CANTO RODADO
mecenas
desmantelada la industria y la democracia, la provincia está al albur de mecenas y multimillonarios que quieran salvarla

Al fin, la lluvia. Agua de abril en mayo y lluvia de dinero de Amancio Ortega para la sanidad de Castilla y León. En el Bierzo, el rayo se ensañó hasta con los muertos y la piedra con las cerezas. Pero a la Junta le tocó la pedrea de la lotería que reparte el segundo hombre más rico del mundo con las ganancias de su emporio textil para modernizar la tecnología del plan de detección precoz del cáncer de mama.
No le vamos a afear a Amancio Ortega, un leonés de cuna, nacido en Busdongo, su gesto con los servicios públicos sanitarios después del tajazo que han sufrido con los recortes presupuestarios. Y menos aún en una provincia que tiene uno de los centros logísticos de Inditex más importantes del Noroeste peninsular, con una plantilla de más de 600 personas. Ni las becas que cada año reparte entre jóvenes para estudiar el bachillerato en Canadá. El próximo curso irán tres estudiantes de León.
El gesto le puede engrandecer como persona, pero no como empresario. Sabemos que las donaciones están sujetas a una desgravación fiscal y que la ingeniería financiera de su imperio le permite tributar una parte de sus impuestos en Holanda con tipos inferiores a los españoles. Y sabemos, en fin, que la mayor parte de sus empleados se radican en las factorías extranjeras sujetas a condiciones laborales y salarios que nada tienen que ver con las europeas.
La pedrea ha caído en León, fuera de temporada, en esta semana de lluvias y rayos, de truenos y calamidades para el campo y para un Bierzo al que no le dan tregua los incendios ni la gran corporación de Endesa, otrora buque insignia de la empresa pública, con el anuncio del cierre de la central térmica de Compostilla para 2020.
La fundación Nemesio Díez, otro leonés que hizo fortuna en México, dona 31 millones para financiar la película del libro de la concejala de Cultura, Margarita Torres, en el que se dice que el cáliz de doña Urraca es el santo grial.
Está claro que esta señora ha venido a hablar de su libro y punto. Primero con fondos de la Fundación Siglo y ahora con la propina del indiano. De la plaza del Grano no ha dicho está boca mía. Y la plaza se deteriora a marchas forzadas por la inacción y la intencionada desidia municipal, mientras sus aceras de lápidas de cementerio fenecieron estos días de lluvia y pedrisco, bajo la piqueta municipal (con el brazo de la empresa adjudicataria) para dar paso a las perfectas losas grises de perfectas líneas y trazados de estudio de arquitectura. Abajo las imperfecciones y la belleza de la plaza de pueblo y del pueblo.
Duele la plaza y hastía la falta de diálogo del alcalde con el pueblo. Porque Silván no es un rico ni un mecenas. Hay que recordarle que es un señor elegido para servir al pueblo y ahora que el PSOE, la UPL, y Ciudadanos cautelarmente, se han caído del guindo, ya tiene a toda la oposición en contra. Y la Junta, ¿qué decir de la comisión de Patrimonio que ya en su día dejó taladrar la muralla para abrir un párking en la plaza Mayor?
Ya sólo podemos confiar en que un rico venga a salvar a la plaza, como va a salvar la renacentista de Grajal de Campos el multimillonario Richard H. Driehaus y como salvaron el palomar que fue del Monasterio de Carracedo la pareja holandesa Ruud y Hanneke Loman gracias a la leonesa más utópica y su Asociación de Amigos de los Palomares de León.
Todo parece indicar que las vacas y los bueyes de León también se salvarán en Cerezales del Condado gracias a otro mecenas, la Fundación Antonino y Cinia, que ya tienen la granja escuela integrada con el centro cultural, que acaban de inaugurar con la singular obra a pie de Hamish Fulton. Lo dicho, sólo los ricos nos salvarán.