Más que copas

«Sibaritas» distingue al enólogo berciano como «personaje del año»

Publicado por
Ruth de andrés
León

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enóloga

Qué duda cabe que el servicio del vino en el restaurante ha evolucionado y mucho. Incluso, en el ámbito doméstico se ha visto una gran cambio. Se han renovado las cristalerías y el vino ha ganado una posición revalorizada jugando un papel protagonista. Podemos verlo en muchos pequeños detalles. En primer lugar, el destierro de aquellas copas grabadas y talladas que han dado paso a copas de cristal brillante, liso y transparente, sin colores ni florituras que nos impidan observar el vino. No entro a discutir si son bonitas o feas pero la verdad es que son poco prácticas. Otra cosa curiosa es el tamaño. Si recuerdan, antiguamente, la copa grande era la de agua y la pequeña la de vino. Ahora se han invertido los papeles: la más alta y voluminosa para el vino y relegamos al agua a un papel secundario. No puedo negar que estoy de acuerdo. Y eso que en general se dice que bebemos menos. No hay ningún razonamiento científico ni ningún experimento que pruebe que el vino sabe mejor en copa grande. Pero la verdad que es más agradable degustar el vino en una copa más amplia en la que nos es más sencillo apreciar los olores y en donde parece que el primer sorbo ya nos inunda el paladar. Es simplemente una cuestión de puro placer. Ni siquiera se hace ya distinción entre el vino blanco o el tinto. Al modesto blanco le correspondía la copa más pequeña, como quitándole importancia. No entiendo por qué. Por suerte, nos hemos olvidado de esta discriminación y blancos y tintos merecen el mismo tratamiento. Otro aspecto en el que hemos salido ganando es la forma de las copas. Y esto sí que es importante de cara a una mejor cata: la copa debe tener forma de tulipa. Es decir que el cuerpo se ensanche en la base y en la zona alta sea ligeramente cerrada. Exactamente como una flor de tulipán. Así, los aromas se recuperan en esa zona y es más sencillo captarlos. En segundo lugar, y no por ello menos importante, evitamos salpicarnos al agitar el vino durante la cata. Viendo el ímpetu con el que algunos catadores giran sus copas, evitamos manchas y situaciones embarazosas. La copas abiertas no son las más adecuadas para disfrutar de un buen vino. Aunque no se trata de vinos, no quería dejar de hablarles de las famosas copas balón que usamos para el brandy. Pues bien, éstas tampoco valen. Con esas copas tan anchas, sólo conseguimos saturarnos de alcohol. Y ahora también hay una razón científica, al haber una gran superficie de contacto con el aire, la evaporación del alcohol también es mayor y por eso se nota más. Por eso, son mucho más apropiadas las copas de destilados más finas y pequeñas. Tras varios estudios, la casa Riedel, el fabricante de copas más prestigioso al menos según muchos catadores, llegó a la conclusión de que para los brandies la copa ideal debía tener un balón mucho más ancho en la base que en la parte alta. Digamos, un tulipán exagerado o una especie de campana invertida. Hay veces que el vino se llena de esnobismo y de superficialidades que no llevan a ningún lado. pero hay veces en que en pequeños detalles, se esconde gran parte del secreto de disfrutar un buen producto. Esta es una de ellas.

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