León pierde casi el 60% del valor añadido de las cortas de pinos
La mayor parte de la madera autóctona se transforma fuera de la provincia
Un trabajador de una cuadrilla en una corta de pinos en Lugeros en el año 2000.
El valor añadido de los bosques de la provincia escapa en los camiones que se llevan la madera fuera de los límites de León y de su economía. Las estadísticas de explotación forestal están entre las más altas dentro de la comunidad y del conjunto nacional, los ingresos procedentes de las cortas de pinos son altos por el elevado volumen de árboles talados, pero no van acompañados de las rentas que produciría la transformación de los troncos en productos maderables. León pierde aproximadamente el 60% del valor añadido de la madera que cada año sale de los bosques de la provincia. El agujero por el que se escapan las ganancias está en la debilidad de la industria transformadora de la madera. El tejido productivo de este sector no cuenta ni con el número de compañías ni con el con el potencial suficiente para absorber los recursos forestales de la provincia, que se exportan a los talleres de otras regiones. En el tejido empresarial de la madera en León priman los pequeños negocios que no tienen asalariados -generalmente autónomos-.
La mitad, sin asalariados. Según el Directorio Central de Empresas elaborado cada año por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la industria de madera cuenta en la provincia con 172 unidades de actividad económica local -sedes o centros de trabajo perteneciente a una única empresa-. No obstante, 79 de ellas, casi el 50%, no tienen ningún asalariado.
Según esta lista anual, cerrada a uno de enero de 2010, la actividad maderera goza de buena representación en la parte baja de la clasificación, donde se registran las que emplean a menos de 20 personas. Sin embargo, falla en el otro extremo de la clasificación donde se cuentan las que sobrepasan los veinte empleados. Sólo cuatro unidades locales superan la veintena de trabajadores, de la cuales tres tienen entre 20 y 49 empleados y sólo una sobrepasa el centenar. Mientras que León deja en blanco la celda donde se anotan el número de negocios de entre 50 y 100 asalariados.
La fibra del tejido empresarial de la madera en León también es mucho más débil que la de otras provincias con cifras similares de explotación forestal. Dentro de la comunidad, en Burgos son diez las empresas que tienen más de 20 empleados (ocho de entre 20 y 49, una entre 50 y 100; y una de más de cien), Segovia tiene siete, dos más que León y Soria tiene cinco, uno más.
Fuera de los limites autonómicos, destaca la diferencia con la provincia de Barcelona que tiene volúmenes de explotación forestal similares a los de León, pero acapara buena parte de la industria con casi 1.500 unidades locales; de Girona, donde hay 524 centros de trabajo; o de Extremadura, con 460 unidades.
Economía desarraigada. El plan forestal de la Junta de Castilla y León apunta que son tres las funciones de los montes: la social, la ecológica y la económica. En la última función, la Junta señala que los montes son una «fuente de recursos y yacimiento de empleos de gran importancia en el medio rural». León ocupa un lugar destacado dentro de la tercera función, pero sólo generando recursos. El empleo y el valor añadido de los pinos de León, como si andaran, abandonan la provincia.