Zapatero llega al Debate del estado de la Nación en su peor momento político
La crisis y el Estatut se perfilan como ejes centrales de un duelo en el Congreso en el que el Partido Popular avisa de que su líder, Mariano Rajoy, «estará duro»

Jose Luis Rodríguez Zapatero, durante el Debate del estado de la Nación del año pasado.
No hay quinto malo, dicen los taurinos, pero para José Luis Rodríguez el vaticinio no se perfila tan optimista. El líder socialista se subirá por quinta vez desde el 2005 a la tribuna del Congreso para pasar el examen a su último año de gobierno y tiene razones para los nervios. Por primera vez, no va a encontrar el hombro amigo de ningún portavoz, el que menos leña le va a dar pedirá que haga las reformas pendientes, convoque elecciones y que se vaya. Y es que la hondura de la crisis y la tormenta desatada por el Estatut han engordado una factura muy difícil de pagar
Que va a ser un debate a cara de perro, quizás el que más de los últimos años, no cabe la menor duda. El portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, vaticinó ayer que «será duro» y desde el entorno de Mariano Rajoy se anticipó que el líder del PP «estará duro». Muy lejos queda aquel beatífico estreno de Zapatero en estas lides, allá por el 2001, cuando su aportación en el duelo con José María Aznar, para pasmo de éste, fue la propuesta de conmemorar el cuarto centenario del El Quijote y rendir un homenaje a la lengua española.
Terreno embarrado. No, ahora el cara a cara se juega en terreno embarrado y sin concesiones. El fair play ya no tiene cabida. Será además, con toda probabilidad, el penúltimo Debate sobre el estado de la Nación para uno de los dos -”el último será el del próximo año-”. El que pierda las elecciones generales del 2012, en el bien entendido de que ambos serán los candidatos, se irá a su casa, y los socialistas o los populares tendrán otro líder. Zapatero y Rajoy saben pues que se juegan mucho en el envite, el primero, dar la vuelta a la tortilla de las encuestas y recuperar crédito ciudadano, el segundo, demostrar que es una alternativa real y no sólo retórica para gobernar.
1397124194 Sin «ases en la manga». El jefe del Ejecutivo tiene un problema añadido en el páramo de alegrías que atraviesa y no es un inconveniente menor. No tiene ases en la manga que sacar; no tiene, por ejemplo, el cheque-bebé de 2.500 euros que colocó sobre la mesa hace tres años, tampoco puede vender esperanza para acabar con ETA, como hizo en el 2005 y el 2006, ni prometer ayudas para estimular el consumo, como los 500 euros para la compra de automóviles o los 5.000 millones del plan E para trabajos de infraestructura municipales que comprometió el año pasado. Pero si bien es cierto que no tendrá oportunidad de dar buenas noticias tampoco se prevé que dé malas. Es improbable que anuncie nuevas medidas de ajuste.