León nota los primeros efectos del cambio climático en el calentamiento de Picos

Los científicos constatan los peores pronósticos con una subida de 0,9 grados durante los últimos 150 años

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marco romero | león
León

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Los peores pronósticos se están cumpliendo. La temperatura media ha subido 0,9 grados centígrados en Picos de Europa, última reliquia eurosiberiana de la provincia leonesa, durante los últimos 150 años. Así lo constata el último estudio sobre el glaciarismo en España publicado por la revista The Holocene, en el que se sentencia de muerte a los últimos heleros del parque nacional en un periodo no superior a los 30 años. El preocupante aumento de la temperatura confirmado en este trabajo viene a secundar las advertencias lanzadas hace más de cuatro años por 300 científicos que estudiaron las huellas del cambio climático en España, en las que se predijo que el calentamiento global del planeta convertiría durante el siglo XXI el clima templado de León en mediterráneo y que las zonas con características eurosiberianas, caso de la montaña cantábrica, tenderían a moderarse. Este fenómeno se verifica coincidiendo con la resaca de la Cumbre de Copenhague, en la que no se ha logrado arrancar ningún compromiso contundente para evitar las consecuencias del efecto invernadero en el planeta. Entretanto, su avance es inevitable. Juan José González Trueba, consultor científico del Ministerio de Medio Ambiente, ha centrado su estudio en la parte más sensible y vulnerable de la naturaleza frente a un incremento de temperaturas: los glaciares. Ha comparado los datos del glaciarismo actual e histórico y los ha cruzado con la información del Programa Nacional Erhin, de manera que su conclusión no puede ser más realista. El proceso de desglaciación es irreversible, incluso en Pirineos, y muestra de ello es que «ya no existen glaciares activos en Picos de Europa». Sólo hay reliquias que permanecen aisladas en parches de hielo que datan del último avance glaciar del primer tercio del siglo XIX. Todo ello como consecuencia del aumento de casi un grado de temperatura en el último siglo y medio. Los científicos han tenido en cuenta para medir este incremento la altitud a la que se encuentra la línea de equilibrio glaciar, que es el límite que localiza dónde un glaciar acumula y dónde tiene su punto de fusión. Ese aumento tendrá efectos irremediables. Los cambios proyectados para el periodo comprendido entre los años 2071 y 2100 respecto a 1961-1990 estiman para el cuadrante territorial donde se encuentra la provincia aumentos de dos a tres grados centígrados durante el invierno, la misma proporción se produciría en primavera, mientras que durante los veranos habrá repuntes de hasta cinco grados, que serán de dos a tres grados en los meses de otoño. El estudio coordinado desde la Oficina del Cambio Climático también pronostica más lluvia durante el invierno y el otoño frente a la aridez que caracterizará a todas las regiones meridionales y mediterráneas. Con esa previsión es fácil imaginar el deshielo de los últimos glaciares de la montaña cantábrica. Actualmente no abarcan un área mayor de siete hectáreas, que albergan seis glaciares diminutos: tres en el macizo central (Jou Negro, Llambrión y Palanca) y otros tres en el macizo Occidental (Cemba Vieya, Forcadona y Peña Santa). «Cuatro de ellos se encuentran semienterrados o totalmente ocultos bajo las rocas y dos han desaparecido». «Ha sido un buen año de recarga», explica Ángel Fernández, responsable de Biosfera, la empresa que ha realizado por encargo del parque nacional el seguimiento de los glaciares de Picos de Europa. Según sus datos, aunque el año pasado retrocedieron «entre uno y dos metros», la nieve del pasado invierno tapó los heleros y los ha conservado de las altas temperaturas veraniegas.

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