Por qué tu coche sufre con el frío y cómo salvarlo antes de arrancar
La batería es otra de las grandes víctimas de las heladas nocturnas

Un hombre limpia de nieve su coche atrapado por la nieve en una céntrica calle de Ávila, el pasado domingo.
La llegada de las bajas temperaturas invernales no solo afecta a nuestra resistencia física, sino que somete a los motores de combustión a un esfuerzo extremo que puede comprometer su vida útil. El principal problema radica en la viscosidad del aceite, que con el frío se vuelve mucho más denso y pesado, dificultando su circulación por los estrechos conductos del bloque motor. Durante los primeros segundos tras el arranque, las piezas metálicas carecen de una lubricación adecuada, lo que provoca un desgaste por fricción mucho más severo que en condiciones normales de funcionamiento.
La batería es otra de las grandes víctimas de las heladas nocturnas, ya que las reacciones químicas necesarias para generar energía se ralentizan drásticamente cuando el termómetro cae. Un motor frío requiere un esfuerzo extra para ponerse en marcha debido a la resistencia del aceite espeso, precisamente en el momento en que la batería se encuentra en su punto de menor rendimiento. Esta combinación de factores explica por qué tantos vehículos se quedan "muertos" en los garajes o en la calle durante las mañanas más gélidas de la temporada.
Para evitar averías costosas y prolongar la salud del vehículo, la clave reside en la paciencia y el mantenimiento preventivo. Es fundamental permitir que el motor repose al ralentí durante al menos un minuto antes de iniciar la marcha, permitiendo que el lubricante alcance la temperatura necesaria para fluir correctamente. Una vez en movimiento, se debe conducir con suavidad y evitar las aceleraciones bruscas hasta que el indicador de temperatura del cuadro de mandos alcance su nivel óptimo, asegurando así que todos los componentes se hayan expandido de forma uniforme por el calor.
Además del cuidado operativo, revisar el estado de los líquidos es una medida de seguridad imprescindible para afrontar el invierno con garantías. El líquido refrigerante debe tener la concentración adecuada de anticongelante para evitar que se solidifique y rompa los manguitos o el radiador, mientras que las bujías en los coches de gasolina y los calentadores en los diésel deben estar en perfecto estado para facilitar el encendido. Un simple chequeo visual y una batería con menos de cuatro años de antigüedad pueden ser la diferencia entre un trayecto tranquilo y una llamada de emergencia a la grúa.