Pasado y presente del Medio Físico de Castilla y León

La estructura física de la comunidad se debe principalmente a la acción de dos cataclismos geológicos ocurridos hace millones de años y cuyo resultado fue la formación de una penillanura rodeada por una orla montañosa. Las diferencias de reliev

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MIGUEL J. TRÉ | texto
León

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Castilla y León, la región más extensa de la UE ocupa una superficie de 94.147 kilómetros cuadrados distribuidos en las provincias de León, Zamora y Salamanca, al oeste; Palencia, Valladolid y Ávila, en el centro y, Burgos, Segovia y Soria, al este. Ubicada en la Meseta Norte, una plataforma llana y elevada, su altitud media es de 800 metros y está rodeada por un cíngulo montañoso de naturaleza litológica muy distinta. Al noroeste, las montañas galaico-leonesas; al norte, la Cordillera Cantábrica; al este, el Sistema Ibérico y, al sur, la Cordillera Central. Los contrastes de relieve han originado que el 66,5% de su superficie se sitúe entre los 600 y 1.000 metros y el 31,4%, entre 1.000 y 2.000. Las cotas que superan los 2.000 metros ocupan el 0,7% y están en las montañas circundantes. Las inferiores a 600 (1,9%), pertenecen a las provincias de Ávila, Burgos, León y Salamanca y corresponden a áreas geológicas hundidas o vaciadas por la erosión. Por debajo de 200 metros sólo hay una pequeña zona en la provincia de Salamanca, que forma parte de Los Arribes del Duero. Así empezó todo... La estructura física regional se debe principalmente a la acción de dos cataclismos geológicos. El primero sucedió hace 300 millones de años y se conoce como orogénesis hercínica. Fruto de su actuación se levantó un conjunto montañoso (que los geólogos conocen como el macizo Hespérico), al que la erosión convirtió en una penillanura formada por cuarcitas, pizarras y granito. Al soldarse el zócalo de la cuenca se formó una gran U, abierta por el este, a modo de golfo del mar Thetys (actual Mediterráneo), donde podrían sobresalir los islotes paleozoicos de la Sierra de la Demanda y de la serrezuela segoviana. En los siguientes 250 millones de años la erosión sobre las montañas emergidas fue depositando sedimentos en el fondo del golfo hasta colmar la cuenca. En la bocana del golfo existía una gran sima que se fue rellenando con restos calizos de algas y pequeñas conchas marinas. Durante el Cretácico se produjo una gran transgresión marina que dejó sedimentos calizos en los bordes septentrional (norte de León, Palencia y Burgos) y meridional (sur de Segovia), posteriormente cortados en profundas hoces por los ríos Esla, Torío, Ebro, Duratón y Riaza. Hace unos 25 millones de años tuvo lugar la orogénesis alpínica que rejuveneció los Sistemas Central y Cantábrico haciendo surgir las montañas calizas de las Loras burgalesas y del Sistema Ibérico al doblarse y quebrarse los estratos formados en aquella gran sima a medida que se iban acercando sus lados. El golfo se convirtió en una gran artesa que aún desaguaba por La Bureba hacia el mar Thetys abierto por el actual valle del Ebro. Hasta nuestra era, los detritos desprendidos de las montañas fueron llenando la artesa a la vez que disminuían la pendiente y la velocidad del agua. El proceso se acentuó con el basculamiento de la cuenca, levantándose por el este y hundiéndose por el oeste, cortando el desagüe hacia el mar Thetys en el puerto de La Brújula. La artesa pasó a ser un gran lago de agua salobre en cuyo centro se depositaron finas margas (rocas de carbonato cálcico y arcilla), con capas de yesos precipitados en una época de clima extremadamente seco, hasta que finalmente sedimentó la caliza que luego sería coraza protectora de los páramos frente a la erosión. A partir de este momento, el gran lago se vacía en el Atlántico, tanto más deprisa cuanto más se erosiona el fondo de Los Arribes. Al descender el nivel de las aguas emergió el fondo sedimentado y comenzó a esbozarse una red fluvial con ríos de grandes dimensiones que fueron lamiendo el terreno hasta los perfiles actuales.

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