Entrevista
«Quiero hacer un inventario de artesanos rurales»
Concha Casado Lobato (León. 1920) recibe el día 22 de abril el premio a la Restauración y Conservación del Patrimonio de Castilla y León. Empezó documentando el habla de La Cabrera en 1944 con su tesis doctoral. Y tras retirarse de su trabajo en el Csic, en los años 80, inició una jubilación activa en pos del patrimonio popular y etnográfico. Ha tocado todos los palos -”indumentaria tradicional, artesanías, arquitectura y religiosidad popular, monasterios... y ha llamado a todas las puertas.
-”¿Cómo descubre el valor de las artesanías?
-”Unos amigos me trajeron de Estados Unidos el vídeo Los tesoros vivientes del Japón : eran 22 artesanos japoneses, mujeres y hombres, de diferentes artesanías (madera, hierro, lana...). Vi que la sociedad japonesa lo valoraba mucho y recuerdo que una de las artesanas, una señora de ochenta y tantos años que era tejedora, decía que la gente hacía colas para comprar una pieza al precio que ella quisiera para que viviera bien, porque era una joya. Aquello me impactó. Siempre me había interesado por los artesanos pero ví que había que ir sobre todo a ese artesano rural. Ahora estoy recorriendo las comarcas leonesas.
-”¿Y quedan artesanos?
-”He descubierto algunos maravillosos y no quiero morirme sin hacer un inventario de todos estos artesanos rurales como el de Villalquite, que hace cestería con paja de centeno; o el de Palacios de la Valduerna, especialista en cerandas de piel de caballo. Aunque ya no trabaja, le pedí que hiciera una y me la llevé al Museo Etnográfico de Mansilla. La puse en la entrada con una foto y su nombre. O el de Sardonedo que hace los barriles de era, para llevar el vino o el agua a la era. En la Catedral hay una vidriera del siglo XVI con uno de estos barriles que se hacen de mimbre y palera. Otra joya maravillosa que no se puede perder es la fábrica de curtidos de Santa María del Páramo. Las instituciones tienen que interesarse por ella y que no se pierda.
-”¿Su labor ha hecho mella?
-”Algo sí.
-”Tiene fama de cantarle las cuarenta a los políticos...
-”Creo que soy una persona tan clara, que no busco el dinero ni el poder, sino salvar esa cultura tradicional. Eso es lo que convence. Es algo que no se puede dejar, había que hacer algo.
-”¿Cómo surgió el Alfar Museo?
-”Ví en el periódico que querían hacer una escuela y fui a pedir una entrevista con el presidente de la Diputación. Creo que se informó un poco de mí y lo puso en mis manos. Vine durante semanas con el arquitecto, me recogía en casa por la tarde y estábamos hasta la noche, cuidando todo con detalle. Era un antiguo alfar y quedó muy bien restaurado. Se conservó el horno de leña, que era la clave para cocer los cacharros la manera tradicional, y luego tuvimos uno de los mejores alfareros de Jiménez de Jamuz, Martín Cordero Peñín, que formó durante tres años a Jaime, el alfarero actual.
-”¿Y después?
-”Después fue el Batán Museo del Val de San Lorenzo. Allí me ayudó mucho Paco Azconegui, el director de la Escuela Taller de León. Hacíamos igual: veníamos desde las tres de la tarde hasta las nueve de la noche. Se hicieron muchas cosas en lo que hoy es el Centro de los Oficios.
-”Pero no paró ahí la cosa...
-”Luego hicimos el de la Arriería en Santiagomillas y el de La Cabrera en Encinedo.
-”Aparte de la arquitectura de La Cabrera, los artesanos que perviven son sus últimas pasiones...¿Le preocupa que perdure esa actividad artesanal?
-”Claro, por eso quiero hacer ese inventario de los artesanos y por eso es importante que la escuela y la sociedad, a través de los medios de comunicación, valoren a estas personas y estas artesanías. No está reñido con el progreso.
-”¿Qué significa el premio Castilla y León a la Restauración y Conservación del Patrimonio?
-”Me ha alegrado mucho porque significa que las instituciones valoran eso que yo valoro, que es cultura transmitida a través de los siglos. La mayor alegría es que eso no se pierda. Por eso es importante la escuela y un profesorado bien preparado que transmita esa valoración.
-”¿Cuál es su pieza favorita en el Alfar?
-”Me encantan todos los cacharros, pero sobre todo la botija de aceite y el botijo de cura. Estas piezas se siguen haciendo igual que antes gracias a Martín Cordero Peñín, un tesoro. Aprendió desde niño las piezas tradicionales, igual que la decoración (con la pluma del ala derecha, me decía). Fue una persona extraordinaria.