El precedente del Senado tranquilizó el Congreso
La colosal bronca política vivida el martes en el Senado, con buena parte de la bancada popular gritando durante varios minutos «¡Zapatero, dimisión!», sobrevoló ayer la sesión de control al Gobierno en el Congreso, donde los grupos consiguieron que no se reeditase un espectáculo semejante. Se palpó el síndrome del Senado.
El tradicional y semanal pulso dialéctico de cinco minutos entre Zapatero y Rajoy adoptó un perfil bajo, con intervenciones contenidas, sin aspavientos y sin alzar la voz pese al calado de los anuncios. Nada parecido a la refriega de la víspera. Las bancadas de ambos partidos, pese a estar casi al completo, guardaron un inusual silencio durante las alocuciones sin apenas interrupciones.
La única muestra de efusividad se produjo cuando el presidente del Gobierno terminó su turno, que fue despedido por una ovación de los socialistas, sin respuesta desde el PP.