LUGARES DE INTERÉS
Cómo ser, o al menos parecer, un parisino Un país lleno de sorpresas Españolas de adopción en París, las mejores guías

|||| París es uno de los grandes focos turísticos de Europa, pero más allá de su torre Eiffel y su museo del Louvre se esconden pequeños detalles, imperceptibles a los ojos de un turista que «corre» a ver los cientos de puntos de interés marcados por una guía tradicional. Una de las mejores maneras para descubrirlos es recorrer la ciudad en bicicleta. Sin tener que recorrer kilómetros bajo tierra en el largo metro de París -uno de los grandes inconvenientes del viaje para los turistas leoneses- y sin quedar exhaustos tras recorrer a pie las largas avenidas parisinas, el sistema de «velib» o bicicletas, en castellano, está totalmente consolidado en la capital francesa y es habitual encontrar ciclistas de todas las edades y todos los perfiles sociales. Tal y como también impulsó el Ayuntamiento de León -aunque de forma mucho más rudimentaria- París posee una completa red de puntos de recogida de bicletas, que se pueden utilizar por apenas un euro. El sistema tiene un cuidado diseño mecánico de control, puesto que las bicicletas están insertas en unos pivotes que sólo se abren al introducir una tarjerta de crédito en un panel de control. Un gesto tan sencillo permite sin duda tener otra visión de París. Dejando el Sena a un lado y con un sol que no cesó en ninguno de los días de viaje, recorrer la ciudad se convierte en una «aventura». París, la nuit Así llamaron cariñosamente muchos de los viajeros a la expedición nocturna de París, una ciudad que tiene mucho más ambiente del que muchas veces se comenta. El barrio latino, situado sobre la parada de metro de Saint Denis es una parada obligada para los españoles, con calles estrechas y llenas de establecimientos abiertos hasta tarde y con un bullicio poco habitual en París. Callejeando se puede encontrar los mejores crépes de la capital, una perfecta cena por menos de 5 euros y elaborada en el momento. Para tomarlo, o bien paseando por las callejeuelas, donde se observan algunos locales nocturno de apariencia elitista, o bien sentado en la margen del río Sena, que cuenta con bastante animación nocturna entre grupos de jóvenes y pintorescos pescadores. Con precios más asequibles y ambiente menos turístico se pueden recorrer las calles cercanas al centro de arte moderno Pompidour, donde oir hablar castellano es menos habitual y donde los bares tienen un aspecto más europeo, con música electrónica y con una estética que pasa desde el «western» americano hasta la típica taberna irlandesa. No obstante, los precios de la «marcha nocturna» parisina son más altos que los nacionales, encarecidos sobre todo por el nivel de los impuestos franceses, más altos que los españoles, y que gravan mucho más los bienes de lujo, como el tabaco y el alcohol, junto a los servicios de restauración, donde se llegan a aplicar niveles de IVA de hasta un 19,6 por ciento y que no siempre van incluido en el precio. Sólo para los más «sanos», París les dará un respiro, pues el agua suele ser gratis siempre que se pida «eau de garrafe», agua del grifo que se sirve en una modernas botellas de cristal. Desde luego y hasta en eso, lo que está fuera de duda, París es muy «chic». |||| Para descubrir todos los detalles de París, resultó inmejorable la ayuda de tres jóvenes españolas residentes en un barrio del sur de la capital francesa, una de ellas, natural del valle leonés de Valdeón. Su historia, como la de muchos otros, tiene como punto de partida «la búsqueda de mejores oportunidades laborales», «sobre todo en la rama sanitaria, donde eres mucho demandado en el extranjero», dice Raquel, barcelonesa descendiente del valle de Valdeón. «Es difícil la adaptación sobre todo por el idioma y por la diferencia de la cultura y las fomras de vida, pero la final ha merecido la pena», comenta Raquel, de 24 años y desde hace año y medio fisioterapetua en un hospital parisino. Ella vive ahora con otras dos españolas, Amaia, una catalana de su misma edad que ejerce junto a Raquel de fisioterapeuta en la sanidad pública francesa, y María, gallega de 25 años y recepcionista en un hotel de lujo de la capital francesa. Todas hablan francés como verdaderas parisinas, o al menos eso parece a incultos oídos en el idioma vecino. «Apenas sabía hablar cuando llegué pero vas aprendiendo a base de necesitarlo», apunta Amaia, que destaca la gran cantidad de españoles que se encuentra andando un día cualquiera por París, «aunque ninguno sepa comunicarse en francés», dice sonriente. «Suelen venir por pocos días, para ver lo justo y no con demasiado presupuesto», comenta por su parte María, quien estima en «pocos» los españoles que se alojan en un hotel como el suyo, un gran lujo cuyos precios oscilan entre los 1.200 y los 3.300 euros donde la mayoría de los huéspedes son árabes. Eso puede dar una idea del perfil de español turista en Francia, un turista «que no habla francés pero tampoco inglés», según explicó la encargada de la oficina de información cercana a la iglesia del Sagrado Corazón. El carácter «popular y algo escandaloso» del español también es un rasgo remarcable para Luis Domingo, representante de la Concejalía de Juventud y monitor de la excursión. «Nos cuesta mucho decir por favor y gracias, y eso en Francia sienta muy mal», observó al respecto.