Diario de León

Land Rover potencia la dinámica «off road» en todas sus gamas

La cuarta generación del Discovery ofrece una estética inspirada en el continuismo de los Range Rover. La mayor novedad viene con la exclusivista serie limitada Freelander 2 TD4 (39.419 euros), con cambio manual o automático y elegante aspecto

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León

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|||| Bajo el paraguas de Tata. La compra de Land Rover por el gigante indio Tata, le ha traído una evidente tranquilidad al histórico constructor británico, que se traduce en interesantes actualizaciones técnicas: los Freelander Diesel estrenan «Stop&Start» y el Discovery se convierte en un modelo prácticamente nuevo.

Más refinados. Los Discovery, Freelander, Range Rover y Range Rover Sport reciben muco más que un mero lavado de cara : estética renovada, interiores remodelados, nuevos motores y mejor dinámica incluso en utilización off road ... que ya es decir.

El fabricante sigue considerando perfectamente asumible esa reconocible imagen geométrica que ha venido caracterizando desde hace décadas las realizaciones firmadas por Land Rover, sobre todo en el Discovery 3 que, eso sí, ha suavizado ligeramente sus trazos hasta, eso también, sofisticar un tanto la estética del modelo. Entre otras cosas, porque se adopta la tecnología LED en los grupos ópticos delanteros y traseros, incluso los faros delanteros estrenan el cambio automatizado cortas/largas. Solamente los paragolpes y la parrilla frontal se distinguen por su renovado diseño, lo mismo que el salpicadero, semejante -”cuando no claramente inspirado-” a los lujosos acabados del exclusivista Range Rover; también los asientos adoptan esta filosofía.

Lo más destacable del tal salpicadero es la nueva pantalla táctil multifunción TFT de 5 pulgadas capaz de visualizar, mediante un sofisticado sistema periférico de cámaras, prácticamente los 360º del entorno de «nuestro» vehículo; muy interesante cuando se circula por campo o a baja velocidad en momentos de gran densidad de tránsito «asfáltico».

Los técnicos de Land Rover han trabajado intensamente sobre el bastidor, arquitectura y elementos de suspensión, dirección y frenos, del Discovery 4, que propicia un excelente comportamiento dinámico en carretera. También la electrónica tiene algo que ver : el coche monta ahora un sofisticado control de estabilidad en combinación con un control específico de subviraje (deslizamiento del tren delantero) de forma que el Discovery 4 acaba por convertirse, a más de un SUV todocamino , en un auténtico todoterreno por, entre otras cosas, las bondades del «Terrain Response», ahora optimizado para que el vehículo responda con autoridad en zonas delicadas, como arena blanda o zonas rocosas. Eso, por no hablar de un perfeccionado control de descenso, con menor «salto» entre el momento de coche frenado y el inicio del descenso.

La joya de la corona es el motor TDV6 3.0 litros, biturbodiesel de 245 CV que entrega 61,2 metros/kilo de par y que, dicho sea de paso, resulta ser una herencia de Jaguar (recientemente estrenado en el XF), el otro fabricante británico ahora también bajo el paraguas de Tata. Como en otras realizaciones biturbo, también aquí uno de los turbocompresores trabaja a bajo régimen, mientras el segundo sopla a mayor régimen de vueltas. Consecuencia: óptimo rendimiento motorístico en un amplio abanico de regímenes de giro.

Un motor que, además de asociarse con un cambio automático de 6 marchas, juega una de sus mejores bazas en los 9,4 litros de consumo medio.

Freelander 2 TD4

Para nadie es un secreto que, en los últimos años, el segmento de los SUV todocamino está en plena aceleración -“relativa, claro, éste año como los demás segmentos automovilísticos- sobre todo en el apartado de modelos compactos.

Pocos como el Freelander pueden presumir de un «pasado histórico» tan relevante en el mercado de TT. Así que, Land Rover no parece dispuesta a dejarse robar... cartera alguna.

Las seis décadas de trayectoria productiva, las celebra ahora el fabricante británico -”hoy en la órbita de Tata-” con la puesta en el mercado de unas erie limitada (185 unidades) del Freelander 2 TD4 (160 CV), con la posibilidad de elegir entre cambio manual o automático (2.719 euros «a mayores»). Una exclusivista alternativa que, curiosamente, tampoco es la más equipada habida cuenta que esta terminación SX se basa en el acabado S, justo el segundo escalón en el catálogo del Freelander, al que el fabricante suma elementos como el volante tapizado en piel, sistema de audio más completo (Bluetooth incluido) y, sobre todo, con la distinción exterior de las llantas de 19 pulgadas, un alerón trasero pintado en color carrocería y los retrovisores exteriores con iluminación al suelo.

Quienes pretendan mayores condiciones de utilización off road , pueden optar, además de por la tracción total, también por elementos como el «Terrain Response» especialmente efectivo cuando se combina con el cambio automático secuencial de 6 marchas (un mando giratorio en la consola permite elegir entre conducción general, nieve, hielo o hierba, incluso entre barro o surcos) y el control HDC de descenso en pendiente.

La polivalencia es una de las grandes bazas que juega esta versión especial del Freelander, cuyas contenidas dimensiones (4,5 metros de longitud) le permiten una evidente agilidad en el tránsito urbano y con un comportamiento en asfalto más cercano al de un turismo que al de un puro TT.

La guinda es el tetracilíndrico turbodiesel de rampa común (2.2 litros y 160 CV), elástico y progresivo, cuya cifra de consumo medio homologa 8,5 litros a los cien kilómetros, lo que permitirá cubrir alrededor de 600 kilómetros sin repostar.

En definitiva, que los tres todoterrenos altos de gama de Land Rover, se han puesto al día con interesantes mejoras que los sitúan en un plano comercialmente más competitivo y tecnológicamente avanzado.

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