Reportaje | marco romero

El universo oculto del suicidio

Los casos de suicidio se estabilizan, pero la reducción de muertes en carretera los convierten ya en la primera causa de muerte no natural en determinadas franjas de edad entre los leoneses de más de 40 años

Imagen de archivo de una sala de autopsia

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marco romero | león
León

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La paulatina reducción de las muertes en accidentes de tráfico ya ha colocado al suicidio como la primera o segunda causa de fallecimiento no natural, dependiendo de la franja de edad, entre los leoneses de más de 40 años, según la última estadística difundida por el INE. La incidencia de los 30-50 suicidios que se vienen registrando de media durante los últimos tres decenios en la provincia resulta testimonial entre los casi 6.000 fallecimientos que se registran anualmente en la provincia. Pero detrás de cada acto suicida se impone un universo oculto que implica a siquiatras, sicólogos, jueces, forenses, oenegés, instituciones y medios de comunicación en el silenciado debate sobre un tipo de muerte que en León tiene una incidencia diez veces superior a los homicidios.

Desde que hay estadísticas de referencia (1980), en León se han quitado la vida 1.396 personas. A pesar de los escalofriantes datos que se ofrecen a escala mundial -"la OMS calcula que se conocen más de un millón de suicidios al año en el mundo-", la provincia se contiene en los mismos ratios desde hace 28 años, con picos de 65 suicidios en 1994 a 34 en el 2008. Esta diferencia sustancial en las cifras se debe a un cambio que efectó el Instituto Nacional de Estadística el año pasado para basar sus informaciones en la información facilitada por los forenses en sustitución de la que aportaban los centros sanitarios a través de partes médicos, de manera que el sucidio queda ahora incorporado a la estadística de Defunciones según la causa de muerte, en el subapartado Causas externas de mortalidad, como los accidentes de tráfico. Éstos ya no son la primera causa de mortalidad en determinadas franjas de edad. Los fallecimientos por suicidio los superan notablemente entre la población de 40 a 44 años, de 50 a 54 y de 60 a 64. El fenómeno mundial del aumento de suicidios entre adolescentes no se da, ni de lejos, en León. Sí se sigue comprobando que se suicidan más varones que mujeres, aunque ellas protagonizan más intentos.

«Casi un 50% de los suicidios nunca llegan a salir bien», aproxima el forense Mariano de la Torre, director del Instituto de Medicina Legal de León. Matiza que, de hecho, hay intentos de suicidio que se registran como meros accidentes. «Puede ser el hipotético caso de un adolescente despechado que quiere llamar la atención de su pareja y se asoma a un puente. Puede parecer un suicidio, pero en realidad es una muerte por accidente porque no era lo que realmente quería hacer. Para alguien que programa y consuma un suicidio, vivir le representa una angustia vitar, sufre mucho y para él es más fácil quitarse la vida».

Pese a estas explicaciones, el forense afirma que 30 años de profesión permiten acabar con cualquier elucubración en torno a la muerte autoinfligida. «Nunca he podido comprobar una incidencia lunar o estacional en torno al sucidio», afirma rotundo. «Sí que la mayor parte de los casos están relacionados con un cuadro depresivo y, si se indigada más a fondo, es muy probable que exista un fondo patológico o consumo de sustancias». En todo caso, considera «poco relevante» la incidencia de este tipo de muertes en el territorio que trabaja (León y Zamora), aunque comprende que a la ciencia le hipnotice el estudio del suicidio. «Todos los forenses, cuando empezamos en esto, sentimos curiosidad por analizar todo lo relacionado con el suicidio, pero, de verdad, no hay nada de nada».

En lo rural. Las únicas conclusiones objetivas en torno a este complicado fenómeno son las cifras manejadas por la Forensía. De las 478 autopsias que se efectuaron en León y Zamora, sólo 25 correspondieron a expedientes judiciales de suicidios registrados en la provincia leonesa. Factores socioculturales como la especial incidencia del entorno rural implican que el medio más utilizado sea el ahorcamiento, seguido de la precipitación o defenestración, más común en la ciudad.

Los suicidios y los intentos de suicidio, pese a no ser un problema de salud pública de primer orden en León, constituyen un área de especial preocupación para los equipos de salud mental, donde se tratan entre 900 y mil nuevos casos de depresión cada año, trastorno que se manifiesta en la mayoría de los suicidas. Hay que resaltar, no obstante, que la conducta suicida no es específica de este trastorno, ya que puede aparecer en otro tipo de desarreglos mentales o incluso en personas sin patología mental conocida.

En manos de los jueces. Una de las principales complicaciones que afrontan los siquiatras y sicólogos que integran las unidades de salud mental son precisamente los intentos de suicidio y los gestos autolíticos. El Anuario Estadístico de Castilla y León, con datos del 2006, revela que León era entonces la décima provincia de España y la primera de Castilla y León con mayor índice de suicidios por cada 100.00 habitantes. «Si es un intento, queda en manos de los siquiatras y si es un suicidio consumado, en las del juez», describe el forense Mariano de la Torre. «No existe suicidio hasta que no lo dice una sentencia judicial en firme», remata.

El suicidio es una conducta compleja en la que intervienen muchos factores y fases. «Primero hay una idea suicida, que es cuando el sujeto piensa en cometer el suicidio; después hay una fase de duda, donde la persona pasa de plantearse la idea a la acción para dar solución a sus problemas; y la última fase, en la que se toma la decisión», describe la sicóloga Esther Pérez, una de los cinco especialistas de León que ha sido formada para intervenir en crisis ante suicidas potenciales. «Es muy importante detectar en qué fase está la persona», explica.

Esta sicóloga opina que «la gente no busca activamente al muerte, sino que lo puede contemplar como una salida feliz a sus problemas». «Muchos de ellos -"añade-" tienen un plan muy elaborado y empiezan a hacer el testamento y otras cosas. Cuando después de una larga depresión llega una época de alivio hay que ponerse alerta».

El Teléfono de la Esperanza es una de las oenegés de voluntariado pionera en la promoción de la salud emocional y, especialmente, de las personas en situación de crisis individual, familiar o psico-social. Más de 2.000 leoneses llaman cada año al 987 87 60 06 para recibir apoyo emocional en momentos bajos, entre ellos suicidas potenciales que han dado marcha atrás en su decisión en el momento final.

Al otro lado del teléfono. Como el caso que relata Mercedes Martínez, presidenta y voluntaria de esta entidad. Un hombre desesperado porque su novia ha terminado la relación sentimental pretende precipitarse desde el puente de una autopista, pero antes de hacerlo hace una última llamada. Recurre al Teléfono de la Esperanza y anuncia a su interlocutora lo que está a punto de hacer. «Normalmente dicen que van a hacer un disparate o que son capaces de quitarse la vida, pero jamás pronuncian la palabra suicidio. Nosotros intentamos que lo verbalicen porque si dan nombre al suceso se escuchan a sí mismos y se dan cuenta de lo que pretenden hacer», explica. Los últimos meses han sido desbordantes. «Las hipotecas, el paro... han llevado a situaciones verdaderamente dramáticas, aunque la soledad y la incomunicación siguen siendo el principal problema de las personas».

Pese a que el suicidio empieza a ser una fuente de preocupación incluso para las autoridades europeas e internacionales, no todas las personas consultadas para este reportaje son partidarias de hablar abiertamente sobre el suicidio, casi todas bajo el argumento de que ocultar este tipo de información evitará una hipotética epidemia de suicidas potenciales. Esta teoría viene arrastrada desde que en el siglo XIX el sociólogo francés Émile Durkheim sentenciara que los suicidios son hechos sociales, es decir, fenómenos individuales que tienen su causa en la sociedad. De ese momento viene también el denominado efecto Werther -"de la obra de Goethe-", donde el comportamiento suicida difundido por medios masivos de comunicación sería imitado por los jóvenes.

Los medios de comunicación, en base a estas teorías, mantienen un pacto tácito para no difundir los suicidios con categoría de noticia, a excepción de lo que tengan especial relevancia pública. Pero, ¿realmente influyen los medios en la conducta de un suicida potencial? «Pueden hacerlo porque en teoría cuando una persona observa algo, incluso por escrito, puede aprenderlo y, en cuanto lo necesite, utilizarlo. Es lo que se llama aprendizaje por observación», explica Esther Fernández Fernández, del departamento de Psicología Social de la Universidad de León. Por esta razón que explica, «los medios nunca deberían publicar el procedimeinto de los suicidios ni dar modelos». «Otra cosa -"añade-" es analizar las estadísticas o hablar del suicidio como fenómeno, que puede ser incluso necesario». Desde su óptica, los medios de comunciación «hablan con más cuidado» de este tema y de una manera más responsable.

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La odisea de la Red. Pero todo el cuidado que están poniendo los medios de comunicación tradicionales se está quebrando en Internet. Docenas, centenares de web hablan sobre el suicidio e incorporan los métodos más delirantes para consumarlo, por lo que poco se puede hacer desde el ámbito local. La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa incidía recientemente en el peligro que supone la «mala utilización» de Internet, donde se encuentran estos espacios que hacen la apología del suicidio. Para prevenir esta situación entre los más jóvenes, la cámara invitaba a sus 47 Estados miembro a convertir este asunto en una prioridad política, a prevenir la violencia e intimidación escolar, a convertir el suicidio en una disciplina de estudio y a combatir el abuso de estupefacientes y alcohol entre los menores. Y respecto a la difusión del suicidio en los medios, la ponencia del informe es rotunda en su conclusión final: «Éste es un asunto tabú, en el que es preciso que la sociedad sepa escuchar y entender».