Diario de León
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León

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|||| Esta semana me he impuesto, aquí donde me leen, una tarea ímproba, heroica, titánica... ¡Sacarle punta a Falete! Más que al hombre, al personaje. Aunque es difícil precisar dónde acaba uno y empieza el otro (incluso dónde empiezan y acaban los dos). Y es que hasta cuándo va a la compra, hecho una mujer de su casa, Falete lleva el sello inconfundible -”gafas inmensas de sol que le tapan media cara, pendientones de perlas o de brillantes, ponchos o mantones ribeteados de piel...-” de las más genuinas estrellonas.

Como que el día que lo acompañe el cobrador del frac -”todo llegará pues tiene una deuda y no acaba de pagarla-” te digo yo que Falete al lado del de la chistera, en porte, atuendo y prestancia, no desentona. Es más, harían bien en enviarle a un cazamorosos esmirriado porque además de recordarle a su ex novio (que es quien le reclama el impago) compondría una pareja cómica con el artista que (bien llevada) podría hasta plantearse una gira con la que sacar para saldar la deuda pendiente, e incluso la de algún país tercermundista.

Siempre he sospechado que Falete tiene una vena tragicómica que es una mina aún por explotar. Pero el origen de su desgracia (y de su contradicción) radica (nunca mejor dicho) en sus propios bienes raíces. En esa casa-palacio sevillana que él se empeña en mantener y que va a llevarle a la ruina. Su ex novio acaba de denunciarle porque aún no ha percibido los 60.000 euros que le prestó. Bien es verdad que si al tal Isaac le salió caro ser novio de un megalómano, también ha cobrado lo suyo por contarlo en un plató (las gallinas que salen por las que van entrando...) Pero el problema está en esa mansión. A él se le llena la boca al hablar de ella, pero me da a mí que el palacete engulle más que Falete.

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