Diario de León

200.000 kilómetros cuadrados de suelo marino están «muertos»

La asfixia llega a través de las aguas de los ríos, que transportan grandes cantidades de fertilizantes. Las organizaciones ecologistas reclaman medidas que aseguren la protección, la pesca sostenible y la reducción de la contaminación marina

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M. M. ALLER | texto
León

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Unos 200.000 kilómetros cuadrados de fondo marino están prácticamente muertos, casi cuatro veces más que hace trece años. Así se afirma en un informe presentado en Hamburgo por el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) con motivo de la reciente celebración del Día Mundial de los Océanos. Aunque el Báltico es el que tiene más superficie «muerta», con 42.000 kilómetros cuadrados, en el golfo de Méjico, el Mar Negro y el Adriático hay grandes zonas de fondo marino asfixiado, fundamentalmente por los vertidos de pesticidas. La asfixia llega a través de las aguas de los ríos, que transportan grandes cantidades de fósforo y nitratos hasta los océanos. Aunque estos fertilizantes impulsan al comienzo el crecimiento de la flora marina y de las algas, acaban provocando la extinción de los organismos y la falta de oxígeno. «Las consecuencias son dramáticas, no sólo desde el punto de vista ecológico, sino también económico, pues supone el fin de la pesca y por tanto del sustento de muchas personas», añade WWF, que emplazó a la UE a suspender las subvenciones a la agricultura convencional para frenar la hiperfertilización de los mares. Protección marina En España, WWF/Adena ha reclamado medidas urgentes que aseguren la protección marina, la pesca sostenible y la reducción significativa de la contaminación marina, imprescindibles para conservar nuestro patrimonio natural sumergido. Según indica en un comunicado la organización ecologista, nuestro país posee más de 100.000 kilómetros cuadrados de margen continental marino y en sus 8.000 kilómetros de playas y acantilados, la biodiversidad marina es de las más ricas de Europa, pero también la más desprotegida. Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF/Adena, ha afirmado que «nuestros mares están mostrando síntomas alarmantes de degradación y hacemos muy poco por evitarlo». James Leape, director general de WWF, ha manifestado que el 90% de los grandes peces (atunes y tiburones) y cetáceos han desaparecido en el último siglo, debido a la acción del hombre. Durante el año pasado, la FAO advirtió sobre la crítica situación de gran parte de los caladeros del planeta, señalando que sólo un 25% disfrutan de buena situación. El resto afrontan un estado de agotamiento, sobreexplotación o plena explotación, ya que la flota de pesca mundial es 2,5 veces mayor que lo que los océanos pueden soportar. Un estudio publicado en Science muestra que si la presión pesquera sigue como hasta ahora, hacia el año 2050 todas las especies que pescamos habrán llegado a una situación de colapso. Es decir, quedará menos del 10% de la abundancia de hace 50 años y, aunque seguirá habiendo peces, serán tan escasos que resultará poco rentable salir a pescarlos. Además del agotamiento de los recursos comerciales, la pesca insostenible provoca otros daños a la vida marina. Así, más de 325.000 tortugas, 250.000 cetáceos y millones de tiburones son capturados accidentalmente cada año. La pesca no selectiva destruye cada año 20 millones de toneladas de organismos marinos sin uso comercial y, el arrastre de fondo, miles de de corales, bosques de algas y plantas marinas y montañas submarinas. Por otro lado, la contaminación crónica en algunas zonas está afectando gravemente a las especies y a la salud de los ecosistemas. Según investigadores franceses, el 80% de la basura encontrada en la plataforma que rodea Francia y el norte de Europa es plástico. Por su parte, un desarrollo litoral sin parangón ha hipotecado hasta el último espacio libre del Mediterráneo. Un 58% de la población española vive ya en la costa, lo que ha provocado la pérdida o alteración del 75% de los sistemas dunares y el 70% de los humedales costeros en el Mediterráneo. «Una protección efectiva del mar, creando nuevas áreas marinas protegidas como el cañón del cabo de Creus o un santuario para el atún rojo al sur de Baleares; un cambio radical en el rumbo de la pesca, y una protección efectiva de la costa, evitando desarrollos urbanísticos agresivos, son sólo algunos ejemplos pero serían signos claros para parar esta degradación», afirmó Del Olmo.

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