Sochaux, el tarro de las esencias...
Aperos agrícolas, máquinas de coser, molinillos de café y pimienta, bicicletas... y automóviles. Casi doscientos años y 50 millones de vehículos marcan la trayectoria productiva de la saga Peugeot, una familia que figura entre los pioneros de
Cincuenta millones. El equivalente anual del actual mercado automovilístico mundial, se traduce, para Peugeot en toda una aventura de origen familiar cuyos orígenes se remontan a 1889 en una propuesta superior a 160 modelos: del Type I al Type 190S (1929) y más de 34 gamas: del 201 al 308. Con el león como bandera (un emblema que tomaría carta de naturaleza en 1858) la familia Peugeot se daría a conocer en el mundo de la automoción gracias a Armand Peugeot, con un triciclo a vapor: el Serpollet Peugeot presentado en la Exposición Universal de París de 1889. Un par de años después (1891), comenzaban a comercializarse los primeros automóviles firmados por la marca. En 1895, un Peugeot Type 7 ganaba la primera carrera de coches del mundo, la París-Bordeaux-París. Del trigo al acero, en una Francia muy agrícola, una familia de innovadores apuesta por la tradición industrial y abandona la explotación de la tierra. Y no sólo eso, desde el siglo XV se documenta la presencia de los Peugeot en la región de Montbéliard, en la población de Vandoncourt (actual región de Doubs). Una familia de origen campesino, que contaba también entre sus filas con artesanos, militares y tejedores. En los primeros compases del siglo XIX, la empresa «Frères Peugeot y Jacques Maillard-Salins» se convertiría en «Peugeot-Frères et Compagnie», dedicada en cuerpo y alma a la manipulación y producción del acero, cuyas manufacturas se exportaban entonces a Suiza, Itlia y Turquía; lo que tampoco impediría al consorcio industrial dedicarse a otras actividades más caseras ballenas para corsés, estructuras para paraguas, molinillos de café (sigue vendiéndose una réplica de aquel famoso molinillo que se produjo entre 1840 y 1965), las famosos herramientas del león (material de ferretería) y... los primeros miriñaques, aquellas cómodas armaduras metálicas ligeras para hinchar los vestidos de las damas de finales del XIX. A partir de entonces, la empresa comienza a mirar, definitivamente, al mundo del automóvil. Inicialmente con modelos de pequeña producción, más parecidos a coches de caballos motorizados -como todos los pioneros de la automoción- y paulatinamente convertidos en «auténticos» automóviles. Del Cero al Eclipse Entre 1929 y 1934, la aparición del modelo 201 marca el punto de inflexión en la imagen de marca: la nomenclatura del Cero central, vigente en la actualidad, y el invento del techo rígido descapotable, hoy tan en boga. La impronta automovilística de Peugeot se traducirá entonces (1929), sobre los parquets del Salón de París, en el primer automóvil de la marca que utilizaría el «0» central; Peugeot registraría así la marca de tres dígitos: nacía el 201... también la primicia de las suspensión de con ruedas independientes delanteras. Tres años después, en 1932, el lanzamiento del 301 y la victoria del 201 en el Rallye de Montecarlo, catapultarían la imagen de la marca aunque, curiosamente ese sería uno de los perores años para la compañía ya que la crisis -ya ven, nada nuevo bajo el sol- afectaría a los fabricantes de automóviles. LA producción cayó de 43.000 unidades (1930) a 33.000 (1931) y después, en 1932, a 28.000 unidades. En 1933 la recuperación se traduciría en el ascenso a 36.000 unidades producidas y en el lanzamiento (Salón de París) de línea aerodinámica para toda la gama: faros tipo «obús», rejillas del radiador ligeramente inclinadas y aletines envolventes. Peugeot creaba así toda una filosofía estética y productiva uno de cuyos máximos exponentes sería el modelo 301, cuya zaga presentaba un particular perfil «vestido de cola» muy celebrado en la época. Al año siguiente (1934) el 601, un seis cilindros de alta gama, supondría otro punto de inflexión, lo mismo que el primer descapotable sobre chasis 401, el Éclipse, una preciosista realización a tres bandas: el diseñador Paulin, el concesionario Peugeot Darl¿mat y el carrocero Pourtout, que pasaría a la producción en serie y acabaría convirtiéndose en uno de los modelos más originales de la producción mundial. Una idea -techo duro escamoteable- posteriormente recogida por Ford en los años cincuenta, por Mercedes en los noventa y retomada por Peugeot con el 205 CC en 1999. El «haz Sochaux» La presentación, en octubre de 1935, del 402 supondría la confirmación del llamado «haz Sochaux» en referencia al estilismo del modelo y a la localidad de producción: carrocería de líneas fluidas y rejilla frontal en forma de escudo que albergaba los faros en su interior. También la versión semiautomática del 402, con caja de cambios -4 velocidades- electromecánica Cotal. En febrero de 1938 se presentaba el 202, la producción anual de la marca alcanzaba las 50.000 unidades y la factoría de Sochaux contaba con 13.000 empleados. En junio de aquel año el 402 Darl¿mat, un aerodinámico biplaza de carreras, se alzaría con la victoria en la clase 1.500-2.000 c.c. en las 24 Horas de Le Mans y un año después... el desastre; Sochaux, localidad demasiado cercana a la conflictiva frontera germana no era entonces el mejor enclave fabril, así que Peugeot decidió trasladar la producción a Bordeaux-Mérignac, en el marco de los planes de movilización de la II Guerra Mundial. Se cumplirían entonces (1940) los peores presagios: las tropas alemanas ocuparon las fábricas de Sochaux que, bajo la dirección de Ferdinand Porsche, producirían 500 furgonetas mensuales. Tres años después (1943), durante la noche del 15 al 16 de julio, los Lancaster de la RAF arrasarían las instalaciones fabriles y bombardearían Sochaux con un trágico balance: 125 muertos y 250 heridos entre la población. Se iniciaba entonces un plan de sabotajes que daría con varios directores, jefes y trabajadores de la resistencia deportados a Alemania. Las tropas galas del Primer Ejército, al mando del general Lattre De Tassigny, liberarían en 1944 las fábricas y la ciudad de Sochaux. Talleres en ruinas, empresa saqueada y una plantilla reducida a la mínima expresión era el trágico balance dejado por el conflicto bélico en la «casa madre» de Peugeot. La vuelta a la producción del modelo básico de la gama 202 y la creación de la compañía «Sedis», especializada en la fabricación de cadenas de transmisión, serían los primeros pasos para poner de nuevo a la empresa en pie de producción . 203, la recuperación... En plena reconstrucción, durante la segunda mitad de los años cuarenta (1948), Peugeot propone una berlina monocasco enteramente renovada: el 203. Con el primer automóvil enteramente nuevo de la postguerra arrancaba la política de modelo único: descapotable, familiar, cabriolet, coupé... No sólo la carrocería monocasco, también los avances técnicos marcaban al 203: motor con culatas hemisféricas (Alpax) y válvulas en cabeza inclinadas en V y con las bujías en un distribuidor central. A mediados de los cincuenta (1955) el 403 y el concurso estilístico del carrocero turinés Pininfarina, marcaría el inicio de una colaboración que se mantiene hasta nuestros días. Fue el primer Peugeot con parabrisas «a bomba» y también el primero en superar el millón de unidades. Con los modelos «4», Peugeot iniciaba una andadura productiva en el -modernamente llamado- segmento medio/alto que hoy se materializa en el renovado 407. Conducir hoy esos coches resulta toda una evocadora experiencia. Una historia, la de los «4», que merece capítulo a parte...