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León

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El número de panaderías registradas en la provincia de León ha descendido en torno al 30% en la última década, según los datos que maneja la Federación Leonesa de Empresarios. Traducido en cifras, significa que de los 360 establecimientos que operaban a finales de los noventa sólo se mantienen 250.

La asociación provincial de panaderos reconoce que «no se puede señalar una causa concreta como culpable de ese descenso, pero sí existen varios factores que han influido, como la jubilación de una saga de panaderos, cuyos hijos no sienten el mismo interés por mantener el negocio; unido a que es un trabajo muy sacrificado por sus horarios nocturnos y la escasez de vacaciones». También entienden que ha sido determinante «la disminución del consumo de pan, sobre todo, en la provincia, incentivado por la despoblación de los pueblos y porque las familias actuales son menos numerosas».

Sin transmisión de empresa. La asociación calcula que cerca del 90% de las panaderías de León son de estructura familiar y están situadas en el medio rural. «No hay trasmisión de empresa y las panaderías van cerrando», indican. Además, han detectado un exceso de oferta frente a la demanda, al producirse un desfase entre la mecanización del proceso de elaboración, que permite fabricar más cantidad en menos tiempo, y los clientes, que han rebajado sus peticiones de pan en los últimos años. «Así, el producto tiene que bajar su precio con unos costos y unas condiciones de venta a la baja», explican.

Una provincia atípica. La asociación califica a León como una provincia muy «atípica en la comercialización del pan, ya que, en muchos casos, por su estructura, no depende directamente del panadero. Los panaderos carecen de puntos de venta propios y éso hace que tengan que dejar su producto en tiendas de alimentación, quioscos, tiendas de golosinas, carnicerías-¦». A finales de los noventa la asociación contabilizó que entraban en León capital más de cien panaderos a dejar su mercancía. También lamentan la creciente despoblación de los pueblos, que está dificultando la supervivencia de las panaderías locales. «Ya no pueden vivir con los vecinos que quedan y tienen que buscar nuevos clientes o cerrar», señalan.

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