancia (Amic), una ONG catalana que trabaja en el país africano con proyectos sanitarios y educativos destinados principalmente a niños, con el objetivo de que en un futuro lleven adelante el país. En su labor, cuando alguno de los pequeños necesita el cuidado médico, propio de un país del primer mundo, son trasladados a Barcelona para poner remedio a lo que sería una muerte anunciada. Por poco, casi por poco, la burocracia del primer mundo, instalada en el tercer mundo, logra ese destino para el pequeño Amadú, de año y medio. La presión mediática y el recurso presentado por Amic consiguió poner el ojo del huracán a Amadú, logrando su visado para venir a España y ser operado una hernia umbilical gigante que sufría desde su nacimiento. La embajada española en Dakar (Senegal) denegó la primera solicitud ante la ausencia de un documento notarial necesario para la aprobación del visado. Tras el recurso presentado por la ONG catalana, en el que recordaba las cuestiones médicas por las que debía ser trasladado a España, la embajada expidió el permiso. Sin embargo, Amic fue informada de que todos los visados de Guinea Bissau habían sido denegados en bloque antes del verano. La oportunidad de un futuro Huérfano de madre desde su nacimiento -la tasa de mortalidad de las mujeres durante el parto en ese país es muy alta-, su padre le entregó a la casa de acogida Casa Emanuel al no poder alimentarlo por su escasez de recursos. De no haber sido así su vida estaba sentenciada. Sin embargo, ahora, Amadú tiene un futuro. A su llegada en septiembre al primer mundo, acompañado por voluntarios de la ONG, el pequeño de año y medio estaba asustado ante la multitud que le esperaba en el aeropuerto de Barcelona. Con una anemia importante y una desnutrición preocupante, consecuencia de la hernia umbilical, Amadú fue operado el 20 del pasado mes en una exitosa intervención, que duró tres horas. En reposo durante varias semanas, el niño guineano disfrutará hasta finales de noviembre de su primer contacto con el primer mundo, junto a su familia de acogida -formada por los cirujanos que le operaron-, donde podrá comprobar lo que es una vida normal, sin dolor, donde sus lágrimas procedan de una simple caída. Cuando regrese a Guinea Bissau irá a la guardería, luego a la escuela y, si llega a ser buen estudiante, contará con la oportunidad de estudiar en otro país. La fortuna, junto al trabajo de los cooperantes, ha hecho que se abra ante Amadú un mundo lleno de posibilidades. Su historia tiene un final feliz, pero como la de suya existen otras tantas que no han contado con esa suerte. Desde Amic, Ruth Mareño, anima a que el mundo mire de vez en cuando al país africano en el que la ayuda que hay es «poca cosa» para las necesidades que existen. Con su experiencia, Mareño confiesa lo amargo y duro que es «tener que hacer una lista de espera para salvar vidas».