Cuerpo a cuerpo el primer día
El PP hurga en el pasado del vicepresidente Rubalcaba y asegura que es «el representante del felipismo, hundido por la corrupción y los crímenes de Estado»
Alfredo Pérez Rubalcaba, como era de esperar, se ha convertido en el objetivo número uno de los ataques del PP y en la pieza a batir para gripar al nuevo Gobierno e impedir que los socialistas remonten en las encuestas. El principal partido de la oposición no tiene dudas de que el también titular de Interior es la gran apuesta política de Zapatero, el hombre clave del nuevo Ejecutivo, y en consecuencia ha decido someter al número dos del Gobierno a un marcaje parlamentario implacable cada semana para desgastar su imagen y credibilidad.
Los populares no se ocultan y ayer, en el primer pleno de control del nuevo Ejecutivo, pusieron las cartas sobre la mesa. Rubalcaba, cada miércoles, se enfrentará a las cargas políticas de la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, y a los ataques y descalificaciones de los diputados especializados en asuntos de Interior. Mariano Rajoy, en sintonía con la estrategia, planteó un debate de bajo perfil con Zapatero y cedió todo el protagonismo y colocó los focos del pleno en el acoso posterior de sus diputados al vicepresidente.
Sáenz de Santamaría, como hizo ayer en el primer y esperado cara a cara con Rubalcaba, transmitió el mensaje de que el vicepresidente encarna «más de lo mismo» -”«mismas políticas, mismos fracasos»-” y que su nombramiento sólo busca vender humo y ocultar una tasa de paro abrumadora y los profundos recortes sociales. Los portavoces de Interior, en esta ocasión Rafael Hernando e Ignacio Gil Lázaro, desenterraron su pasado político e identificaron al vicepresidente como el rey de «las cloacas del Estado», el ministro del GAL y del chivatazo a ETA, y el jefe de policía política que persigue al PP y se niega a investigar al comisario que habría ayudado a los imputados en la operación Malaya. Para el partido opositor, Rubalcaba no es más que un «anacronismo» de los gobiernos de Felipe González al que, según el vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, recordarán cada siete días que «es mortal».
Rubalcaba, no obstante, como demostró ayer, no es pieza fácil. Sentado a la izquierda de Zapatero, aguantó -”en apariencia sin inmutarse-” la catarata de golpes dialécticos y descalificaciones, y luego contraatacó. Amplió la lista de etiquetas con la comenzó a definir el viernes al partido opositor desde su recién estrenado puesto de portavoz gubernamental -”a los epítetos de machista y vago añadió ayer el de «profundamente antisocial»-” y conminó a Rajoy a reflexionar sobre si una formación que aspira a gobernar puede utilizar «una táctica de delincuentes» como es «atacar a la Policía y a las instituciones del Estado de Derecho» para «defender a los presuntos corruptos» que hay en sus filas. Al presidente del Gobierno, que le acompañó en el banco azul hasta que terminó el duelo, comentó que Rubalcaba estuvo «muy bien», aunque calificó de «muy clara» la estrategia del PP contra su mano derecha.
El número dos del Ejecutivo escuchó como Sáenz de Santamaría decía que al vicepresidente «le han encargado explicar mejor lo mal que gobierna Zapatero» y que, haciendo chanzas con su titulación universitaria, añadía que «hace falta más que química para convertir la mentira en verdad». No obstante, los ataques más duros fueron los de Hernando, quien le dijo que «tapó los GAL y pagó el silencio de Amedo».