«Desde los once años o poco más es casi raro no tener móvil en León»
Rafael González Calvo, profesor de secundaria en el Colegio Leonés, afirma que casi el cien por cien de los niños de once años tiene teléfono móvil, y que este determina enormemente su comportamiento. El uso masivo del teléfono móvil por parte de los más pequeños ha hecho que muchos colegios opten por prohibir la utilización de los teléfonos móviles en el centro. Aunque en ocasiones de poco sirve, ya que los menores reconocen recurrir al modo silencio o vibrador para evitar que, cuando reciben una llamada o un mensaje, los profesores se enteren de ello. Rafael, explica cómo el miedo a que les requisen el teléfono por un uso indebido es tal entre los chavales que hace que respeten bastante la prohibición. «En el centro tenemos la norma de que no se pueden utilizar los móviles, salvo excepciones claro. Su uso indebido permite a los profesores que se los requisemos. Dos días la primera vez que les pillamos, una semana la segunda, y así sucesivamente. Para ellos, que les despojemos del móvil es un trauma», señala. Aún así, reconoce cómo los jóvenes sí los llevan al colegio, aunque luego se cuiden mucho de usarlos. «Están muy pendientes del teléfono. Creo que es algo que determina su comportamiento enormemente». La mayor parte de los padres se desespera cuando ve que los chavales abusan y realizan más llamadas o envían más mensajes de la cuenta y, por lo tanto, el gasto ese mes es más elevado de lo que ellos consideran «normal». Por ello, y tal como reconocen en algunas tiendas de telefonía móvil consultadas en León, en la mayoría de los casos los móviles que compran los padres para los niños son de prepago. «Yo le cargo 15 euros al mes y cuando se lo gasta sabe que tiene que esperar hasta el mes siguiente para volver a tener saldo», dice Juan Carlos Martín cuya hija, de once años, Beatriz, tiene móvil desde el curso pasado. La excusa Casi todos los padres utilizan como excusa que sus hijos de once y doce años dispongan de un móvil porque es una forma de tenerlos controlados. Según Rafa, «cuando los padres se ven acorralados siempre responden lo mismo, que es para estar más tranquilos y saber donde están sus hijos en todo momento. Sin embargo, un chaval puede decir a su madre que está en la Catedral escuchando música a las ocho de la tarde, y realmente estar en la Oh León! con sus amigos». Según Rafael, los niños empiezan a tener un teléfono móvil propio a los 11 años. «A esa edad, es raro que un chaval no tenga móvil», dice. Sin embargo, reconoce que también se da algún caso más temprano. «Hay algunos críos que en cuarto y quinto de primaria, o sea, con 10 años, ya disponen de uno». Rafael cree que uno de los mayores problemas es que en ocasiones el teléfono es el centro de entretenimiento de los adolescentes. «Antes no teníamos teléfono y no pasaba nada. Hoy en día, si un crío tiene que pasar dos días sin él le da algo», dice. Es cierto, sin embargo, que el uso desproporcionado del teléfono móvil empieza por los adultos. Los chavales lo ven y quieren imitar a los mayores. Por eso hay que tener en cuenta que un uso más responsable debe también empezar por los adultos, comenta. Y es que en la mayoría de los casos, como confirma el profesor, lo utilizan para todo menos para hablar. Su uso va más allá de las tradicionales llamadas y mensajes a sus amigos, puesto que lo utilizan para grabar vídeos comprometedores y colgarlos en Internet. Esto también depende, como todo, de la educación del niño y de los valores que les hayan inculcado sus padres, pero muchas veces se convierte en un problema grave. «El curso pasado el centro expulsó a una joven porque intentó grabar en clase a una profesora», dice Rafael. Las cifras corroboran esta idea. Sólo el 24 por ciento de los menores realiza llamadas casi a diario, frente al 50 por ciento que envía mensajes. Uno de cada cuatro menores manda, durante el fin de semana entre 10 y 20 mensajes, según un estudio de Protégeles para el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.