Los etarras muestran sus dos caras en la Audiencia Nacional
Txapote rechaza al tribunal mientras que Urrusolo asegura que la «lucha armada tenía que haber terminado hace tiempo»
El etarra Txapote se burla de Murillo al lanzarle un beso.
Separados sólo por 30 metros, pero en realidad estaban en las antípodas el uno del otro. La fortuna quiso que hoy en las salas de vistas de los sótanos de la Audiencia Nacional coincidieran dos iconos de dos ETA muy diferentes. El de la ETA más recalcitrante e irredenta, al que la perspectiva de las decenas de años de cárcel no parece hacer mella en su discurso radical. Y el de la otra ETA, al que la cúpula ha expulsado de la organización, que ya no duda en hacer públicas sus críticas a la banda y en la que el hastío ha podido al miedo por las represalias. El duro Txapote versus el arrepentido Urrusolo. El primero Francisco Javier García Gaztelu, 44 años, en la cárcel desde hace nueve y ex jefe militar de ETA. El segundo, Joseba Urrusolo Sistiaga, a punto de cumplir los 53 años, entre rejas desde hace más de trece y ex miembro de uno de los comandos más sanguinarios de la banda.
«Al carajo». Ayer, a falta de contertulia, Txapote la emprendió con la presidenta del tribunal a las primeras de cambio. Ángela Murillo, como es preceptivo, le preguntó si iba a responder a las preguntas del fiscal. La respuesta de Txapote, en euskera, fue un sonoro «al carajo». No quedó ahí. El etarra con burla le mandó un beso a Murillo. Txapote siguió haciendo gestos a sus letrados. Casi a la misma hora, en otra sala de vistas Urrusolo Sistiaga sí hacía por defenderse de las graves acusaciones que pesan contra él: 128 años de cárcel por un triple asesinato. A preguntas de su abogado, que a diferencia de los habituales de ETA sí participó activamente en el juicio, Urrusolo recordó que él abandonó ETA en 1994 y que desde entonces se ha «posicionado» a favor de que abandone las armas. «La lucha armada tenía que haber terminado hace tiempo», aseguró.