Alfa 159 3.2 JTS V6, berlina de inspiración deportiva
Motor V6 de inyección directa (260 CV), tracción a las cuatro ruedas y cambio manual de 6 marchas. La actualización a la que Alfa ha sometido este año a su buque insignia, le permite al 159 seguir batallando con autoridad en el segmento alto, c
Cuatro puertas, cuatro metros y medio (largos) y 405 litros de maletero. El
cuatro
, como la tracción total en nuestra unidad de pruebas (40.000 euros), acaba por convertirse en la impronta de un 159 que, tras la actualización de 2008, se mantiene como una de las berlinas deportivas más atractivas del panorama comercial español.
Las dos carrocerías disponibles en la gama 159, Berlina y familiar Sportwagon (1.500 euros suplementarios), alojan tres motores de gasolina y otros tantos turbodiesel, todos de inyección directa y con un abanico de potencias entre 120 y 260 CV. Además del cambio manual de 6 marchas, la gama 159 adopta dos cajas automáticas: el Q-Tronic (convertidor de par) y el Selespeed (manual automatizado sin pedal de embrague).
De líneas fluidas, la
cuña
con cola truncada en la que se convierte la carrocería del 159 está muy en la filosofía estética de un fabricante que, para nadie es un secreto hace de la deportividad su razón de ser, circunstancia que se nota -“y mucho- en la dinámica de sus realizaciones.
Es verdad que las dimensiones exteriores (4,60 de largo por 1,82 de ancho) enmascaran un habitáculo que no es lo amplio que debería para el segmento de militancia, lo que tampoco significa que haya
estrecheces
en un interior que transmite una evidente sensación de robustez no exenta de calidad en la aplicación de materiales. La postura de conducción es buena, con los mandos perfectamente a la mano y un volante de tres radios, aro grueso y excelente tacto, lo mismo que los pedales en aluminio y la palanca de cambio, cuyos engranados se convierten en una auténtica delicia por rapidez y precisión.
Los 405 litros de capacidad del maletero se muestran suficientes, aunque con una boca de carga un tanto angosta por la estética zaguera del coche; suficiente, en cualquier caso.
Dónde nuestro protagonista pone el punto de inflexión es en el comportamiento rutero: el Alfa 159 es, no tanto una berlina familiar, como un coche para disfrutar conduciendo.
Con una estabilidad impecable, por mucho que acuse ciertos rebotes sobre firme irregular, y con un equipo de frenos (cuatro discos ventilados inasequibles a la fatiga) capaz de detenerlo -“el coche- sin problemas en «un pañuelo», sin excesiva intrusión del antibloqueo y conservando la trayectoria. Ayudados, eso también, por unos neumáticos (Pirelli PZero Rosso) que cumplen con las expectativas y, desde luego, por la tracción integral.
Hablando de «intrusiones», tampoco ninguna de las ayudas a la conducción (desconectables ambas, control de tracción y estabilidad) impiden realizar una conducción ágil; es decir, que los sistemas no
entran
cada dos por tres, sólo cuando realmente se necesitan, dejando un cierto libre albedrío a las
manos
del conductor, lo que siempre es de agradecer en un coche de inspiración deportiva como el que nos ocupa.
La joya de la corona, en las catálogos del
Biscione
, es el V6 de inyección directa y 260 CV que, además de entregar un alto par (32,8 metros/kilo) o precisamente por ello, se muestra mucho más eficaz que su antecesor en aceleración desde regímenes bajos y medios, lo que siempre es de agradecer en aras de una mayor confortabilidad dinámica. Al respuesta del acelerador es inmediata (la clave de la inyección directa) y también las prestaciones se han revisado al alza: 7 segundos para acelerar de cero a cien y 240 por hora de punta; eso sí, habrá que estar dispuestos a admitir un cierto
peaje consumista
(11,5 litros de media).
Y la guinda... una musicalidad sonora digna del
Virus Alfa
que, sin estrépito alguno, sí que deja bien sentados los genes de la marca.
En suma, una berlina para disfrutar, muy agradable y prestacional, que saca a relucir el mejor «ADN» de un constructor apasionado.