Martes de Resurrección (Zapico contra Zapico)
La voz de los Deicidas se somete al experimento de la autocrítica de su último concierto en la capital leonesa, en la plaza de la Catedral
Como si de un martes de resurrección se hubiese tratado, resucitamos. Todos, nosotros y quienes saltaban bajo el escenario. Como si de un martes de resurrección se hubiese tratado, el dolor, el manto morado y triste, todo se tornó luminoso, brillante, soñado. Y en este martes también se acabó la cerveza, y van dos conciertos en los que esto sucede-¦ Y como si fuese otra certeza del cielo, minutos antes de la actuación nos cayeron unas de las pocas gotas de lluvia de este verano reseco.
Como ya es una vieja costumbre, saltamos al escenario a los acordes de la sintonía de El Hombre y la Tierra , magnífica pieza, que además dedicamos a toda la fauna ibérica y foránea que nos seguía esa noche. A partir de ese momento, ya todo fue alboroto, saltos, aplausos, sudor y lágrimas, pero de cocodrilo.
El grupo, comandado a los tambores por el contundente baterista Tomás, fue ejecutando los temas. Ejecutando, ya que Tomas aporrea sus bártulos de una forma que saltan disparados los trozos de baqueta. Y con la contundencia compaginada por Ricar al bajo, que les hace crear una sección rítmica a prueba de todo.
La primera canción fue Ahora que veo salir el Sol , que pone a la gente a tono en esos primeros momentos en los que no sabes si sonará bien. Como las guitarras, con esa guitarra de Pájaro tan impecable como implacable, que gira y gira en vertiginosos acordes y tremendos punteos, y la de Moisés, que hace lo suyo, y que cuando arranca no hay quien le pare, efectivo y visceral, de los que se deja llevar por el estado de ánimo general. Parece que todo volvió a funcionar y fuimos repasando las canciones de todos nuestros discos. Desde el primer Ep Moderno de Cartón Piedra hasta Epístolas .
Con este cometido nos enzarzamos con El barco más pirata , esa canción que salió en un single llamado Live in Astorga . Sara sirvió para atemperar los ánimos. La gente saltaba, cantaba, y bebía, que yo les veía.
Habíamos pedido al encargado del equipo de iluminación que no nos inundara de humo, y nos dijo que ahora lo que se usaba era la niebla. Y es verdad que esta nueva niebla no intoxica tanto como el humo. Y en este momento comenzó la revolución: El regreso de los jipis , del disco conjunto Pigs Conexión . Los saltos fueron al máximo, no deja de ser el tema más punki del repertorio, o al menos a mi me lo parece. Para dar la puntilla tocamos Moderno de cartón piedra , versión del Walkin-™in the sand de The Sangri Las, que demuestra chulería y crítica a los modernos de cartón piedra de todas las épocas y momentos. La gente, la verdad, estaba entregada y no disminuía su número (un temor recurrente: que se te vaya el público poco a poco).
Después de pedir al Obispo que deje apostatar a quien quiera y no sea tan malo, pisamos el pistón y ya todo fue un acelere hasta la traca final. El delirio llegó a los primeros acordes de Cuatreros , uno de los dos temas del disco conjunto de Teloneros . Todos, del Páramo o la Montaña, se desbocaron y corearon el estribillo: «-¦ El Oeste está en León». Aquí me animé y fue cuando hice unas cuantas fotos al personal, que están disponibles en el Facebook y en Myspace.
El fin de fiesta no podía ser otro que No puedes o Poder de seducción . Moisés se estrenó en los coros y la cosa fue apoteósica, apabullante, delirante, salimos embriagados de aplausos, afecto, cariño-¦
Se pidió otra y volvimos rápidamente al escenario, con Bendito Bar y No es extraño , de nuestros admirados Burning. Dimos las gracias y nos reunimos tras el escenario. No dejó de llegar gente a felicitarnos. Y quedamos rendidos, sudorosos, con la idea de haber resucitado un martes cualquiera de agosto frente a la Catedral. Y aunque haya sido temporal, por unos días, meses, conciertos-¦ creo que nadie la va a olvidar.