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Los cuatro encerrados, en el transcurso de la primera jornada de su iniciativa, tratando de entreten

Los cuatro encerrados, en el transcurso de la primera jornada de su iniciativa, tratando de entreten

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MANUEL FÉLIX | PONFERRADA
Ponferrada

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Los mineros han decidido ir a por todas. Han emprendido una huelga de hambre. No comen, sólo se hidratan con bebida y duermen en la calle. Crearon en Ponferrada un campamento improvisado con tiendas de campaña -"atornilladas al cemento con taladros-" y las han plantado frente a las oficinas de los empresarios del carbón Victorino Alonso (en la calle Álvaro de Mendaña) y Manuel Lamelas Viloria (junto a la plaza de Lazúrtegui). Los mismos que les adeudan las nóminas de julio y agosto. Pero esta movilización va más allá y tiene por objeto obtener garantías políticas y administrativas de que el carbón nacional que sacan de la mina se quemará en las térmicas para producir electricidad. Es el futuro de las cuencas, de sus trabajadores y de sus habitantes.

Los mineros en huelga de hambre frente a las oficinas de Victorino son cuatro. Uno es Miguel Ángel Menéndez (UGT), perteneciente a la empresa Hijos de Baldomero García. Tiene 37 años y lleva desde los 17 en la mina. Está casado y tiene dos hijos de 7 y 13 años. Es corpulento, su espalda es ancha como un armario y lo tiene claro: «Soy de comer y para mí, ponerme en huelga de hambre va a ser jodido; pero estamos aquí porque es lo único que nos queda, porque nos apoya la familia y vamos adelante con todas las consecuencias, aunque mis hijos no saben nada porque queremos que no sufran. Sólo pedimos la estabilidad del sector, trabajar».

« Ella lo pasa peor que yo». José Luis Álvarez (USO) es otro de los que ha decidido pasar hambre como protesta. Tiene 38 años, 15 de ellos arrancando carbón. Pertenece a la empresa Coto Minero Cantábrico, es de Villablino, está casado y es padre de dos niños muy pequeños: uno de tres años y otro de apenas seis meses. «Va a ser duro, -"confiesa-", pero estoy aquí con mucho ánimo. Sé que nos jugamos mucho, pero es nuestro futuro. Seguiré hasta que aguante el cuerpo, aunque lo peor es mi mujer; ella lo pasa peor que yo, aunque sabe lo que hay, porque no nos queda otra. Es triste esta situación, pero no nos queda otra».

Un tercer minero acampado en huelga de hambre es Severino Álvarez. Pertenece a la Asociación de Vigilantes, tiene 40 años y lleva más de media vida, 22, trabajando en la mina. Está casado y es padre de un niño de 7 años. En casa ven muy dolorosa esta situación: «Mi mujer me dice que estoy loco, pero entiende lo que pasa y me da todo su apoyo. El niño hemos decidido mantenerlo al margen y mejor que no se entere, aunque va a ser difícil». Asegura que esta drástica protesta la afronta «con la moral muy alta y con el apoyo de mi familia». Recalca que es una de las situaciones más difíciles a las que se ha enfrentado, el tener que pasar hambre por una nómina y por la minería: «Nunca he pasado hambre, pero sé que esto es por una causa bien justificada, y estaré así hasta que aguante y se solucione el problema gordo que tenemos; un problema que no sólo es nuestro sino de toda la comarca, de toda la provincia».

El cuarto minero en huelga de hambre y acampado en la calle en tienda de campaña es Jorge Vega Díez (CC. OO.). Trabaja para Victorino en Coto Minero Cantábrico, tiene 41 años de edad, 20 de ellos de laboreo en la mina. Estuvo casado y tiene un hijo de 16 años. «Mi hijo me dice que no le gusta esta protesta. Nunca he estado en huelga de hambre y no sé lo que es, y el que tengamos que recurrir a esto ya lo quiere decir todo; esto es lo más duro y vamos a por todas». Añade que no están así sólo porque les paguen las nóminas que les deben: «Estamos hartos de que nos usen como monedas de cambio. Si cierran las minas se va todo al garete, hay que defender esto como sea. Es nuestro futuro y el de los que vienen detrás, porque la reindustrialización no ha cuajado».

A primera hora de la mañana un médico les pasó reconocimiento y durante todo el día han tenido la visita de sindicalistas, amigos y mineros. El Ayuntamiento de Ponferrada les ha brindado su ayuda y les ha colocado un toldo que atraviesa la calle y cubre su tienda de campana de 28 metros cuadrados. También les ha instalado luz eléctrica y al cierre de esta edición les colocaba unos retretes portátiles para que no usaran los de las cafeterías próximas.

Junto a la plaza de Lazúrtegui, frente al número 2 de la avenida Gómez Núñez, se plantaron con dos tiendas de campaña otros cuatro mineros. Éstos con trabajadores de Lamelas Viloria y de momento han decidido sólo dormir en la calle sin ir a la huelga de hambre. Son Francisco López Mateo, de 36 años, con 20 de mina y con tres hijos de 3, 13 y 17 años. El más joven es Alberto Martínez, de 25 años, con dos años de mina. Vive con sus padres en Las Ventas de Albares y dice que es «triste» llegar a esto. Un tercer movilizado es Juan Carlos Rodrígues da Costa, de 36 años y 19 de mina en Uminsa, en Brañuelas. Está soltero y dice que es de las movilizaciones «más fastidiadas» que ha vivido. El cuarto es Senén Fernández, de 40 años, casado y con dos hijos de 10 y 11 años.

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