Diario de León

Una bomba dejó de nuevo el sello terrorista en el 2004 en una cafetería del centro

La cafetería Lleras también sufrió el golpe de ETA.

La cafetería Lleras también sufrió el golpe de ETA.

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a. g. | león
León

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Un nuevo atentado de ETA sacudió León el seis de diciembre del 2004. No hubo víctimas mortales, pero en la memoria de todos aún estaba el asesinato del comandante Cortizo en la calle Ramón y Cajal de la capital leonesa nueve años antes.

El lugar elegido por la banda terrorista para dejar una vez más su huella fue la cafetería Lleras 38, en la plaza de la Pícara Justina, el día de la fiesta de la democracia. Fue parte de una cadena de atentados en varias ciudades -”Ávila, Valladolid, Ciudad Real, Santillana del Mar, Málaga, Alicante y León-” que causaron diversos destrozos en varios locales públicos, pero en los que no hubo que lamentar la pérdida de vidas, aunque se registraron trece heridos leves.

Era la festividad de la Constitución cuando un tremendo impacto reventó los cristales de este establecimiento, que había sido desalojado media hora antes, lo que no impidió los graves destrozos que dejó el estallido y el susto de clientes y viandantes. Y por supuesto, el del dueño del local, José Huertas, que apenas una hora y media antes había acudido al trabajo pensando que sería un día más.

El artefacto estaba colocado en un altillo del lavabo de caballeros de la cafetería y contenía entre 300 y 500 gramos de explosivos.

Quedó sólo en un susto, pero dejaba claro que ETA visitaba León por segunda vez. Sin embargo, la gran afluencia de clientes del local impidió que ninguno de ellos pudiese dar a la policía ninguna pista sobre los terroristas que, una vez más, dejaban aquí su huella.

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