CANTO RODADO

guantanamera

murió fidel castro y el mundo aún tiene una revolución pendiente. después de los protestantes, los burgueses y los obreros, es el turno de las mujeres

León

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Cuba, y el mundo entero, pasan la página de Fidel Castro. Unos cantan, con más o menos desacordes, Se acabó la diversión ... la canción compuesta para contar al pueblo (y al mundo) la epopeya que protagonizaron los jóvenes barbudos capitaneados por Fidel, Camilo Cienfuegos y el Che y tuvo su culmen con la entrada triunfal en La Habana, el día de Año Nuevo de 1959.

Otros brindan por la muerte de un dictador cuya sombra alargada se proyectó sobre la isla incluso retirado del poder. Y gritan: ¡Viva Cuba libre! El mismo eslogan, por cierto, que enarbolaron los revolucionarios en el largo camino desde Sierra Maestra hasta la capital, de este a oeste, durante 25 meses de insurgencia contra la dictadura de Batista.

La música ha sido, por encima de muchos otros, el lenguaje más eficaz para fijar los iconos y las ideas de aquel episodio que, digan lo que digan ahora, no sólo es histórico sino que marcó un hito en la esperanza de los pueblos. Cuba, desde su diminuto tamaño, se convirtió en una enorme amenaza, un caimán gigante, para Estados Unidos en plena guerra fría: temían que su ejemplo se multiplicara en América Latina. No les faltaba razón. Por eso mandaron matar al Che en Bolivia y a Allende en Chile.

Rebeldes con causa

E se espíritu rebelde que se respiró en la política y en la cultura, en los movimientos sociales e incluso en la iglesia católica, en los años 60 y 70 fue coreado por millones de jóvenes de todo el mundo. Cantaban A Cuba con Víctor Jara: «Si quieres conocer a Martí y a Fidel... A Cuba a Cuba, a Cuba iré... Si quieres beber ron pero sin Coca Cola... A Cuba, a Cuba, a Cuba iré... »

Cuba es un icono para los defensores y para los detractores de aquella revolución. Está por ver si su simbolismo se diluirá en las azules aguas del mar Caribe con la muerte de Fidel Castro. El fin del bloqueo norteamericano que ha ahogado al pueblo cubano, especialmente desde que dejó de recibir las jugosas ayudas de la Unión Soviética, está cada vez más cerca.

Visité La Habana y Santiago, Pinar del Río y Cayó Largo, Siboney y las inmediaciones de Guantánamo en 1991. Coincidió con el comienzo del período especial, con el país sumido en la escasez y muchas mulatas y mulatos jineteando en el Malecón de La Habana, ya rendida al turismo. Santiago era otra cosa, aunque fue allí donde conocí los taxis clandestinos y la gran capacidad de los cubanos para ‘resolver’.

Un gran publicista

M e fascinó la imaginación y la alegría de aquella gente, que tenía difícil acceder a los productos de primera necesidad. Un pueblo culto y cultivado, con una sanidad basada en la prevención y puntera en muchas especialidades. Un pueblo solidario y orgulloso de sus raíces. Y también un pueblo sin libertad. Prisionero de los chivatos de los CDR y de la oligarquía militar.

El viaje de las cenizas de Fidel Castro desde La Habana hasta Santiago es más que un ritual fúnebre. El comandante fue un gran publicista y ha querido dejar grabada en la memoria del mundo la epopeya de la revolución cubana. Me pregunto cómo lo recordará dentro de 20 años la niña que lo saluda, vestida con su uniforme de pionera.

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Murió Fidel Castro y el mundo aún necesita una revolución. Primero fueron los protestantes, luego los burgueses, después los obreros y campesinos y ahora son las mujeres las que pilotan los grandes cambios sociales en el mundo. Hay una revolución pendiente de las pequeñas cosas y de la gente pequeña, en los pequeños lugares que aún cree en los versos del poeta y también revolucionario José Martí: «Cultivo una rosa blanca, en julio, como en enero... Para el amigo sincero que me da su mano franca y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni ortiga cultivo, cultivo una rosa blanca». Guantanamera.