Más de 1.200 kilómetros cuadrados de flora única tienden ya a la desaparición
Los científicos auguran para el territorio de León grandes cambios como consecuencia del calentamiento global. Y todos negativos. Tanto que se acerca a la Apocalipsis. La desertización, provocada por los incendios, absorberá la fertilidad de los cultivos de regadío. El contenido en carbono orgánico de los suelos de la provincia disminuirá por su elevado nivel de humedad, lo cual afectará de una forma negativa a las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo. Entre otros efectos se espera que el aumento de temperaturas previsto para el próximo siglo desplace la vegetación leñosa hacia las zonas más altas de las montañas y las comunidades que ya se encuentran en estas zonas altas se extinguirán. En este sentido, una aportación del catedrático de la Universidad de León Estanislao de Luis-Calabuig sostiene que los tratamientos selvícolas serán esenciales para decidir cómo manejar el paisaje valorando también su papel como reservorio de la biodiversidad. Con un gran nivel de certeza se puede asegurar que el cambio climático hará que parte de los ecosistemas acuáticos continentales pasen de ser permanentes a estacionales. En general, los caudales de los ríos disminuirán y la temperatura del agua subirá, por lo que habrá especies acuáticas que se desplacen aguas arriba. Las zonas más vulnerables son los ríos y arroyos de alta montaña, ubicados en cotas entre 1.800 y 2.500 metros de altitud. Asimismo la climatología prevista para el año 2030 reducirá más de un 5% el agua que surge de manantiales, puesto que la sensibilidad de los recursos al aumento de la temperatura es muy alta. Zonas más vulnerabless. Los estudios revelan que la flora más amenazada de la provincia se encuentra distribuida en un área de 1.200 kilómetros cuadrados, que se corresponden con las zonas de alta montaña. La vegetación eurosiberiana es la más vulnerable. Verá reducido su ciclo vital y hay poblaciones que experimentarán retracciones importantes. La mediterraneización del tercio norte peninsular favorecerá la expansión de encinares y alcornocales a costa de otros bosques. Los matorrales colonizarán pastos y cultivos abandonados, aunque por otro lado experimentarán notables reajustes en su composición florística y en su distribución. Los efectos del clima también afectarán a la biodiversidad animal. Una de las consecuencias previsibles es el desplazamiento en la distribución de especies terrestres hacia la zona norte o hacia mayores altitudes, en algunos casoc on una clara reducción de sus áreas de distribución. En respuesta al calentamiento podría esperarse un desplazamiento de los animales o su adaptación a las nuevas condiciones, aunque ninguna posibilidad parece factible. Daños en el campo. Mientras que los sindicatos agrarios ya están adelantando que los efectos sobre el sector serán desastrosos, los científicos concretan que el rendimiento de los cultivos será desigual y que las ganaderías tenderán a ser menos rentables. Se da la circunstancia de que las temperaturas más suaves en invierno permitirán compensar la baja productividad de los veranos. Los impactos del cambio climático también afectarán al turismo. La alteración de los ecosistemas dejará de reportar beneficios económicos, sociales y ambientales en las zonas de montaña. Se prevén pocas riadas, aunque más intensas, aludes y más incendios forestales. Por esta razón, uno de los sectores más afectados será el de los seguros. La descarga de tormentas y las inundaciones serán los eventos que más factura pasen a las compañías.