El espinoso estreno de la canciller
Una tradición no escrita señala que cada vez que hay un cambio de ministros de Exteriores en España o Marruecos, el canciller más veterano visita al recién llegado. El marroquí Taib Fassi Fihri se desplazó ayer a Madrid para dar la bienvenida a Jiménez. La visita, lejos de convertirse en el debut soñado por la flamante jefa de la diplomacia, se tornó, por momentos, en un mal trago. Y es que su invitado en el Palacio de Viana se dedicó a repartir estopa a la prensa española. Jiménez, que por momentos se convirtió en convidada de piedra, se limitó a fruncir el ceño en varias ocasiones y a mantener el tipo y el guión de las «excelentes relaciones» entre Marruecos y España. Nada de terrenos pantanosos. Eludió responder a si había solicitado a su homólogo que Marruecos permita a los periodistas españoles visitar el campamento de jaimas, pero tampoco cayó en la trampa de contestar a la pregunta de un periodista de la agencia oficial de noticas marroquí sobre el encarcelamiento en Tinduf de un presunto ex activista que habría criticado la actual política del Frente Polisario.
Entre Jiménez y Fassi Fihri sí pareció surgir la química. Sonrisas en la sesión fotográfica y palabras de reconocimiento mutuo. Los dos ministros se conocían de antes por haber coincidido en algún foro. Lo más importante fue el gesto del canciller marroquí, quien anunció que el embajador de su país en España llegará a finales de mes o en diciembre tras meses de vacío.